Paqui Ayllón. Ecritora y lectora

“Gracias a la lectura revivo mi vocación y ayudo a los demás”

  • La portuense narra su adaptación a la invidencia en su libro ‘La lectora ciega’

  • La obra se presentará mañana a las 20:00 horas en la Fundación Rafael Alberti

Paqui Ayllón con su perro guía en la biblioteca de El Puerto. Paqui Ayllón con su perro guía en la biblioteca de El Puerto.

Paqui Ayllón con su perro guía en la biblioteca de El Puerto. / Andrés Mora.

La mayoría de las veces lo narrado en películas y libros se acerca más a la verdad que la vida misma. Podemos pensar en cientos de historias; pero quizás, donde la línea entre lo real y lo menos probable (que no imposible), es casi imperceptible es en el realismo mágico. Esta tendencia literaria nos ha regalado personajes peculiares, especiales e innolvidables como Eva Luna, el personaje ideado por Isabell Allende que encarna a una mujer, sin estudios ni preparación, capaz de narrar su propia historia y tener un cuento guardado para cada ocasión (Los cuentos de Eva Luna, 1989). Y quizás eso sea lo fantástico del realismo mágico:ver como en ciertas ocasiones lo imaginario se convierte en real; y Paqui Ayllón es el ejemplo de ello. Al igual que Eva Luna, ella es una mujer fuerte que, a parte de tener siempre una historia para cada ocasión (de hecho visita hospitales y residencia con el voluntariado lector) a sido capaz de mantener su relación con la lectura a pesar de su ceguera. Ella cuenta ahora esta historia en su libro La lectora ciega (Esfera de los libros).

–Enhorabuena por su libro.–Muchas gracias. Esto es un no parar. La semana pasada estuve presentándolo en la Universidad de Salamanca y luego en Valladolid. Próximamente lo haré en Málaga, donde me presentará Antonio Soler y el viernes estaré en la Fundación Alberti, con Juan José Tellez.

–Parece usted una artista con tanta gira... –Estoy super feliz ¡Eso es lo que me voy a llevar! (Risas). Ten en cuenta que los derechos de autor van íntegramente a la Fundación de Lucha contra la Ceguera para que puedan continuar con la investigación de enfermedades raras como la que a mi me ha dejado ciega.

La historia de Paqui comienza cuando con 23 años, y un trabajo como enfermera matrona en un centro de salud, a esta portuense le diagnostican una enfermedad ocular genético-degenerativa que acabaría en una ceguera. Desde entonces ya han pasado 19 años y ahora Paqui narra en su libro toda su historia.

–¿Cómo surgió la idea de escribir toda su historia?– Tras el diganóstico yo pasé por una depresión. Una vez superado decidí que quería volver a vivir y me apunté en el grupo de voluntariado lector de la biblioteca.

–En principio sólo quería que alguien fuera a leerle a casa.–Esa era la idea, pero no estaba muy convencida. No obstante al final me terminé convitiendo en una de las voluntarias que leen.

-Teniendo en cuenta su discapacidad visual, imagino que leerá en braille, ¿no?– Para nada. Yo leo con el oído. Para mí, el braille es muy complicado y sólo sé palabras muy cortitas. Yo lo que hago es escuchar las historias con mis aparatos tiflotécnicos y recitarlo en voz alta. Además hay que tener en cuenta que los libros que son traducidos al braille son muy voluminosos. Me sigue resultando más fácil llevarlo todo en mi móvil y escucharlo. ¡Y por eso no hay problema! Yo luego soy muy teatrera y gesticulo mucho cuando estoy contando las historias.

– ¿Y entonces cómo termina escribiendo el libro?– A raíz de este grupo, fueron surgiendo más actividades, como formar parte del jurado del certamen literario de narrativa breve de la Uca. Allí coincidí con Elvira Lindo, quien ha escrito el prólogo. Al parecer llamé su atención al verme con mi perro guía porque ella es muy amante de los animales. Se interesó por mi historia y me propuso ser entrevistada por ella en el programa La Ventana, con Carles Francino.Y ahí la directora general de la editorial escuchó mi historia.

– Imagino que se quedaría sorprendida. – Absolutamente y más cuando ellos me dijeron que querían que yo lo escribiera. Imaginaba que le contaría la historia a algún editor o periodista, pero me dijeron que no. Que lo tenía que escribir yo misma.

–Durante todo este tiempo ¿continuó también con el voluntariado?–En total fueron nueves meses en los que escribí alrededor de doscientas páginas. Por supuesto que seguí con el voluntariado y también con los talleres gratuitos que ofrezco en la Oferta Educativa, donde enseño a los niños normas básicas que deben tener en cuenta con personas ciegas. Igualmente continúo con la lectura en los hospitales y centros de mayores. Gracias a la lectura vuelvo a revivir mi verdadera vocación que es cuidar a los demás.

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