El orden de los tiempos

Federico Rubio, cirujano y político

  • Cuando llegó la República fue nombrado embajador en Gran Bretaña, donde adquiere experiencia como cirujano. A su regreso a España inicia la ginecología operatoria.

Del paso de Federico Rubio y Galí por nuestra ciudad, nacido el 30 de agosto de 1827, por cierto en una casa de la Calle Larga, pocos signos quedan. Dio nombre a una calle y recientemente al centro de salud de la calle Ganado. Si bien historiadores locales se han interesado por la inmensa figura de este insigne portuense y lo que significó Federico Rubio en la medicina y la política, los portuenses de a pié conocen poco de este portuense y su relevancia en el contexto mundial de la medicina y menos de su efímero paso por la embajada de España en las Islas Británicas.

Cuando se recibe en El Puerto, el 11 de febrero de 1.873, la noticia de la proclamación de la República, tras la renuncia del Rey Amadeo, el pleno municipal acuerda: 'enterado el Ayuntamiento con la mayor satisfacción de este fausto acontecimiento que abre un provenir de gloria y bienestar a nuestra querida patria, y que ardientemente deseaba el sentimiento público'. Además del texto de adhesión, se toman los siguientes acuerdos: 'Que repiquen las campanas de todas las iglesias; que los vecinos engalanen e iluminen las fachadas de sus casas; el reparto de dos mil limosnas de media hogaza de pan, media libra de carne, una onza de tocino y un cuarto de garbanzos a las clases pobres, todo ello con cargo al capítulo de imprevistos'.

Mientras todo esto ocurría en nuestra ciudad, el doctor Rubio decide poner en funcionamiento la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla. Así el 10 de octubre de 1.868 se creaba por Decreto de la Junta Revolucionaria sevillana y a petición de Rubio la citada escuela, ateniéndose a 'los criterios de libertad de enseñanza y de asociación libre, sin subvención del estado'. En ella se impartió el doctorado en medicina, se creó la primera cátedra española de histología y se instituyó la pediatría como enseñanza reglada, convirtiéndose años después en Facultad de Medicina mediante Real Orden de 14 de septiembre de 1.875.

Es justamente en la segunda mitad del siglo XIX cuando se produce la revolución quirúrgica europea, propiciando que los cirujanos fuesen capaces de penetrar con el escalpelo en zonas del organismo hasta entonces intocables. Y como no podía ser de otra manera, el carácter abierto, investigador y viajante de Federico Rubio, le lleva a convertirse en pionero en ese complicado y hasta ahora desconocido mundo de la cirugía mayor.

Mi buen amigo Francisco Herrera, catedrático de Historia en la UCA, ha estudiado a fondo las técnicas que practicaba nuestro insigne cirujano, a partir de un trabajo que publicó Rubio en Sevilla en el año 1.868: 'Apuntes de mí práctica sobre los tumores y quistes del ovario, y el resultado de su tratamiento médico y quirúrgico'.

Herrera llega a la conclusión de que 'el doctor Rubio fue introductor de varias técnicas quirúrgicas, entre la que destaca la ovariotomía, que consistía en abordar los quistes ováricos'. Se atribuye al cirujano la fama de haber sido el primero en España en practicar la ovariotomía, concretamente en el año 1.863 en Sevilla, llegando a experimentar en su dilatada trayectoria quirúrgica tanto el tratamiento intraperitoneal como el extraperitoneal, señalando en cualquier caso como causas de fracaso terapéutico en estas intervenciones, la hemorragia y la infección. También fue el organizador de la primera consulta de Vías Urinarias en España, en el Instituto de Terapéutica Operatoria, primer centro quirúrgico español de especialidades médicas, creado por él en Madrid.

Pero el inquieto doctor portuense, no sólo abarca con éxito el campo de la medicina y la cirugía, sino que se inmiscuye en la sociedad en la que vive y se incorpora con notoriedad en el complicado mundo político de la época. Es durante su etapa como médico en el Hospital Central de Sevilla, cuando comienza a relacionarse con políticos e intelectuales progresistas y en 1.854 se adhiere al republicanismo federal del político catalán Pi y Margall.

Debido a su alineamiento ideológico, Rubio se convierte en exiliado y en 1.860 viaja a Inglaterra y Francia, donde en su afán de aprender trabaja en los más importantes hospitales de Londres y Paris y se relaciona con las primeras figuras europeas de la medicina.

Pero es en el denominado 'sexenio democrático', que se inicia el 18 de septiembre de 1868 con el pronunciamiento de la Escuadra del Almirante Topete en la Bahía de Cádiz, cuando Rubio, ya en España, llega a ser Diputado por Sevilla y posteriormente Senador. Desde entonces y hasta diciembre de 1874, España vivirá seis años de continuos cambios políticos que pasarán por un Gobierno Provisional, una Monarquía y una efímera República cuando la figura del doctor Rubio adquiere relevancia internacional en la política ya que es nombrado embajador en las Islas Británicas. La monarquía inglesa no reconoce al régimen español y Rubio, ni corto ni perezoso, se dedica a recorrer las principales clínicas del país y de EE.UU., donde profundiza en la que es su pasión, la medicina y la cirugía.

Cuando fallece en Madrid el 31 de agosto de 1902, los intelectuales de la época lo definen como hombre de gran personalidad, bondadoso de carácter, con rectitud de principios, intelectual de amplios conocimientos, pedagogo de fácil oratoria, demócrata con ideas liberales, sociólogo eminente, médico insigne y cirujano excepcional. Y nosotros los portuenses si saberlo. Es hora de que reflexionemos sobre nuestro pasado. Sin él es imposible entender muchas de las cuestiones de la más rabiosa actualidad.

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