juan muñoz aparicio Jefe de taquillas de la Plaza Real

Juan Muñoz, en la Plaza de Toros de El Puerto.
Juan Muñoz, en la Plaza de Toros de El Puerto.

22 de mayo 2011 - 01:00

JUAN Muñoz Aparicio nació en 1934 en la calle Nevería, 32, en el lugar que luego estaría ocupado por una fonda, primer hijo del matrimonio formado por Juan Muñoz Villanueva (+1939) y Luisa Aparicio García (+2000). Su otro hermano, Manolín y el cura Carreto, huérfano de madre al fallecer ésta en el parto sería, prácticamente, el tercer hermano. Falleció el año 2005.

En 1934, el Ayuntamiento estuvo presidido ese año por tres alcaldes, desde junio del año anterior hasta marzo, por Francisco Cossi Ochoa; de marzo a octubre, por Francisco Tomeu Navarro y, desde octubre hasta enero de 1936 por José Luis Macías Caro, padre de Luis Macías Rubio.

Rafael Alberti fundó junto a su esposa, María Teresa León, la revista revolucionaria Octubre e inició una gira por diversos países americanos. Alberti publicó ese año Bazar de la Providencia y La farsa de los Reyes Magos, dos farsas revolucionarias'. Y hubo algunas agrupaciones carnavalescas de El Puerto que participaron en el Carnaval de Isla Cristina (Huelva).

El Teatro Principal, cerró sus puertas durante la Semana Santa, de 1934 reabriéndolas el sábado de Gloria, con la película Melodías de Arrabal, en la que intervenía Carlos Gardel junto a Imperio Argentina.

Pero volvamos a nuestro protagonista: Juan se quedó huérfano de padre muy pronto, con apenas cinco años por lo que su madre, Luisa 'la del Cosario', viuda a los 33 años y con otros familiares a su cargo, fue la que sacó adelante a esta familia numerosa y ya, monoparental. Juan vivió una infancia difícil en plena Guerra Civil y posguerra. Estudió en el colegio 'privado' de Alfonso Cárdenas, en la calle Luna, cursando a continuación Comercio, estudios que abandona pronto para incorporarse al mundo laboral, algo que será una constante para el resto de su vida.

Empezó muy pronto, en el Cosario -mezcla de agencia de transportes, mensajería y gestoría-, situado en la esquina de Nevería con Palacios, frente al Bar Apolo. El Cosario Vda. de Juan Muñoz desaparecería en 1971, con la llegada de las modernas agencias de transportes. Allí laboraban hasta los domingos.

Juan llegaría a estar trabajando hasta en cinco sitios simultáneamente: a las seis de la mañana entraba en una bodega. A las ocho, en la desaparecida fábrica de Conservas Sur. A las cuatro de la tarde en los desaparecidos Tejidos López, en calle Nevería. A las seis, como representante de Conservas Sur, en Jerez. Y, además, era Subjefe de Taquillas en la Plaza de Toros, bajo las órdenes de Juan Martín Vélez y con Antonio Gil como compañero.

La fábrica de Conservas Sur, recordaba Juan, eran una fábrica de 'delicatessen', productos tales como la mermelada de naranja agria de los árboles de las calles de El Puerto, se vendía en El Corte Inglés y en Inglaterra y en Alemania las sardinas en aceite sin piel ni espinas. La Salsa India, o la de Tomate, hubieran triunfado hoy ante los paladares más exigentes.

Las vacaciones las disfrutó, por primera vez, durante el Servicio Militar, con 19 años, en el buque escuela de la Armada Española, Juan Sebastián Elcano, como marinero de reemplazo. Allí engordó 10 kilos durante nueve meses, los que duraron el viaje de instrucción de los guardamarinas. Y las siguientes vacaciones, 21 años después, cuando entró a trabajar en la desaparecida Caja de Ahorros de Cádiz -hoy integrada en Unicaja- lo que le permitió prescindir de otros trabajos complementarios. Y es que Juan, si pensaba que más cornadas daba el hambre, nunca permitió, a fuer de trabajar y trabajar, que le cogiera ese toro.

Una prolífica vida laboral en la que fue cosechando amistades y conocimientos para sacar adelante, también, a la que sería su abundante prole. Casado con Carmen Rivas Acal, tuvo siete hijos y un agregado viviendo con ellos -siempre le gustaron mucho los niños- a los que podía ver poco, pero a los que su mujer supo dar una sabia educación para que todos salieran adelante, además de los nueve nietos que les dieron.

De su etapa de jefe de taquillas de la Plaza de Toros , en la que fue auxiliado por algunos de sus hijos, guardaba muy buenos recuerdos, y otros no tanto, que se fueron con él para siempre a la tumba, como a Juan le gustaba decir. Y muchas amistades. Entre las anécdotas vividas, nos recordaba lo rumboso que era Manuel Benítez 'el Cordobés', el desapego al dinero que siempre tuvo para con los más necesitados. Atendía con generosidad a quienes buscaban su ayuda, e incluso a quienes no se la pedían.

Y otra anécdota vivida junto a Luis Miguel Dominguín. En la década de los sesenta, la esposa de cierto Gobernador Civil le pidió al maestro , mediante recadero, que le firmara un abanico, a lo que este se negó debido al estado de trance torero en el que se encontraba, con el castizo "Qué se meta el abanico en el c..." . Y ni lo firmó, ni fue puesto a disposición de la autoridad tampoco, aunque por mediación de la viuda de Miguel Castro Merello lo firmó 15 días más tarde en otra visita a El Puerto.

Juan desaparecería prematuramente el 28 de marzo del año 2005. Ese año, en la corrida a caballos de la Feria de Primavera, se guardó un emotivo minuto de silencio, en memoria y recuerdo de quien, durante 57 años trabajó en las taquillas de la Plaza de Toros, los últimos como jefe de taquillas, con las diferentes empresas que regentaron el coso taurino.

Unos meses después, el 8 de agosto, Juan Muñoz Aparicio recibiría un homenaje póstumo en el bodegón que alberga las taquillas de la Plaza. Fue descubierta una placa realizada en azulejos por Pepita Lena Terry, ante la presencia de su viuda e hijos, los presidentes de la Plaza de entonces, Fernando Gago e Ignacio García de Quirós, y diversos oficios auxiliares de la Fiesta: veterinarios, médicos, personal de puertas, etc…

Juan se lamentaba, en los últimos años de su vida, que en la sociedad actual hubiera "menos altruismo y mas agresividad, menos gente sana. Pero gracias a Dios también hay buena gente que son la esperanza de que el mundo no acaba"

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