Obituario

Hasta siempre querido "Bini"

Francisco Javier Esteban Poullet, Bini. Francisco Javier Esteban Poullet, Bini.

Francisco Javier Esteban Poullet, Bini.

Este domingo 19 de Enero se nos fue Francisco Javier Esteban Poullet, más conocido en El Puerto por su apodo de “Bini”. Bini era uno de los 12 hermanos que tuvieron D. Enrique Esteban y María del Carmen Poullet Vargas, conocida familia de la ciudad que vivían en el número 15 de la calle Larga, justo al lado de la fábrica de productos relacionados con la enología en general y con la fábrica de almíbar en particular.

Al “Bini”, le conocí desde pequeño, ya que ambos éramos vecinos de calle y vivíamos casi enfrente, era una persona peculiar de esas que no deja indiferente a nadie, pero con una cualidad que le hizo que todo el mundo le apreciase, era una muy buena persona. Así lo fue durante toda su vida, tanto en la calle Larga, como cuando posteriormente se trasladaron a vivir en la calle Luna esquina Misericordia. Este lunes, en su funeral, recordaba miles y miles de historia en las que el “Bini” era el protagonista principal, anécdotas que han conformado una parte importante de la historia de esta ciudad, como así recordaban una muy amplia representación de los ciudadanos que acudimos a decirle adiós.

A Javier, que digo Javier, al “Bini” le recordaba por muchas cosas entre ellas por sus conversaciones en la Plazuela de los Jazmines, en sus memorables peloteras con el propietario de la ya desparecida “Casa Gatica”, o las vivencias cuando fuimos creciendo con el “cortito” de Gerola en el también desaparecido Bar Puente, y últimamente cuando se trasladó a vivir con sus hermanas a la calle Luna, en el Bar Santa María, donde seguía expresando sus opiniones con parte de la clientela habitual. Al Bini hay que reconocerlo siempre unido a uno de sus principales aperos de labranza, como él lo definía, su sempiterna bicicleta, con ella siempre a cuestas, hasta unos pocos días antes de su fallecimiento.

Su aspecto frágil, no le impedía descargarse él solito un camión de azúcar para la fábrica de almíbar de su familia, o coger su bicicleta y marcharse a Sevilla, como el que no quiere la cosa, y doy buena fe que la bicicleta del “Bini” de aquella época no era como la de Induráin sino que pesaba sus kilitos y las carretas nada tenían que ver con las de ahora. Era un hombre fiel a sí mismo y a sus convicciones, uno de los factores principales, sino el que más, que le hizo ser respetado y formar parte de la historia de esta ciudad, al menos de los últimos 70 años.

Querido Bini, has dejado de formar parte de la pequeña y a la vez gran historia de tu querido Puerto de Santa María, el no verte más por la placilla, por el Santa María, en el balcón de tu casa en la calle Luna, será difícil de entender, pero así es la vida y no hay más remedio que aceptarlo. Descansa en paz querido amigo, y pedalea por la inmensidad de los cielos donde ya estás y te encontrarás de nuevo con tus hermanos Faelo y Conchita. 

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