Álvaro Bilbao | Divulgador "Es hora de devolver a los niños toda su generosidad"

Álvaro Bilbao Álvaro Bilbao

Álvaro Bilbao / M. G.

Doctor en Psicología y reconocido divulgador, Álvaro Bilbao se ha formado como neuropsicólogo en el Hospital Johns Hopkins y el Kennedy Krieger Institute. Ha colaborado con la OMS y sus investigaciones le han valido varios premios en el área de la psicología y la neurociencia. Padre de tres hijos y autor del best seller El cerebro del niño explicado a los padres (2015), trabaja aplicando sus conocimientos sobre el cerebro en la rehabilitación intelectual de personas con daño cerebral y como psicoterapeuta.

–Usted asegura que se puede educar sin castigos. ¿Cuál es la clave?

–Lo primero es comprender lo que el niño puede hacer y lo que no. Padres de niños de 2 años me dicen que les castigan porque no obedece a la primera. Eso es algo inalcanzable. Hay que entender lo que el niño necesita, por qué hace las cosas, si lo que le estamos pidiendo es realizable para su edad o no. Un segundo punto es la empatía, que el niño se sienta entendido cuando está enfadado o frustrado. La gran mayoría de comportamientos que consideramos negativos o malos tienen que ver con que el niño no es comprendido: hace algo mal porque quiere llamar nuestra atención o necesita cariño y no lo hace de una forma adecuada. Es muy importante acompañar al niño, estar muy atentos para poner límites: si un niño pega a su hermanito y a la primera o la segunda vez le frenamos, lo va a dejar de hacer; de lo contrario, lo cogerá como un hábito y será más difícil cambiarlo. Y reemplazar en algunos casos ese castigo por un refuerzo, un reconocimiento cuando lo hace bien. Ésa es la puerta de entrada para que el niño empiece a cambiar de comportamiento. Son ideas fáciles pero hay que tener la técnica dominada.

–¿Cómo pueden las familias ayudar a los niños a desarrollar esa parte de la inteligencia que no depende de los genes?

–Tenemos que ser un ejemplo. Venimos de fábrica con una genética pero, según el entorno, vamos a modelarnos. Para ser buen ejemplo hay que saber hacer un trabajo de crecimiento personal y aprendizaje. Muchas veces nos cuesta enfrentarnos a los niños porque nos enfrentamos a nosotros mismos, a la dificultad para tolerar nuestra frustración, para controlar el genio, para ponernos en el lugar del otro. Es una oportunidad muy buena para aprender. Por eso siempre invito a los padres a que aprendan a educar en positivo, porque es una manera de conocerse, de comprender sus carencias y, en la medida en que reparan o actúan de manera positiva con los hijos, reparan esos problemas o dificultades de su infancia.

–El estado de alarma hizo que los niños pasasen más tiempo ante las pantallas. ¿Qué consecuencias tiene?

–Yo soy un gran defensor de que los niños, cuanto menos tiempo delante de las pantallas, mejor. Es verdad que ha habido situaciones en las que ha sido muy difícil evitarlo porque los padres estaban teletrabajando. A más tiempo ante la pantalla se reduce la velocidad de procesamiento de la información y la memoria de trabajo, y se desarrollan menos algunas capacidades cognitivas. Sin embargo, vivimos unos tiempos muy difíciles y particulares y teníamos que ser más flexibles. Ahora bien, estamos empezando la normalidad, los niños van a la escuela y hay que volver a restringir el uso de las pantallas para que tengan un tiempo justo de exposición.

–¿Han sido los niños los grandes olvidados desde que comenzó la pandemia?

–Hemos sido muy restrictivos con ellos. Es una pena que las personas con mascotas pudieran pasearlas y se tardase tanto para que los padres pudiesen salir con sus hijos. Se podrían haber buscado alternativas. Pero, por otra parte, para mis hijos el mejor regalo fue poder volver a ver y abrazar a sus abuelos con seguridad. Se han primado otras cosas importantes: la economía, la seguridad... Los niños han sido supergenerosos y es la hora de devolverles esa generosidad que han tenido.

–¿Qué opinión tiene sobre cómo se ha gestionado la vuelta a la escuela? ¿Qué le parece el cole on line?

–Hay que ser muy cautos porque estamos viviendo una situación excepcional. Me ha sorprendido que la vuelta al cole se gestionase de una forma muy rápida, en las últimas semanas, entiendo que por cuestiones sanitarias. Los niños están siendo muy responsables y, una vez más, nos están dando una lección en el sentido de que son mucho más capaces de protegerse y cuidarse: niños muy pequeños pasan la mañana en el colegio con la mascarilla. Enseguida se hacen con las nuevas realidades. Por otro lado, soy muy partidario de que poco tiempo on line y mucho off line pero, si nos vuelven a confinar, es importante que los niños tengan bien estructurado un sistema en el que puedan ver al profesor. No es lo mismo interaccionar con la pantalla de un videojuego a hacerlo con una pantalla en la que hay una persona. Con los más pequeños no se debe abusar: mejor poco tiempo y en grupos reducidos. Pero cuando son mayores el profesor tiene que estar muy presente en el hogar de los niños puesto que es esencial para que aprendan, sigan el ritmo del curso y reciban esa estimulación fundamental para su desarrollo.

–En otro posible confinamiento, ¿qué cambiaría respecto a la infancia?

–Pediría que los padres tuvieran la posibilidad de salir a los niños a la calle de una manera ordenada y controlada, quizás no todos los días, quizás sin parques, pero como mínimo que fuera como el principio de la desescalada para que la libertad de los niños y su derecho a moverse, a correr, se conservara un poquito más.

–¿Qué consejos daría a las familias que se sienten culpables por falta de tiempo?

–El sentimiento de culpa es muy normal. Todos lo hacemos lo mejor que podemos dadas las circunstancias. Cualquier padre o madre que no pueda dar todo ese tiempo a su hijo porque esté trabajando para llevar comida a casa tiene que sentirse orgulloso de estar cuidándolo de una manera muy importante, que es la de dar seguridad, cobijo, techo. La teoría es muy bonita, los padres deberíamos estar todo el día con los niños, pero la práctica es que hace falta trabajar, así que hay que conciliar. Tanto el Gobierno como las empresas todavía tienen que hacer esfuerzos para que la conciliación se centre más en las necesidades de los niños. Aún así, esta pandemia ha llegado en un momento en el que afortunadamente se ha avanzado mucho y tenemos tecnología a nuestro alcance. Si esto hubiera ocurrido hace 10 o 15 años habría sido mucho más difícil.

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