Juan Bernabé. Cetrero y entrenador del águila del Benfica

“Limpié de palomas el Alcázar en la boda de la infanta Elena”

  • “A mí me hizo cetrero Félix Rodríguez de la Fuente”, dice Juan Bernabé, para explicar como llegó a serlo alguien nacido en Cádiz, en la Alameda. Criado en una familia de “locos de los pájaros”, los fines de semana en el campo de Chiclana fueron decisivos. A los 8 años, su padre le regaló un cernícalo. “Hasta entonces creía que los únicos en España éramos Félix y yo”, recuerda. Tiene su propia empresa y desde 2003 su águila canadiense es el símbolo del Benfica de Lisboa. El vuelo de Victoria abre los partidos en el Estadio Da Luz.

–No habrá muchos cetreros en España.

–No sé, no tengo ni idea. Pero calcula que los cetreros profesionales se dedican sobre todo a control de aves en aeropuertos y a trabajar en parques temáticos, con el vuelo de rapaces libres. No podemos ser tantos.

–Su oficio recuerda a los señores feudales.

–Sí, y la verdad es que todavía en el siglo XX se entendía así. Había gente, gente  estúpida, que decía que para ser cetrero tenías que tener una serie de cualidades, y que como trabajas con aves protegidas cualquiera no podía practicarla... Bueno unas tretas de cojones para no enseñarte nada.

–O sea que un plebeyo tenía muchas dificultades para aprender.

–Muchas, no se puede hacer una idea. Nadie me ayudaba en nada y no había ni un libro publicado, excepto uno en blanco y negro de Félix Rodríguez de la Fuente; con él y con mis propios medios aprendí. Y con la imprescindible ayuda de Diego Pareja Obregón.

–¿Hermano del cantante?

–Sí, él fue en Sevilla el que me hizo tener el primer halcón peregrino en mi mano a los 14 años. Y así empecé, y por cierto, allí también fui halconero de la boda de la infanta Elena.

–¿Cómo, halconero real al final?

–Sí, eso es gracioso. Yo había estado trabajando en la Expo y un día me llaman diciéndome que me necesitaban para la boda de la infanta Elena. Al principio me lo tomé a cachondeo, estuve a apunto de mandar lejos al que me llamó de parte del Patrimonio Nacional.

 

–¿Tan raro era?

–Sí, claro. En aquel momento si le preguntabas en Sevilla a la gente qué iba a hacer ese sábado todo el mundo bromeaba: “Voy a la boda de la Infanta”.

–¿Y qué querían de usted?

–Pues me contaron que como la boda era en los patios de los Reales Alcázares, tenían un grave problema que era que las palomas estaban cagando todos los manteles. Me fui para allá. Y la verdad es que fue una experiencia muy bonita, porque con mis halcones conseguí limpiar de palomas el lugar del banquete.

–¿Y cómo fue lo de saltar al Benfica?

–Yo estaba trabajando para el aeropuerto de Faro. Tenía un águila, Victoria, y trabajaba con ella en los parques. Y la propia gente decía que parecía el águila de  Benfica. Coincidió que José Antonio Camacho estaba de entrenador y que se inauguraba el nuevo Estadio Da Luz para la Eurocopa, y me ofrecí desinteresadamente para colaborar en el espectáculo de inauguración con el vuelo del águila. La gente alucinó, y fue un bombazo nacional.

–Y desde entonces, las leyendas sobre el águila

–Sí, en cinco años ha habido lugar para muchas leyendas, que si el águila no da tres vueltas antes de posarse, el equipo no gana..., Trapattoni decía que tenía que hacer un aterrizaje en picado para la victoria...

–Más de una vez lo habrán culpado de una derrota.

–No, el águila ha dado muchas vueltas y Benfica ha perdido... o viceversa y nadie me ha culpado.

–¿Ni siquiera cuando ha jugado contra un equipo español?

–Nada, ellos saben que soy un benfiquista fanático y le tengo mucho cariño al equipo. Cuando viene un equipo español, yo me meto entre los ultras, incluso.

–Usted con el águila, y Quique Flores como entrenador. El destino de Benfica, en las manos de dos españoles.

–La prensa hace todo tipo de comentarios, sí, pero te puedo decir que somos ambos muy queridos aquí. Además, los beneficios que sacamos del águila los dedicamos a fines benéficos. Victoria es un icono.

–¿Cuál es su relación con Victoria?

–Fantástica. Forma parte de mi familia. Si le pasara algo a Victoria yo lo pasaría muy mal. Tengo un macho ya para reproducir con ella, que se llama Glorioso y espero por primera vez criar un águila dentro del Estadio Da Luz y que se convierta en una tradición incluso en mi familia, que mis hijos sigan volando las águilas, porque un águila como esta vive 80 años. O sea que yo me moriré y el águila seguirá volando.

–¿Victoria no se hace a veces la remolona?

–No, porque la tengo muy bien entrenada. Lo que sí es un águila que tiene un carácter muy fuerte, es muy complicada de trabajar. La Champions alucina con ella, y eso que podría prohibirla.

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