El Puerto / Tribuna Libre

Gracias a Samuel

Salvador González Mateos.

Lo vi salir del vehículo, tras culminar una y larga y kilométrica jornada de trabajo, y lograr la azarosa tarea de encontrar aparcamiento en nuestra calle (en tiempo de pandemia mucho mas difícil todavía, qué de madrileños…).

Venía cargado de maletines y otros enseres de trabajo. De pronto torció el gesto y la indignación rebosó por su rostro. Con determinación aceleró sus zancadas dejando la carga que llevaba en el suelo del pasillo que conduce a su casa. Sin siquiera acercarse al hogar para besar a sus hijos, el momento mas feliz en la rutina de volver a casa y con celeridad felina se dirigió al contenedor, su contenedor, encaramándose frente a la montaña de bolsas, cajas de cartón (el cartón en tu casa córtalo, dóblalo, pliégalo… y después a SU contenedor) y restos de las obras procedentes del chapuceo.

El corpulento Samuel ,en un santiamén y a dos manos sin guantes, en tiempos de pandemia, colocó toda la inmundicia incívica DENTRO del contenedor (nuestro contenedor). Dejó la calle como los chorros del oro. Servidor había sido testigo de cómo la escena se repetía, volvían a lo largo del día los acúmulos de cochambre de todo tipo, al lado del enorme paso de peatones que da al parquecito. No había podido pillar in fraganti a ningún incívico de turno, y me sentía testigo impotente de ver la calle, como el resto de casi todas las calles de nuestra ciudad, llena de porquería.

Rememoré una escena que viví al año de empezar a vivir en El Puerto:

  Barra del Bar Rempujo, esquina del Ayuntamiento, tres concejales fumando, más el sempiterno y omnipresente Antonio Caraballo; yo con mi bisoñez y veintitantos años les intentaba convencer de la perentoria necesidad de hacer campañas de educación cívica en las calles y en las escuelas. Y saltó el concejal mas orondo, de esos que sentencian y lo arreglan todo desde la barra de un bar:

    -"¿Civismo, qué coño civismo? La gente no tiene remedio, es guarra por naturaleza. Aquí lo único que entienden es el palo, la mano dura y las multas. Si me dejan a mí los guarros se enteran”. Y con ademán torero se retiró de la barra, lanzando la colilla al suelo, la cuál se perdío entre otras muchas, servilletas y restos del tapeo que habían arrojado los munícipes en su hora de cháchara arreglando el mundo.

En los últimos meses, me estaba convirtiendo en un testigo impotente y derrotado, de cómo las manzanas podridas contagian a tantos ciudadanos convirtiendo nuestras calles en “un Puerto que no es de película”, pero muy indignado por que los muchísimos millones que se embolsa la Concesionaria de Limpieza, manteniendo a cambio tanta cochambre cotidiana en este queridísimo Puerto. En mi debilidad, llevaba unos años enfermo, muy a menudo me preguntaba si esa vieja cantilena que he escuchado a izquierda y derechas, a jóvenes y menos jóvenes: "En España el incivismo no tiene remedio, y menos por aquí abajo".

Casi cuarenta años después, en la puerta de mi casa, en plena pandemia, al contemplar a Samuel con su fuerza y determinación, dos lagrimas pugnaban por salir de mis lagrimales.Un pensamiento me sacudió como un rayo: "Quizás la batalla ciudadana no este totalmente perdida”. Sin dudarlo me acerque hacia el contenedor, aplaudiendo sin cesar, y con voz un tanto emocionada le dije tres palabras: "Gracias, gracias y, gracias..."

NOTA: Dedicado a la gente como Samuel, que no solo se indigna y se pringa de alguna que otra manera en mejorar lo que es de todos, Y pienso muy especialmente en ese montón de buena gente que dedican parte de su tiempo, cuando no muchísimo tiempo, a "luchar por lo público y mejorar la situación de los enfermos, de los mas desfavorecidos, preservar la cultura o nuestro entorno", y tantos más.

No, a ellos no se lo dedico, a los vividores del cuento Medio Ambiento o de la archicacareada sostenibilidad (cuánto zángano para hacer tan poco, exceptuando las excepcionales excepciones, que hay algun@). Y tampoco esta dedicado a los del chollo de las concesionarias de limpieza publica y mentiras varias, ni a sus inspectores de "café con leche", ni a los nepotes enchufados, ni a los recomendaos de concejales y padrinos.

A esos les advertimos que el "compromiso civíco" tendrá dos consecuencias: El despertar cívico de muchos ciudadanos y como consecuencia habrá mas ojos y más manos para vigilar la rentabilidad y eficacia del servicio; para denunciar y acabar con la impunidad del contubernio Concesionaria de Limpieza e irresponsables municipales, ya sean técnicos o políticos.

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