Flamenco

Lleno en el teatro Pedro Muñoz Seca con motivo del espectáculo ‘Nadie es inocente’

  • En esta ocasión no hubo toses, ni móviles, ni ruido de envoltorio de caramelos, con un público entregado

Un momento del espectáculo ‘Nadie es inocente’, con Jaime Cala e Irene Olivares. Un momento del espectáculo ‘Nadie es inocente’, con Jaime Cala e Irene Olivares.

Un momento del espectáculo ‘Nadie es inocente’, con Jaime Cala e Irene Olivares.

El pasado sábado por la noche asistimos en el teatro municipal Pedro Muñoz Seca, completamente lleno, a un espectáculo flamenco importante, un espectáculo que podríamos calificar de ballet, de teatro o de tragedia pero en cualquier caso, de hondas raíces lorquianas.

El comienzo del espectáculo con la mujer tendida en el suelo y el hombre sentado apesadumbrado en un banco ante ella ya nos hacía presagiar el fondo de la trama que nos iban a contar y que contaron muy bien, haciendo uso de todos los recursos a su alcance.

Santiago Moreno, autor de la obra y director de la misma, nos mostró una historia llena de situaciones muy arraigadas en Andalucía y sobre todo en la etnia gitana. Los celos, el amor desgarrado, la venganza, la pasión y la falta de miedo al resultado de sus acciones y al castigo están perennemente presentes en el desarrollo de la obra.

Jaime Cala e Irene Olivares estuvieron magistrales en sus papeles como era de esperar conociendo la trayectoria y la cualidades técnicas de ambos, pero a su lado brillaron también poniendo de relieve sus facultades, la cantaora Eva de Rubichi y El Almendro, con el toque de Santiago Moreno, sin olvidarnos de la calidad dramática de Antonia Leva, en un papel desgarrador como narradora de la historia con momentos que pusieron los bellos de punta a la mayoría de los espectadores.

Como una prolongada petenera se fue desarrollando la trágica historia con el público entregado, sin toses, sin móviles, sin el ruido de desenvolver caramelos. Al final, el público puesto en pie premio con una prolongada ovación a los actores y al autor y director de la obra que se vieron obligados a saludar en numerosas ocasiones al respetable.

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