El Puerto y su Academia
Han pasado 125 años desde aquella sesión inaugural de un 8 de diciembre
Ochoa, un precursor de las vanguardias
Paseaba hace pocos días por la bella ciudad de Zafra cuando reparé en una lápida adosada a una casa de la populosa Plaza Grande. En ella se nos dice que allí vivió largos años, en el XVI, el considerado primer campeón del mundo de ajedrez, el clérigo Ruy López de Segura. Así pues, aquella pequeña villa señorial, en pleno Renacimiento, se adornaba con todo un genio del ajedrez. ¿Sería posible algo así en estos tiempos en los que las grandes urbes absorben codiciosamente todo el capital humano, todas las oportunidades, casi la vida toda de la nación?
Hay un largo proceso de desposesión que arranca en el siglo XIX con la división provincial y con la lotería de la capitalidad para solo unas cuantas decenas de ciudades. Las villas y ciudades pequeñas o medianas, antaño pobladas por burguesías comerciales laboriosas y pequeñas aristocracias refinadas fueron quedando al margen, y a ello se añadió el terrible hundimiento de la enseñanza en la España del XIX, tras la cesión a los ayuntamientos, previamente arruinados por las leyes desamortizadoras, de las competencias educativas. La proletarización de las clases populares, ayunas de formación para ganarse la vida decorosamente, fue una de las consecuencias de la pavorosa falta de medios.
Algunos espíritus superiores fueron capaces de alzarse ante aquella situación por razones patrióticas, filantrópicas o religiosas. A esa estirpe perteneció don José Luis García Ruiz, secretario del Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, quien, junto a un grupo de beneméritos portuenses, decidieron en 1900 la creación de la Academia de Bellas Artes. En muy pocos años, tras ampliar sus estudios a lo que hoy denominaríamos formación profesional, la Academia se convirtió en un referente educativo en la ciudad. A esas actividades se unieron, desde el primer momento, las propiamente culturales, siempre mimadas por las sucesivas juntas directivas.
Han pasado 125 años desde aquella sesión inaugural de un 8 de diciembre y la Academia de Santa Cecilia, tan unida desde entonces a la historia de El Puerto y a todos sus avatares, sigue siendo una institución capital de la sociedad civil que desborda con mucho el marco inicial de sus pretensiones para erigirse en una protagonista clave en la agenda social y cultural de la ciudad. Gracias al trabajo de su Junta Directiva y a la colaboración de académicos y socios, la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, además de cultivar su primitiva vocación formativa y docente, contribuye de forma decisiva para que El Puerto mantenga frescos sus viejos laureles artísticos, literarios y culturales. Que así siga siendo por muchos años.
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