Crítica teatral / El Puerto

Gris plomo-verde oliva

Un momento de la representación teatral que ha inaugurado la temporada en El Puerto. Un momento de la representación teatral que ha inaugurado la temporada en El Puerto.

Un momento de la representación teatral que ha inaugurado la temporada en El Puerto. / Andrés Mora

LA GEOMETRÍA DEL TRIGO  (***)

Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto de Santa María. Día: Sábado 7 de Marzo de 2020. Aforo: Casi lleno. FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA: Texto y dirección: Alberto Conejero. Escenografía: Alessio Meloni. Iluminación: David Picazo. Vestuario: Miguel Ángel Milán. Espacio sonoro y música original: Mariano Marín. Audiovisuales: Bruno Praena. Reparto: José Bustos, Zaira Montes, Eva Rufo, José Troncoso, Consuelo Trujillo y Juan Vinuesa.

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De nuevo los aficionados al Teatro podemos disfrutar en nuestro Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de otra temporada teatral, la de Invierno-Primavera 2020. La gente tenía ganas de teatro y eso se nota aunque, cosa extraña, el aforo no se llenó. Como siempre, el público deseoso de ver esas obras que a lo largo del año se han ido estrenando en diferentes lugares de España, sobre todo Madrid y Barcelona y que ahora, todas juntas en una Temporada, se nos ofrecen a los portuenses.

'La geometría del trigo' nos cuenta una de esas historias, casi leyendas, que oídas de niños se nos enquistan en el cerebro y es imprescindible, ya de adultos, dejarlas salir, recrearlas, vivirlas tal como las interpretamos en su momento o las imaginamos, no siempre acorde a la realidad y quedar tranquilos tras el parto, aunque a veces sea doloroso. Una pareja, los dos arquitectos, de Barcelona, Joan (José Bustos) y Laia (Eva Rufo), viajan hasta un pequeño pueblo del sur para asistir al entierro del padre del joven, al que no vió en toda su vida. Atraviesan España de punta a punta, tanto el territorio como los años que le separan de su origen recreando una historia oída, no vivida, ocurrida justo antes de su nacimiento, en un viaje hacia la esperanza, aunque una esperanza llena de dolor. La geometría del trigo es un viaje de “ahora” a “entonces” y de “entonces” a “ahora”, tiempo y espacio en una geometría espacio-temporal.

La pareja va repasando el recuerdo de personajes supervivientes de aquella historia oída muchos años antes. Los dos jóvenes intentarán comprender y asimilar lo ocurrido en el pasado pero sin dejar de mirar el futuro.

La obra es en gran medida autobiográfica, por eso todo cuanto en ella se ve y se oye tiene la pátina de lo verdadero. Alberto Conejero que escuchó, de boca de su madre, la historia ocurrida unos cuantos años antes de su nacimiento, historia que corría de boca en boca, en voz baja, entre los habitantes del pueblo, historia llena de silencios, falsas interpretaciones, antipatías personales, venganza, despecho entre unos y otros, pasión, amor y sexo.

El espectador no sabe cuánto de ficción hay en la historia de Antonio y Beatriz ni en la de Antonio y Samuel pero eso no importa porque no se trata de que la historia sea real sino verosímil. La que el hijo ya adulto descubre del pasado, años después cuando acuda al funeral de ese padre al que no llegó a conocer.

El autor enfrenta a sus personajes ante el dilema del amor oscuro y el deseo de libertad y vida y, por qué no decirlo, el amor y como en toda obra de amores prohibidos, hace que los personajes marcados por sus prejuicios, por sus miedos, sus silencios y los tabúes de la sociedad en que vivían, deben de elegir, decidirse o no y tomar una decisión.

Los olivos de Jaen y las minas del Norte tienen gran importancia en la obra. La escenografía de Alessio Melonies, esquemática pero efectista. Una rueda de carro y algunos bancos para el descanso de los aceituneros, los mineros y demás personajes. Muy acertada también la iluminación de David Picazo aunque para mi gusto sobra el trazado de neón azul eléctrico que nos recuerda mas bien una discoteca. La música suave y armoniosa de Mariano Marín, estupenda. También cumple su papel el vestuario creado por Miguel Ángel Milán, así como los audiovisuales de Bruno Praena y Xavier Bobés, uno de los cuales es el elemento principal del decorado.

El público, unos mas y otros menos, salió contento de la función. Unos entendieron mejor la forma con la que el autor y director trazó el esquema (la geometría) de la historia y otros, menos, pero el resultado es positivo y hay que aprender a ver teatro montado de formas muy diversas.

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