La Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, a la espera de la integración en el Instituto de Academias de Andalucía
Sobre la Academia
El Académico Francisco González de Posada protagoniza esta semana la entrega de Santa Cecilia
El Puerto y su Academia
A principios de este año 2025 tuvimos el honor de clausurar la exposición sobre el eminente cirujano español natural de El Puerto, Federico Rubio y Galí (1827-1902), al que hemos recordado en dos solemnes actos de nombramiento de Académicos de Honor a los ilustres médicos actuales Enrique Moreno y Javier Sanz Serrulla en las Reales Academias Europea de Doctores y de Medicina de Castilla -La Mancha. Rubio, famoso en Europa, fue llamado para atender a la Reina María de las Mercedes y bajo su recomendación Isaac Peral acudió al reputado cirujano alemán Ernst Gustav Benjamín von Bergmann. El médico portuense fue uno de los firmantes y benefactores iniciadores de esta Academia de Bellas Artes Santa Cecilia en 1900. Se han cumplido ¡125 años! de su existencia, de continua y eficaz contribución a la formación artística de la ciudad de El Puerto de Santa María.
Vivimos intensamente el largo y dificultoso tránsito de la Santa Cecilia de ‘academia docente’ de Bellas Artes a ‘academia ilustrada’ mediante la creación de un Cuerpo de Académicos, del que formó parte otro portuense universal, Rafael Alberti. La integración de ambos contenidos supuso una difícil aclimatación, pero se realizó con firme trayectoria, superando numerosos problemas de distintas naturalezas. La integración de ambos mundos la hace singular entre las academias andaluzas actuales. Integra, en sentido totalizante, el carácter generalista del conocimiento con la educación en las bellas artes, pensamiento y escuela, con el vivo recuerdo de la pionera de las academias: la Academia de Platón. Así abarca todo lo nuevo, pero sin pérdida de su identidad artística. También vivimos, si no estimulamos, su inclusión en la CECEL, la española Confederación de Centros de Estudios Locales.
En nuestros libros dedicados a la historia del siglo XVIII hemos establecido que la Ilustración española se expresó en dos etapas: una primera de ‘búsqueda de la verdad’ (razón y ciencia) y una segunda de ‘búsqueda de la utilidad’ (economía, industria, comercio). En la primera surgen las Reales Academias Nacionales de la Lengua, de la Historia y, precisamente, de Bellas Artes de San Fernando; en la segunda Sociedades Económicas de Amigos del País, que se difunden por todo el Imperio. Llama la atención el hecho de que, en las últimas décadas de dicho siglo, a pesar de la proliferación de éstas por la posterior provincia de Cádiz (Jerez, Sanlúcar, Puerto Real, …), ni en Cádiz ni en El Puerto se consolidaran estas Sociedades, consecuencia, a nuestro juicio, de sus aceptablemente bien establecidos consorcios económicos sociales.
En la España del desastre del Imperio y de la restauración, a la búsqueda de la Educación en El Puerto un conjunto de notables crea la institución docente privada Academia de Bellas Artes Santa Cecilia.
Con el advenimiento de la Democracia y de las Autonomías en el último cuarto del siglo XX español se produce una proliferación de academias territoriales (generalmente regionales, provinciales y locales), creadas prioritariamente desde los nuevos poderes políticos y, en consecuencia, como corporaciones de derecho público, con las ventajas asociadas a la seguridad presupuestaria y los inconvenientes de la dependencia y sumisión al poder político. Caso singular de esta proliferación ha sido el de Andalucía que culminó con la creación de un Instituto de Academias, al hilo del Instituto de España. En el instante original de esta proliferación de ‘academias ilustradas’ específicas, la privada ‘academia docente’ y ‘específica’ de Bellas Artes Santa Cecilia de El Puerto de Santa María entiende que, manteniendo su carácter privado, incrementar su naturaleza con la constitución como ‘academia ilustrada’ y ‘generalista’. Estas características -privada, generalista, docente, local- la hacen especialmente singular con una excepcional oferta educativa de servicio a la sociedad portuense.
La cultura académica española es pobre, la burocracia administrativa en sus diversos niveles exagerada, como mal enraizado en España, y las dificultades para lo singular -y, por ello, de especial valor- son muchas. La Academia Santa Cecilia precisa reconocimiento, atención y aprecio y requiere colaboración. Especialmente, por su carácter local, del Ayuntamiento; por su naturaleza académica, del Instituto de Academias de Andalucía. Quizás el camino de institución asociada en éste, como es el caso de la Sociedad Erasmiana de Málaga, pueda ser una vía para que la justa aspiración de la Academia Santa Cecilia se haga realidad.
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