Los negocios de Postigo piden que se reabra la calle, cerrada desde enero
La actividad de los comerciantes y de la harinera se resiente por el corte al tráfico del acceso desde la calle San Juan, por las obras de la nueva plaza Las pérdidas alcanzan hasta un 60% en algún caso
Llueve sobre mojado en la calle Postigo. Vuelve a estar cerrado el acceso desde la calle San Juan en dirección hacia el Barrio Alto, y los negocios que están en ese tramo se resienten, como ya ocurrió hace dos años, cuando algunos comerciantes estuvieron a punto de tirar la toalla y cerrar. En aquella ocasión, fue el apuntalamiento de una tapia lo que obligó a cerrar el tramo de Postigo situado a espaldas de La Prioral, que se mantuvo vetado a los peatones y al paso de vehículos desde diciembre de 2009 hasta enero de 2013. Los negocios pudieron respirar tras la reapertura de la calle, después de 24 meses que estuvieron a punto de llevarles a la ruina. Lograron sobrevivir. Ahora la situación vuelve a ser complicada.
A finales de diciembre de 2015 comenzaron las obras de reforma de la plaza surgida en la esquina de San Juan con Postigo, que se han extendido durante los tres primeros meses del año. Los negocios de dicha calle, en especial la carpintería Muebles de la Abuela, la fábrica de harinas El Vaporcito y el bar de la peña La Mezquita, han aguantado que se cortara el acceso durante este tiempo, pero una vez concluidas las obras no entienden que la calle continúe cortada al tráfico.
La plaza se ha dotado de solería, luminarias que no arrojan luz y un total de 23 arboles con sus alcorques respectivos, que transformarán su reducida superficie en la más frondosa del casco urbano. Desde hace dos semanas, esta nueva plaza permanece vallada a la espera de su apertura, de manera que la calle Postigo se ha transformado en "un caos", con el acceso cortado al tráfico desde San Juan, escasa iluminación, sensación de inseguridad, suciedad y proliferación de excrementos de perros. Además, los automóviles se ven obligados a entrar en contramano desde la calle Cruces, produciéndose situaciones desordenadas.
Más grave aún es la situación que están sufriendo los negocios del tramo afectado por el cierre (entre San Juan y Cruces), que ya pasaron momentos muy difíciles que ahora se repiten.
Uno de los más negocios afectados es el de Manuel Picazo Álvarez, que tomó el relevo de su padre al frente de la carpintería y tienda Muebles de la Abuela.
Durante los meses anteriores a estas nuevas obras, el negocio se pudo reponer de las pérdidas que experimentó en los dos años que estuvo la calle cerrada, que fue una etapa "de muchas pérdidas y durante mucho tiempo". Ahora la historia se repite y desde principios de año las ventas han caído de nuevo un 60%. "De continuar así la situación, me veo con el agua al cuello", advierte con preocupación su dueño, que pide la reapertura de la calle, que lleva dos semanas cerrada pese a estar terminada la obra.
Por su parte, la fábrica de harinas El Vaporcito vuelve a encontrar problemas con la entrada y salida de camiones y furgonetas a la factoría. Los vehículos de carga se ven obligados a acceder en dirección contraria, y muchos clientes no se atreven a entrar en contramano desde la calle Cruces, ya que no hay ninguna señalización provisional que permita hacerlo legalmente. Las maniobras para entrar en la fábrica se complican y clientes que llegan de otros puntos de la provincia dejan los vehículos aparcados en la Plaza de Toros, hasta donde tienen que trasladar los sacos de harina, para no incumplir la señalización. "O que abran la calle o que pongan una señalización en Cruces de 'Acceso permitido a la fábrica de harinas", reclama el jefe de logística de El Vaporcito.
En la peña La Mezquita saben también lo que es tener la calle cerrada. La vez anterior les robaron varias veces, porque la calle se queda oscura como boca de lobo. La peña vive en gran parte de los ingresos del bar, donde la afluencia de socios y clientes ha disminuido un 50%. En la peña critican lo oscura que está la calle, el mal estado en que se encuentra y lo desconectada que ha quedado del centro urbano. "Da pena pasar por aquí", lamenta su responsable Francisco Iniesta. "Esta calle parece ser que no existe para El Puerto", añade. Por supuesto, en la peña ya no se plantean ofrecerla a Turismo para que los visitantes puedan visitarla y conocer la historia del Carnaval portuense, un proyecto que han tenido que dejar aparcado.
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