Crítica de 'Luces de Bohemia'

El esperpento está de moda

  • Gran acogida a la obra de Valle Inclán en la representación de este sábado, en el teatro Pedro Muñoz Seca

Un momento de la representación de ‘Luces de Bohemia’. Un momento de la representación de ‘Luces de Bohemia’.

Un momento de la representación de ‘Luces de Bohemia’. / Juan Carlos Muñoz

En 1920, desde las páginas del semanario España Ramón María del Valle-Inclán arremetía contra una España decadente, corrupta y falta de ética con Luces de Bohemia, una obra dramática que marcó un antes y un después en el teatro español con la inauguración del esperpento.

Hoy, un siglo más tarde, ha quedado demostrado que es un género que goza de gran salud. Así lo demostró el sábado por la noche el Teatro Clásico de Sevilla en el Pedro Muñoz Seca, donde la compañía representó esta obra en la que -cuando menos- se invitaba al público a la reflexión. Durante las dos horas y cinco minutos que duró la representación, quedó más que demostrado que la corrupción nacional, la existencia de dos Españas enfrentadas, la picaresca, la falta de ética… no son problemas que hayan surgido recientemente, sino que son escollos que el país arrastra desde hace varios siglos.

Por mucho que pasen los años, y pesar de lo que nos quieran hacer creer, bajo el sol no hay nada nuevo inventado. Esta reflexión estuvo en parte inducida gracias al ambiente tan comtemporáneo en el que se ha impregnado la obra gracias a la fantástica dirección y adaptación de Alfonso Zurro. Incluso en algunas escenas, estos toques de actualidad se podían tachar de anacrónicos, ya que en ocasiones sacaba al espectador del contexto de una obra que comienza ambientada en una España pasada. No obstante, a pesar de todo ello, se puede decir que esta función ha sido sin duda alguna lo mejor que por el momento ha pasado por el teatro esta temporada. Una obra directa, impactante y que marca al espectador.

Gran culpa de esta gran impresión la tienen varios factores. Lo primero, evidentemente, es el gran nivel de interpretación de los actores, que han demostrado que son grandes profesionales de teatro. Nada de actores de televisión que intentan reconvertirse, sino grandes intérpretes con gran manejo del movimiento corporal, de los tonos y de la proyección (algo que sin duda alguna fue también muy agradecido entre el público, especialmente en esta temporada donde comprender los diálogos ha sido un tanto complicado en alguna que otra obra). Igual de fantástico ha sido el atrezzo, totalmente dinámico y modificado por los propios actores, donde con sólo 12 columnas de manera se consigue transportar a la audiencia por los ámbientes más sórdidos y duros de Madrid. El espectador deja de ver cajas de madera y, gracias también a la iluminación, consigue situarse en la taberna de Pica Lagartos, la redacción del períodico El Popular, en los propios calabozos del Ministerio de la “Desgobernacion”, en el despacho de la Ministra o en un cementerio. En definitiva: pocos recursos y un gran resultado. Simplemente magistral.

Aunque los diálogos son de vez en cuando un poco densos y difíciles de seguir (sería conveniente poder escucharlos más de una vez para poder sacarles la esencia), se trata de una obra totalmente crítica y que se entiende a la perfección. Su mensaje final está claro: no siempre el talento se reconoce en este país y no siempre llega más lejos el que más lo merece. No hay quien pueda dudar que, a pesar de sus años, el esperpento está más de moda que nunca.

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