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La eterna espera de la Basílica

  • Los comerciantes aseguran que muchos visitantes creen que el templo está abandonado y no entran a visitarlo

  • El párroco Diego Valle pide más coordinación por parte de las instituciones

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Son las seis de la tarde de un martes de junio. Un grupo de seis turistas aparecen, cámara en mano, por la plaza de España. Nada más llegar se paran en el centro y posan las manos sobres sus cabezas con el objetivo de protegerse del impetuoso sol en un intento de contemplar la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros. Paulatinamente se van acercando. Primero hacia la Puerta del Perdón (más conocida como la puerta de las Campanas) y luego hacia la Puerta del Sol. Foto por aquí, foto por allá, un último vistazo de soslayo y listo. A otra cosa. Ni una sola visita. Ni un intento de pasar al interior del templo.

Este episodio se repite a diario en la plaza cuando los turistas llegan, ven el estado en el que se encuentra el exterior de la Basílica, y se van creyendo que se encuentra abandonada. Buena fe de esto mismo dan los propietarios y dependientes de los comercios de la zona. "Cuando van a pagar les pregunto si han visitado la iglesia", comenta uno de ellos. "No te imaginas la cara de sorpresa que ponen cuando se enteran que pueden entrar. Como ven el estado de fuera se piensan que está abandonada", explica un dependiente desde la puerta de su local mientras señala los desperfectos. Desde los más llamativos, como los matojos que brotan de los muros - entre los que incluso hay una higuera!- y las ventanas y vidrieras rotas, hasta otros menos vistosos, como la descomposición de los sillares inferiores del edificio provocada por lo que se conoce como el mal de la piedra (una afección provocada por la contaminación y por el paso del tiempo donde este material comienza a descomponerse en arenilla) o, tal y como confirman algunos técnicos municipales, "el desprendimiento de piezas labradas en las zonas con con peligro de desprendimiento, acentuándose de una manera especial en la Puerta del Sol".

La última restauración se realizó hace 10 años por los alumnos de una escuela tallerJunta y Ayuntamiento mantienen que la responsabilidad recae sobre el propietario

Está claro que el mantenimiento de este edificio, propiedad del Obispado de la diócesis de Asidonia-Jerez , es insuficiente. En concreto las últimas labores de conservación del exterior fueron realizadas por una escuela taller entre 2007 y 2008, cuyo trabajo se centró en restaurar la parte trasera del templo (junto a la Puerta del Campo). Cuando estas labores finalizaron, el gobierno municipal intentó solicitar nuevos talleres con el objetivo de restaurar las otras dos entradas. Sin embargo la iniciativa no llegó a prosperar ya que la Junta, encargada de dichos programas, no concede más de una escuela taller para el mismo edificio. "Fue un trabajo muy bonito y muy bueno por parte de la escuela taller que se quedó en la parte trasera, una cosa que la gente no ve", explica el párroco Diego Valle. "Sí es cierto que el proyecto general que a mí se me presentó, y al que el Obispo dio el visto bueno, era que se iba a restaurar todo el templo, pero como digo al final sólo quedó en la parte trasera", asegura el párroco de la Basílica. De esto hace ya una década y, durante estos años, las cosas no han mejorado. Sin ir más lejos hace cuatro años, durante la festividad del Corpus Christi, unos cascotes cayeron justo al lado de un niño que pasaba con su familia frente al edificio. Por lo demás, el tiempo pasa y los portuenses sólo pueden comentar y preguntarse unos a otros por qué no arreglan la Basílica y a quién corresponde la responsabilidad sobre el edificio. ¿Depende de la Junta, del Ayuntamiento o de la Iglesia?

En primer lugar en este punto hay que dejar claro que el propietario del edificio es el Obispado. En este aspecto la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía es muy clara y, en su artículo número 14, expresa que "las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz [...] tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y cusdodiarlos de manera que garantice la salvaguarda de sus valores". En relación a este aspecto Diego Valle no niega la responsabilidad que el Obispado tiene sobre el templo, pero también es muy claro y detalla los dos problemas principales con los que él, como encargado del templo, se encuentra habitualmente a la hora de mantener el buen estado del edificio. El primero de ellos consiste en conseguir financiación ya que, tal y como asegura el párroco, "el Obispado no tiene recursos propios suficientes para hacer frente a todos los templos". No obstante esta primera explicación puede resultar un tanto chocante ya que el exterior del edificio, contrasta fuertemente con el interior que sí ha sido restaurado. En este punto Diego Valle quiere dejar muy claro que "tanto la restauración de las capillas como de la pinacoteca han sido financiadas a nivel personal por distintas familias y benefactores a los que estamos tremendamente agradecidos", explica mientras enumera los distintos trabajos que se han llevado a cabo en el interior del templo, como por ejemplo la restauración de la Capilla del Sagrario (sufragada con los donativos de una familia donde, según explicó el párroco, tan sólo instalar los andamios costó 10.000 euros), la restauración del retablo de la capilla del Rosario (llevada a cabo por la Caja de Ahorros de la Inmaculada), la restauración de la pinacoteca (realizada gracias a la intervención de la academia Santa Cecilia), así como la restauración de la Capilla de Santa Rita (también sufragada con donativos privados). "Aquí en Andalucía no ocurre como en otras comunidades, como Navarra o Cataluña, donde el gobierno autónomico o el Ayuntamiento ayudan a distintos templos de la iglesia católica en colaboración con los Obispados".

No obstante, en este punto el párroco quiere dejar claro que dicha coordinación va más allá de la financiaciación, ya que el segundo dilema al que tiene que sobreponerse normalmente viene dado por la denominación de la Basílica como Bien de Interés Cultural (BIC). Según esta figura jurídica el edificio, datado en el siglo XV, debe tener una mayor protección y tutela. Sin embargo este hecho en ocasiones, más que ser algo positivo, se convierte en un arma de doble filo. "Muchas veces hemos hecho las cosas por parte nuestra, pero es complicado", relata don Diego (nombre con el que el párroco es conocido en la ciudad). "Cuando quisimos construir los nuevos salones parroquiales la primera idea era derribarlo todo. Sin embargo, al ser considerado como un BIC, no dejaron hacerlo y la única solución fue restaurar, algo que todo el mundo sabe que es mucho más caro", explica. Este último hecho es también desconocido por parte de la ciudadanía, que en muchas ocasiones no entiende, e incluso critica, por qué no se llevan a cabo más acciones y obras en el templo. "Yo siempre recuerdo que el BIC es una figura jurídica creada por las instituciones, no por la Iglesia", detalla el párroco. "Para restaurar el exterior de la Basílica habría que hacer una obra muy grande en la que tienen que intervenir todas las instituciones. Entiendo que muchas veces se achaque que al ser un templo católico sean ellos los que tienen que asumir el asunto. Estoy de acuerdo, pero vuelvo a repetir: este templo es BIC y aquí no se le cierran las puertas a nadie".

En este último punto tanto la postura del Ayuntamiento como la de la Junta pasan por remitirse a la ley. Desde la Concejalía de Cultura y Patrimonio Histórico son conscientes del estado actual que presenta el edificio. Tanto es así que María Eugenia Lara, concejala del área, ha hecho un llamamiento al Obispado, como responsable de su conservación y mantenimiento, y ha recordado que "siendo un BIC, habría que hacer un esfuerzo en pro de su conservación, dada la importancia e historia del edificio". Igualmente la concejala no ha querido dejar pasar la ocasión para "agradecer la gran labor llevada a cabo por la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia por su apuesta por restaurar las obras que están en su interior". En cuanto a la Delegación territorial de Cultura, Turismo y Deportes de Cádiz recuerdan "que únicamente está en manos del propietario hacerse cargo del edificio histórico". "Es cierto que nosotros podemos ofrecer asesoramiento técnico, pero nada más", explican desde la delegación provincial. Así mismo desde este organismo aseguran que, por el momento, no tienen constancia oficial alguna sobre el estado en el que se encuentra la Basílica ya que, según aseguran, no se ha registrado ninguna denuncia particular en el registro oficial de la delegación. "La población puede dar parte de estos desperfectos", señalan desde el organismo como posible solución al problema.

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