Las orejeras de "El Brujo"
crítica de teatro cine
EL ASNO DE ORO
Ficha técnico artística: Producciones Bakty, S.L. Obra: El asno de oro. Autor: Lucio Apuleyo. Versión, interpretación y dirección: Rafael Álvarez "El Brujo". Fotografía: Fran Ferrer. Regidor: Juan Bastida. Vestuario: Gergonia E. Moustellier. Escenografía: Equipo Escenográfico PEB. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Dirección musical, música original y músico en escena: Javier Alejano (violín y triángulo), Día: sábado 24 de octubre. Duración: 1 hora 40 minutos sin descanso. Lugar: Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca en El Puerto. Aforo: Lleno.
Escribir a estas alturas sobre cualquier trabajo artístico emprendido por el lucentino Álvarez -recriao en Torredonjimeno- se convierte en un pintoresco ejercicio de equilibrio entre lo que ves y lo que piensas.
El propio actor te incita a ello cuando se despacha con el desparpajo que en él es habitual diciendo que "es un esclavo de los deseos del público". En el teatro de la antigua Grecia los esclavos eran intrigantes, mentirosos e inteligentes que buscaban su provecho para conseguir la libertad, pero en el caso de Rafael Álvarez esa libertad se la gana él solito porque le da la gana y porque hace lo que le da la real gana con los textos que versiona.
En esta vida para todo hay que tener arte y El Brujo no iba a ser menos. Encontró el hechizo adecuado en el momento adecuado, se puso las orejeras que le indicaron el camino a seguir y llena teatros allá por donde va, regala jamones como si estuviera en un mercadillo medieval y consigue que el espectador salga con la sonrisa entre los labios pegándose pellizcos y con la sensación de haber vivido un sueño. Que no es poco.
La lógica difusa, el valor extrínseco o temporal del teatro de El Brujo es desde mi punto de vista el más parecido que conozco al astracán muñozsequiano. La risa por la risa a costa de la verosimilitud argumental. En la adaptación de la "novela" de Apuleyo El Asno de Oro en donde se teatraliza la realidad convertida en chascarrillos, se explota el retruécano y se hace un uso continuo de esa gestualidad arquetípica y consensuada con su músico por parte del actor, y en donde el único fresco que hay en escena es el propio Brujo/Lucio convertido en un asno que comprueba la realidad de la sociedad que le rodea y que, con la ayuda de la diosa Isis consigue volver a su forma humana logrando el objetivo de todo bululú que se precie que no es otro que conseguir entretener y lograr el beneplácito del respetable. El "bufo farandulero y miserable" Brujo que diría Quevedo, da vida camaleónicamente una vez más a un personaje con traje confeccionado a medida que cada vez engaña menos pero que con su prosapia picaresca, el buen acompañamiento de su músico Javier Alejano y Miguel Ángel Camacho con su cuidada iluminación logra gustar a un público fiel que él cultiva con mimo al final de cada función.
Es muy cuestionable esa manía de las compañías cuando vienen a provincias de mermar sus recursos humanos artísticos cuando están anunciados. Nos faltó el percusionista Daniel Suárez Sena y el saxo alto Kevin Robb, y no se puede justificar su falta con un chiste fácil para salir del paso.
Decir hay que casi todas las sonrisas las provoca con las morcillas bien colocadas de los acontecidos políticos del momento. Y decir también que su poder de convocatoria es tan inusitado que permite se dejen ver por el teatro espectadores nada habituales en este tipo de acontecimientos culturales, lo cual es un logro para los tiempos que corren.
También te puede interesar
Lo último