Pedro Ruiz | Actor, escritor, humorista y ‘showman’ televisivo “En la televisión de hoy hay una estridencia terrible”

Pedro Ruiz. Pedro Ruiz.

Pedro Ruiz. / Lourdes de Vicente

Pedro Ruiz (Barcelona, 1947) fue durante tres décadas uno de los rostros más populares de la televisión. Inventó en los 70 Estudio Estadio, que cambiaría la forma de ofrecer la información del fútbol en televisión; en los 80, acompañado de Coll y Ana Obregón, firmó un programa muy personal llamado Como Pedro por su casa; y en los 90, tras otras experiencias, se mantuvo durante seis temporadas en antena en La 2 con La noche abierta. Nunca ha dejado el teatro y ha publicado numerosos libros.

–¿Está retirado?

–Estoy en activo, pero me quieren retirar, soy un personaje incómodo, el top manta de la tele, no me protege nadie. Para estar en televisión hay que pertenecer a un grupo. Ser libre tiene un precio y el hombre libre siempre está solo. He propuesto recuperar La noche abierta en TVE, pero ni me han contestado. Hace quince años que intento regresar a la televisión pública. No les intereso.

–¿Por algún motivo en concreto?

–Hay un absoluto control político sobre creativos y autores, los pinganillos son los nuevos censores. Todo parece muy espontáneo, pero nadie sale en la pantalla sin que se sepa qué es lo que se va a contar. Esto no es una democracia, es una parodia de la democracia.

–Pues, aparentemente, hay programas transgresores.

–Ya, transgresión con posicionamiento de parte que no se sale ni un poco de su lecho de confort.

–Quizá se sienta más identificado con la transgresión de humoristas de otro tiempo. Pienso en Tip, en Gila...

–Y Mihura y Jardiel. Todos ellos tenían el pesimismo que acompaña a los humoristas. El buen humorista baja a lo más profundo, ve lo que hay y rebota. Todos ellos eran oscuros y profundos. Como Woody Allen, o el mismo Buster Keaton. Yo, como pesimista vitalista, sí, me identifico mucho más con ellos que quien hace humor con el miedo a perder el puesto.

–Figúrese a todos ellos enfrentados a las redes sociales en nuestros días. A saber qué les dirían.

–Es la nueva dictadura. No he encendido un ordenador en mi vida, escribo a mano y tengo un móvil sin Whatssap. Hablaban de la vanidad de los artistas, pero ahora vivimos supeditados a la nueva vanidad anónima.

–Existe la impresión de que el humor a día de hoy tiene cierto riesgo. Hasta Campofrío basó su anuncio navideño en esa autocensura de lo correcto.

–Como se ha bajado tanto el nivel de la gran libertad, se exagera la pequeña libertad. El humor es la forma menos suicida de decir las cosas y sí, ya dice mucho de cómo estamos que un comercio de chistes políticos sea noticia, pero también le digo que muchos de los que salen en ese anuncio no siempre han defendido la libertad de expresión en sus trabajos.

–¿Sigue la televisión que se hace ahora?

–Lo veo todo.

–¿Y?

–Han encontrado la fórmula mágica. Ponen a cinco personas discutiendo cinco horas. El espectáculo no puede ser más barato. Esto te vale para el deporte, para los cotilleos, para la política. Lo que ellos llaman formato, que es una palabra horrible, es siempre el mismo. Una gran porción de la programación de la televisión se basa en la tensión y la dispersión. Es una estridencia terrible.

–¿Qué tipo de televisión haría usted?

–Si volviera a la televisión haría un programa de la concordia. Sería otro tipo de espectáculo en el que imperara el buen rollo. Sería un programa en que no quisiera convencer sino jugar justo a lo contrario, encontrar los puntos de coincidencia entre dos ideas enfrentadas. Eso haría mucho bien tal y como está el país.

–Con lo que le ha gustado a usted la polémica...

–Pues estoy en un momento de mi vida en que estoy convencido de que lo que tenemos que hacer es acercar a la gente. Mire, yo no he votado en mi vida, sospecho de hasta mí mismo, pero tengo la suficiente experiencia para darme cuenta de que, por ejemplo, en Cataluña un millón de personas no va a convencer al otro millón. Entonces esto tiene que solucionarse hablando.

–Empezó en la radio...

–Con 16 años en Radio Juventud haciendo el aullido del lobo.

–Pero la popularidad se la dio el fútbol. Usted inventó Estudio Estadio.

–Y ahí sigue el nombre. No me interesaba especialmente el fútbol, pero hablaba de fútbol porque en tiempos de Franco era lo único que se podía hacer en lo que te podías meter con alguien, la mayor parte de las veces con el árbitro.

–Algo de Franco sí que decía usted.

–Yo imitaba a Franco con Franco vivo. El 11 de marzo del 74, en el Club Siglo XXI, imité a Franco delante de Arias Navarro.

–Por eso le quitaron de Estudio Estadio.

–No, me quitaron los del Opus. Decían que no era posible que hiciera teatro y televisión al mismo tiempo. Fíjate ahora.

–El programa que más éxito tiene en los últimos fines de año son recortes del pasado. Nostalgia de la televisión de antes.

–Eso es grande. No sólo ese. Te hacen un Viaje al centro de la tele, cogen el trabajo que tú hiciste sin decirte nada y se cuelgan la medalla de la audiencia.

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