Henry Kamen | Historiador e hispanista “La región siempre ha sido el problema de la realidad de España”

Henry Kamen. Henry Kamen.

Henry Kamen.

Historiador de nacionalidad británica especializado en Europa, Henry Kamen (Rangún, Birmania, 1936) lleva estudiando España, país en el que vive desde hace más de 30 años, desde la década de los 60 del siglo pasado. Autor de una treintena de libros, estudia la realidad española desde Cataluña. Acaba de publicar el ensayo La invención de España (Espasa, 2020).

–¿Después de tantos años investigando, le sigue pareciendo atractiva la Historia de España?

–Hombre, llevo tanto tiempo investigando, al igual que otros, que es como si preguntara que si sigo queriendo a mi esposa después de tantos años casados. Sigo en la misma línea, investigando temas de interés, y no sólo de España, mi especialidad es Europa

–Su último libro, La invención de España (Espasa, 2020), está centrado en la génesis del país. ¿Por qué eligió algo tan concreto?

–Es una pregunta muy compleja. Tengo más de 30 libros y es imposible explicar por qué escribí cada uno. Es una extensión de todos mis estudios. Es un ensayo que me pidieron que hiciera. He hecho una reflexión sobre lo complicado que es entender qué piensan los españoles de su propio país.

–¿Porque no hay una idea única o porque los españoles no se interesan por su historia?

–Porque los mismos españoles se niegan a llegar a un acuerdo sobre las formas básicas y esenciales de su propio país. Por ejemplo, donde yo vivo en España [Cataluña], la referencia normal es “el Estado español”. No aceptan la existencia de España. De la misma manera, en otras partes de España no dan importancia a la totalidad del país. Prestan mucha más atención al carácter local. Casi no aceptan la realidad de España como un tema al que la población debería dedicarse.

–¿Cree que eso también ocurre en Andalucía?

–Sí, bastante más. Porque... A ver, para enfocarlo de otra manera. ¿Cuántos andaluces entre los intelectuales han escrito estudios sobre la historia de España o sobre las características del país? Es difícil citar andaluces importantes que hayan escrito de España, porque se pierden en lo interesante que es la región y pierden de vista lo importante que es la totalidad del país.

–Le preguntaba por ello porque pienso que en Andalucía somos demasiado localistas, ¿no?

–Sí, es cierto. Pero no sólo en Andalucía. En muchos otros rincones de España hay una atención que hay que elogiar, porque es importante dedicarse a la evolución de la región. Pero la región siempre ha sido el problema de la realidad de España. Se le dedica demasiada atención. También ocurre en Madrid. Dedicarse a ciertos símbolos como el toro, las corridas, algunas comidas, como la paella u otras, no es España.

–¿Son tópicos?

–Bueno, son símbolos del carácter de la región. Y son muy importantes. Pero no por eso tendríamos que perder de vista la totalidad. Sobre todo en tiempos de crisis, como los que vivimos ahora.

–Este problema identidad de lo que es la nación, ¿dónde cree que tiene su origen?

–El problema se encuentra en todos los países, con distinta intensidad. El fracaso de España para llegar a un acuerdo sobre qué es lo que tienen en común, lo sitúa entre los pocos países, porque hay otros, que dejan de ostentar las características de ser una nación. Por eso hay tanto debate sobre la palabra nación. Porque España es una nación pero tampoco es una nación. Hay contradicciones y los responsables de las conciencias son los mismos españoles a lo largo de su historia.

"El énfasis dado a las autonomías complica la identidad nacional, porque divide más el cuerpo político"

–¿Eso es más grave en la actualidad? ¿El reconocimiento de la identidad como nación está ahora en un momento álgido?

–Es bastante más complicado, en parte, por haber dado énfasis a las autonomías. Al insistir en la división del cuerpo político, que es lo que hacen las autonomías. Porque los cuerpos políticos tienen su historia y su carácter. Y no quieren perder, sobre todo Cataluña y el País Vasco, lo que han ganado dentro de una entidad que nunca, nunca, ha tenido éxito en el momento de afirmarse.

–¿Diría que el nacionalismo es el gran problema que tiene España?

–Es difícil de definir, porque todo depende de qué quiere decir con nacionalismo. Si nacionalismo es la afirmación de las características de la región, es una cosa totalmente normal y puede convivir con la realidad de un Estado central. En cambio, si el nacionalismo subraya la necesidad de separarse del resto de la familia, entonces eso es un peligro. Y es artificial. Por ejemplo, en Cataluña, la mayoría de la gente es nacionalista pero no es separatista.

–¿Cuánto le ha influido la situación de Cataluña de los últimos años al escribir este ensayo?

–Bastante. Pero tampoco doy mucha importancia a la evolución sentimental o histórica de Cataluña. Porque lo que me interesa dentro del debate sobre el nacionalismo son las distorsiones. Iba a decir mentiras.

–Dígalo. Son mentiras.

–Son mentiras históricas que algunos inventan para insistir en lo que quieren. Sobre qué pasó en el siglo XVII. Una mentira que siguen repitiendo ahora mismo donde vivo es que la mayoría de los catalanes son separatistas, aunque sí sean nacionalistas. Y opino lo mismo de la mayoría de los vascos. La palabra nacionalista hay que manejarla con cuidado. El nacionalismo no es una amenaza a la realidad del país.

–¿No suscribe que España se rompe, entonces?

–España no se rompe porque quienes aceptan las características que comparten los españoles rechazarán los que unos cuantos, siempre una minoría, quieren exagerar para conseguir sus objetivos.

–¿Hay más exageraciones, incluso mentiras, entre quienes defienden a macha martillo la idea de una España única o quienes piden la independencia?

–Lo que pasa al emplear un lenguaje agresivo es que provoca una reacción de los demás. He visto que el ambiente en ciertos sectores de Madrid se pone hostil, no porque lo sean, sino porque reaccionan contra otras afirmaciones que ellos no pueden aceptar. Cada agresión provoca otra. Ése es parte del problema que algunos tienen que resolver si quieren salir de esta crisis.

–Ortega dijo que éste es un problema con el que habría que convivir porque es irresoluble. ¿Lo comparte o cree que hay salida?

–Ortega tenía cierta razón en un cierto sentido. Más que aceptar, hay que trabajar para solucionar aspectos del conflicto.

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