EL ESCULTOR IGNACIO LóPEZ EN EL III CENTENARIO DE SU MUERTE (XVI)

El ángel lamparero del Sagrario de la Prioral

  • Se trata de una joya artística del patrimonio mueble portuense

  • La obra se atribuyó erróneamente a La Roldana durante mucho tiempo, hasta el año 1993

Después de analizar las obras documentadas de Ignacio López para el retablo de Ánimas de la Prioral de El Puerto y aproximarnos a las de iconografía pasionista, continuamos esta serie de artículos con otras piezas atribuidas e igualmente interesantes. Es nuestro particular homenaje a tan insigne escultor barroco afincado en esta ciudad durante casi cuarenta años y cuyo tercer centenario de su muerte celebramos ahora. Comenzamos con una joya artística de nuestro patrimonio mueble: el ángel lamparero suspendido de la bóveda de la capilla del Sagrario de dicho templo.

Datos históricos

La hermandad sacramental de El Puerto no poseerá capilla propia hasta el último cuarto del siglo XVII: la permutada con la fábrica de la Prioral por la primitiva sacristía, situada en la cabecera de la nave de la epístola. Será en 1694 cuando concluyan las obras de construcción y su decoración gracias a numerosas donaciones de hermanos, personas ilustres o nobles de la ciudad encargadas de comisionar a favor de la misma pinturas al fresco, retablo, frontal de altar y barandilla-comulgatorio de plata y otras piezas artísticas de interés, como el ángel lamparero que ahora estudiamos.

Gracias a Perdiguero Prado conocemos muchos datos de esta imagen: el nombre del donante (Cristóbal de Reynoso), la cantidad a que ascendieron los gastos de factura, policromía y pieza de hierro que sujetaba la escultura a la cubierta (2.175 reales) y la fecha de su instalación (mayo de 1695). Lamentablemente, la documentación silencia el nombre del imaginero que la tallara.

ICONOGRAFÍA Y ANALISIS MORFOLÓGICO

Como todos los ángeles, este lamparero de la capilla sacramental de la Prioral sigue una representación antropomorfa de varón joven, imberbe, de belleza andrógina, alado y con larga cabellera. Colgado de la bóveda, simula precipitarse en vuelo como mensajero celestial de Dios para sostener la lámpara que debía iluminar y custodiar permanentemente el sagrario así como recordar la presencia real y verdadera de Jesucristo en él.

Es de tamaño poco menor que el natural (140 centímetros de altura y 180 de envergadura con alas extendidas) y de elegantes proporciones. La acrobática postura la consigue adelantando y flexionando la pierna derecha como descendiendo y avanzando hacia el frente, manteniendo la izquierda retrasada. Los brazos, abiertos, también presentan una disposición contrapuesta, pues el derecho se despliega para con su diestra sostener la lámpara y el izquierdo queda más recogido sujetado un atributo hoy perdido.

En su cabeza, inclinada hacia la izquierda, destacan la cabellera (abundante, de gruesos, largos, ondulados, compactos y alborotados mechones) y las facciones del rostro de perfil ovalado y gran corrección formal, destacando los grandes ojos de expresión melancólica pintados sobre la madera.

Las alas son de gran tamaño, abiertas, rígidas, con vistoso y polícromo plumaje tornasolado predominando los tonos rojizo, gris y dorado que le aportan una gran belleza plástica. Su vistosa indumentaria se reduce a una larga túnica con múltiples y agitados pliegues que deja al descubierto el torso y, recogida en sendos broches a la altura de las rodillas, la parte inferior de las piernas. Destaca en ella su rica policromía en tonos rojo y dorado con labores ornamentales de motivos vegetales en su estofado y forro verde. El calzado se resuelve mediante botas cortas a la romana doradas con decoración floral en tonos rojizos que dejan asomar los dedos de los pies.

AUTORÍA Y ESTILO

Es indiscutible que se trata de una escultura de bulto redondo, tallada en madera de cedro policromada, de estilo barroco y escuela sevillana. La tradicional atribución a Luisa Roldán se debe a Romero de Torres (1934) y se repitió hasta su lógica refutación cuando en 1993 se conocieron los datos históricos expuestos. Era imposible que su autora fuera La Roldana porque cuando este ángel lamparero fue tallado ella se encontraba, desde 1688, trabajando como escultora de cámara en Madrid. Por tanto, sólo quedaba reconocer que se trataba de una escultura cuyo imaginero tenía que ser necesariamente el mismo que se hubiera encargado de la imaginería del retablo de Animas de la misma Prioral desde 1680 hasta poco antes de 1709, año en que se comenzaba a dorar.

Además de esta datación histórica, las similitudes morfológicas y estilísticas entre éstas y otras imágenes de Ignacio López (su nombre nos lo desveló Moreno Arana en 2006) nos acabarían confirmando que simultáneamente al retablo de Ánimas bien pudo trabajar en la hechura del ángel lamparero del Sagrario. Con ocasión de las obras de restauración de esta capilla (2007) pude acceder a esta magnífica obra, confirmar tales sospechas y disipar posibles dudas acerca de su paternidad.

La atribución a este discípulo de Pedro Roldán está más que justificada también ateniéndonos a caracteres formales y de estilo, tales como la teatral gestualidad en ademán y tratamiento de paños flotantes, el dinamismo postural y la agitación de los mechones de su cabellera, claramente roldanescos. El giro y esbeltez de su cuello o la colocación del dedo meñique de la mano izquierda (con la típica flexión acusada o camptodactilia) son otros detalles que se aprecian en muchas de las obras documentadas y atribuidas a López. Entre ellas podemos recordar por su similitud algunas figuras del Descenso al Limbo del retablo de Animas (la identificada como Abel por Moreno Arana, situada a la izquierda de la personificación de Adán o el mismísimo Jesucristo triunfante), otros ángeles tanto en El Puerto (el que corona el púlpito de la misma Prioral y el que ayuda a san Juan de Dios en el relieve de un retablo de la iglesia hospitalaria de la Misericordia) como en Jerez (san Gabriel del altorrelieve de la Anunciación en san Francisco), etc.

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