La tentación de la luz

Crítica de teatro de la obra 'Lúcido', de la compañía Teatro de la Danza

Un momento de la representación de 'Lúcido', el sábado en el teatro municipal Pedro Muñoz Seca.
Un momento de la representación de 'Lúcido', el sábado en el teatro municipal Pedro Muñoz Seca.
Manolo Morillo

15 de abril 2013 - 05:01

Ficha artística: Compañía Teatro de la Danza. Obra: Lúcido. Autor: Rafael Spregelburd. Dirección y adaptación: Amelia Ochandiano. Reparto: Isabel Ordaz, Itziar Miranda, Alberto Amarilla y Tomás del Estal. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Felipe Ramos. Vestuario: Rosa Engel. Ayte. Dirección: Virginia Flores. Diseño gráfico y foto: Jesús Vallinas. Diseño sonoro: Virginia Flores y Amelia Ochandiano. Día: sábado 13 de abril. Lugar: Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca. Duración: 1 hora y 40 minutos. Aforo: Lleno.

El drama de una posible muerte sobrevenida puede provocar que una niña pequeña escriba halma con h, y que en el escenario nos encontremos con la escenografía de una pesadilla gritada por un aprendiz de sueños lúcidos en busca de la luz, la esperanza y puede que hasta del castigo. El dramaturgo, actor y director argentino Rafael Spregelburd se emplea a fondo con este melodrama social, en donde el compromiso, la originalidad y la inteligencia se conjugan perfectamente con una magnífica carpintería teatral que al principio desconcierta al espectador y que, a medida que transcurre la representación, lo que va quedando claro para algunos a otros nos sumerge en un mar de dudas que acarreamos en la mochila para digerirlas con tranquilidad y sosiego.

Un novio algo remolón reconvertido en galán con bandeja de camarero, una hija en la distancia que se cuela de la noche a la mañana, una madre que maniobra a espaldas de todos y un hijo que no sabe si sube o baja la escalera, conforman una estructura teatral que satiriza con las intimidades de la familia, los trasplantes de órganos y las ambiciones quebradas entre otras debilidades del ser humano.

El elenco actoral de esta producción de la Compañía Teatro de la Danza de Madrid, está compuesto por dos actrices y dos actores perfectamente reconocibles y muy definidos por parte del espectador al asomarse casi continuamente a las pantallas de televisión de todo el país. La apuesta suele llenar los teatros, pero a veces ocurre que sus perfiles en las series televisivas son tan acusados que al que se sienta en el patio de butacas le cuesta dios y ayuda tragarse al personaje que tiene por delante.

Dicho esto, Lúcido se nos presenta en el Muñoz Seca con un muy bajo tono teatral y algunas disfunciones de texto en sus comienzos, tono que va in crescendo a medida que los actores y actrices calientan motores y se centran en sus roles artísticos. Destacar a Isabel Ordaz ya no tiene mérito alguno. Esta actriz suele dar el do de pecho cada vez que se sube a un escenario, y en Lúcido consigue arrastrar al resto de compañeros a que la representación tome el cuerpo dramático adecuado.

Con una escenografía sumamente cuidada tal y como nos tiene acostumbrados esta compañía, la dirección actoral hay que considerarla cuanto menos de reluciente; la asepsia y claridad de movimientos de los actores así como la estética visual del conjunto, tienen la explícita marca Ochandiano.

Después de casi dos horas de teatro, el público asistente que llenó la sala, recompensó el esfuerzo de los actores con un calurosísimo aplauso. Y la tentación de la luz salió por las puertas del Muñoz Seca.

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