España

Corbacho abre la espita en Moncloa

  • La próxima salida del ministro de Trabajo para engrosar la candidatura del PSC es el principio de una futura remodelación del Ejecutivo más profunda que pasaría, esta vez sí, por la marcha de De la Vega

La marcha del ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, a la política catalana para integrarse en las candidaturas que el PSC presentará en las próximas elecciones autonómicas, fija el calado mínimo de la remodelación ministerial que prepara el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para después de la huelga general del 29 de septiembre, más allá de las primarias en el PSM.

Antes de las vacaciones, Rodríguez Zapatero abortó una crisis de Gobierno cuando se filtró en varios medios que ésta se extendería al PSOE, con Leire Pajín, secretaria federal de Organización, como principal perjudicada en beneficio de Elena Valenciano, secretaria federal de Política Internacional.

En esta remodelación ministerial frustrada, Corbacho era ya de la partida de los sacrificados. Los altos índices de paro y, sobre todo, la convocatoria de una huelga general por parte de UGT y CCOO como consecuencia de una reforma laboral que defendió siempre con poca convicción -la letra y la música de la misma siempre fueron la vicepresidenta económica, Elena Salgado, y del equipo económico de Moncloa-, aconsejaban su marcha del Gobierno.

Ahora, ante la inminencia de una crisis de gobierno, Rodríguez Zapatero y el líder del PSC, José Montilla, le han buscado una salida airosa. Quemado por los datos del paro que le martirizaban -los recibía a diario por SMS, según confesó en una entrevista con el Grupo Joly-, Corbacho cambia de frente político y acude a la batalla política de Cataluña, donde CiU aventaja en doce puntos al PSC. Y lo hace para reforzar el voto PSOE -es decir, el socialista pero sin el componente nacionalista-, que representa, ni más ni menos, que el 80% del voto del PSC.

Si Corbacho representa la expresión mínima de la crisis ministerial que se avecina, las primarias en el PSM entre la ministra de Sanidad y Consumo, Trinidad Jiménez, y el secretario de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, fijan la fecha -se celebrarán el 3 octubre- a partir de la que Rodríguez Zapatero la llevará a cabo. Además, el resultado de la contienda madrileña condicionará muy mucho el calado de la remodelación ministerial. De entrada, el presidente del Gobierno tendría que mantener a Jiménez si cae derrotada y, por tanto, debería replantearse la creación del macroministerio ad hoc para Manuel Chaves, con todas las competencias transferidas a las comunidades autónomas.

Asimismo, las primarias socialistas de Madrid representan el escollo interno más serio al que se ha enfrentado Rodríguez Zapatero desde que llegara a la secretaría general del PSOE en 2000. Una victoria de Gómez, que se ha convertido en todo un banderín de enganche del antizapaterismo soterrado que hay en las filas socialistas -en Andalucía, por ejemplo, las direcciones de Cádiz y Almería, las más críticas con Griñán, están a la expectativa-, le debilitaría interna y externamente, pondría en serio peligro los planes sucesorios y renovadores -no se presentará a las elecciones de 2012- que tiene para finales de 2011 y tendría una incidencia indudable sobre lo que resta de legislatura. Y eso que parlamentariamente parece haber evitado, gracias al PNV, un adelanto electoral que hubiera llevado al PP a reeditar la mayoría absoluta que logró José María Aznar en 2000.

En cualquier caso, a la espera de las primarias madrileñas, el gran calado de la crisis de gobierno pasa por la continuidad o no de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. Algunos de sus colaboradores comentan que no es la primera vez que entra en las quinielas y restan credibilidad a su destitución. Pero, en esta ocasión, su salida del Gobierno parece que va más en serio. La pérdida de la coordinación del Gobierno, coincidiendo con la llegada al mismo del vicesecretario general del PSOE, José Blanco, y del presidente, Manuel Chaves, y la omnipresencia de la vicepresidenta económica, le han dejado un papel residual. La vacante existente en el Consejo de Estado parece un merecido destino para una vicepresidenta que en todas las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas ha estado por encima de la media del resto del Gobierno.

La vicepresidencia primera recaería en el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, o en el propio Blanco, que últimamente se ha puesto en manos de un reputado oftalmólogo para ver con más claridad su futuro político. La ministra de Defensa, Carme Chacón, la tapada desde el arranque de la legislatura, también cuenta con opciones de relevar a De la Vega.

Sea quien fuere, el nombramiento tendría su miga sucesoria, sin ningún género de duda

En cuanto al resto de ministros andaluces, Chaves estaría destinado a un macroministerio con Empleo, Administraciones Públicas y resto de las materias transferidas a las comunidades autónomas. Miguel Ángel Moratinos seguiría en Asuntos Exteriores después de zanjar ayer el debate sobre su candidatura a la Alcaldía de Córdoba y Bibiana Aído, salvo que Rodríguez Zapatero apueste por un Gabinete muy reducido, continuaría en el Gobierno.

En el banquillo de posibles ministrables están el secretario de Estado de Cooperación Territorial y secretario federal de Política Autonómica e Institucional, Gaspar Zarrías, que ha sonado como sustituto de Elena Espinosa en Medio Ambiente, Medio rural y marino y el diplomático y secretario general de la Presidencia del Gobierno, Bernardino León, que ha hecho méritos suficientes para sustituir a Moratinos.

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