Kiosco 'Las Campanas' en El Puerto: "La gente me dice que me estoy haciendo de oro, y yo le digo que lo que hago es trabajar mucho"
Juan Conejero inaugura una nueva etapa de este negocio triunfando con su forma de vender en las redes sociales.
“La Diana no va a cerrar. El futuro está garantizado”
Algo distinto está ocurriendo en la plaza de España, en la esquina de la calle San Sebastián con Santa Lucía. A partir de ahora los coches que reviren deben tener cuidado con el cruce de los peatones, especialmente los niños. Desde hace poco más de un mes y medio la vida ha vuelto a esa parte de la acera. El culpable de este trajín es Juan Conejero, más conocido como Juanito, quien ha devuelto la vida al kiosco de Las Campanas, con una nueva etapa donde las redes sociales —especialmente Instagram—, son las protagonistas.
“Más de uno dice que me estoy hartando de dinero, que me estoy haciendo de oro. Y yo les respondo que me estoy hartando de trabajar”, es de las primeras cosas que explica Juan mientras termina de cobrar al grupo de niños que ha tomado la tienda. Intentamos continuar con la entrevista, pero es casi imposible: otro grupo llega dispuesto a arrasar con las chucherías de los estantes mientras desde la puerta un adulto pregunta si aún le quedan “los huevos esos de chocolate donde vienen los muñecos de Stranger Things”. Negativo. “Todo agotado”. Y es que lo que Juan promociona en las redes sociales vuela. “Esto hay que trabajarlo y echarle mucha imaginación”, asegura. Pero Juan no siempre ha estado aquí. Comenzó en la playa, con un carrito, donde se llevó 10 años dando tumbos por la arena, vendiendo refrescos por la orilla. De ahí pasó a la barriada de Las Nieves, donde ya se estableció con un puesto que también vendía por las redes sociales. Sin embargo, nada parecido a lo que está viviendo ahora en este nuevo negocio, donde incluso una familia de Coria del Río ha venido a visitarlo. “La gente ya me reconoce”, asegura Juan, quien ya tiene fans incluso en Soria. “El otro día estaba allí con un amigo y me habló de él. Yo me quedé muerto”, asegura uno de sus clientes habituales.
En el fondo, aunque cueste creerlo, Juan es un poco tímido. Nadie lo diría viéndolo en Instagram; pero lo hace y vence la poca vergüenza que le queda porque sabe que de ese negocio depende el pan de su casa. “Aquí siempre tienes que estar a la última”, asegura convencido. De esa cabeza carnavalera y cofrade salen decenas de ideas como las maletas de viaje rellenas de chocolate (”Fui el primero en hacerlo en El Puerto), las cajas de madera y los autobuses personalizados (”este año el que más se ha vendido ha sido el del Rácing Club Portuense”), las carrozas de chucherías (también personalizadas) y los conos gigantes, de los que ha repartido más de 300 unidades por toda la provincia. Porque Juan, aparte de trabajar en su negocio, reparte a otros negocios de San Fernando, Chipiona, Rota... “Esto no sería posible sin la ayuda de Carmen, mi mujer”, señala Juan mientras ella entra en la tienda, esperando a que termine de hablar conmigo. Es la hora de comer y en cuento cierren se van a repartir. “Esto no está pagado”. A eso se le suma la prensa diaria, el pan, el punto de recargo, la personalización de todos los encargos. “A la gente le gustan las cosas de El Puerto. ¿Por qué tiramos tanto para Sevilla si podemos hacer las cosas con nuestras hermandades?”, se pregunta Juan mientras me enseña una caja personalizada con la Virgen de La Piedad, titular de Los Cerillitos.
Antes de irse a repartir Juan y Carmen cierran la última venta. “¡Cuánto me alegro de verte hijo!”, se despide la señora, una antigua cliente de Las Nieves. Visto lo visto los antiguos compradores van hasta el centro para buscarlo a él. Al final Juanito va a conseguir lo que ningún político ha conseguido últimamente: devolver la vida al centro de El Puerto. Hacía mucho tiempo que El Puerto no tenía un kiosco así. ¡Larga vida al kiosco Las Campanas!
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