Ricardo Alcón, 'apóstol de la enseñanza en El Puerto'
Tribuna Libre
Así fue considerado este portuense de adopción al final de su vida por sus numerosos ex-alumnos, compañeros de profesión y amigos, que iniciaron una prolongada campaña para lograr el merecido reconocimiento por parte del gobierno y de las instituciones municipales, pues la ciudadanía ya lo veneraba.
Primero fue Manuel Ordóñez Garabito, quien en nombre de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia había solicitado al Gobierno en junio de 1927 la Medalla al Mérito del Trabajo para don Ricardo, "por entender que la concesión de dicha condecoración" para el socio fundador de la Academia y profesor de Dibujo lineal y de adorno durante 26 años era "de justísima recompensa a sus méritos".
Mariano López Muñoz fue uno de los que desde las páginas de Revista Portuense apoyó dicha campaña. Así escribía de Ricardo Alcón: "Le veréis pasar todas las noches en dirección a la Academia de Bellas Artes, de la que fue uno de sus fundadores… en la Academia enseña, noche tras noche, sin decaimiento, sin descanso, con igual rejo expresivo que hace veinte años, el dibujo industrial a unos aplicados obreritos". Y aseguraba que la herencia que dejaría Ricardo Alcón a la venideras generaciones de jóvenes sería el ejemplo, "¡el ejemplo!", algo tan grande que nada ni nadie lo podrá borrar. En aquella época en la Academia se enseñaba también 'Oficios', y Ricardo preparó a muchos jóvenes portuenses que se colocaron como oficinistas en las Bodegas o como delineantes en las factorías navales de la Bahía de Cádiz.
Sin embargo, el acto cumbre llegó el 1 de enero de 1928. Sus ex-alumnos prepararon un homenaje con motivo de su 80 aniversario, consistente en un almuerzo en el salón de actos de la Academia de Bellas Artes de El Puerto, sita entonces en el antiguo convento de Santo Domingo, servido por la casa 'Antigua de Cabo'. Según la crónica, en el turno de intervenciones hablaron varias personalidades y profesores de la Academia, incluido Alfonso Sancho que expuso que él como alcalde, y todo El Puerto en su nombre, se sumaban al homenaje al ilustre maestro.
Francisco Ciria fue más explícito y concreto, y acercándose a la Presidencia del banquete expresó los deseos de todos, dijo, de que al tramo de calle donde vivía don Ricardo se le pusiera su nombre. Y para terminar las peticiones de reconocimiento, su viejo amigo y correligionario republicano Adolfo Barra Asunsolo le pidió expresamente al alcalde que, como Don Ricardo era natural de Jerez, en vista de los reconocidos méritos que se habían expresado profusamente esa noche, se le nombrase Hijo Adoptivo de la Ciudad.
Después de tantas promesas, y tras haber pasado más de un año esperando noticias de su tramitación, la protesta y el apremio llegó desde la prensa. El periodista y escritor gaditano José Recio Díaz publicó el 2 de mayo de 1929 en Diario de Cádiz su artículo Homenaje a un educador. La Medalla del Trabajo para un anciano, interpelando a que Dionisio Pérez, que residía en Cuba en esos meses, utilizara su enorme influencia en recompensar como se merecía al ilustre maestro portuense. Al día siguiente Revista Portuense se hizo eco del mismo y se sumaba a las alabanzas a Ricardo Alcón, insistiendo en la concesión de la Medalla solicitada hacía ya casi dos años. Este artículo de Recio aún se publicará un mes más tarde en el diario Nuevo Mundo (Madrid) y en su interior el periodista situaba a Ricardo Alcón entre los hombres ilustres de la provincia de Cádiz, y decía que, aunque jerezano de nacimiento, este portuense de toda la vida llevaba más de medio siglo "sembrando el bien y cultivando las inteligencias juveniles" en El Puerto. Razón por la cual volvía a solicitar del Gobierno la Medalla al Trabajo "para honrar las canas y las arrugas de este Apóstol de la pedagogía que se llama Ricardo Alcón".
Y Dionisio Pérez contestó. Lo hizo desde las páginas de ABC de Madrid en el mes de octubre, y en su artículo escribía que de niño había conocido a Ricardo Alcón, y que "todo El Puerto" veía cómo pasaban los días y el Gobierno de forma incomprensible no concedía esa distinción a "una labor educadora de más de medio siglo", tal como se había solicitado en el homenaje de la Academia de Bellas Artes.
Pero el Gobierno del general Primo de Rivera dejó de lado a Ricardo Alcón y a los promotores de su reconocimiento. Ricardo Alcón no obtuvo la Medalla del Trabajo solicitada con tanta insistencia. El ayuntamiento portuense tampoco cumplió su palabra. En marzo de 1928 la Corporación Municipal sí acordó conceder el título de Hijo Adoptivo e Hijo Predilecto de la Ciudad al acaudalado benefactor de la ciudad Elías Ahuja Andría. Para Ricardo, el pobre maestro, no hubo esa distinción.
Al menos tuvo su calle. Aunque no la vieron sus ojos. En abril de 1930, el Ayuntamiento presidido por Eduardo Ruiz Golluri acordó rotular la antigua calle Correo con el nombre de este ilustre maestro, que acababa de fallecer hacía pocos meses. Los azulejos amarillos que encargaron a un ceramista de Triana (Sevilla) aún podemos verlos en las paredes de El Puerto. Es lo único que nos recuerda a Ricardo Alcón, hijo de un barquero portuense, jerezano de nacimiento y portuense de adopción. Alguien mucho más humano y edificante que un rótulo de calle.
Lo que de verdad nos habla, con palabras llenas de sentimiento, de lo que significó este "apóstol de la pedagogía" para sus coetáneos, está más escondido. Se encuentra en el Cementerio de la ciudad. En el primer patio derecha, Santa Adela, veréis la lápida que, nuevamente a iniciativa de sus ex-alumnos y amigos, que no podían consentir un enterramiento tan pobre para un hombre tan grande, colocaron en su nuevo nicho de bóveda, producto de una suscripción popular sin precedentes. Allí, y en estas sencillas líneas, está el verdadero Ricardo Alcón, al que la ciudadanía portuense debe recordar y admirar.
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