Crítica de Teatro

Democracia: un banco, un voto

Una de las escenas de la obra representada en el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto. Una de las escenas de la obra representada en el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto.

Una de las escenas de la obra representada en el Teatro Municipal Pedro Muñoz Seca de El Puerto. / Andrés Mora

Contra la Democracia  (***)

Teatro Municipal “Pedro Muñoz Seca” de El Puerto de Santa María.Día: Sábado 23 de Noviembre de 2019. Aforo: Casi lleno. Compañía: Teatro Noctámbulo. Autor y traducción: Esteve Soler. REPARTO Memé TabaresGabriel Moreno, Marina Recio, José Vicente Moirón. FICHA TÉCNICA Diseño de escenografía: Mónica Teijeiro. Diseño de vestuario: Rafael Garrigós. Selección musical: Antonio C. Guijosa. Diseño de iluminación: Daniel Checa. Caracterización y maquillaje: Pepa Casado. Director: Antonio C. Guijosa.

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Muy oportuna función sobre la Democracia y las Elecciones en estos momentos en que estamos viviendo y en el que tratan de convencernos de que somos los ciudadanos los que elegimos a quienes nos gobiernan pero, se dice en la obra, el capitalismo consumista se aprovechó de la palabra en beneficio propio hasta convertirla en algo negativo. En nombre de la democracia los políticos se sienten legitimados para cometer o consentir cualquier tipo de atrocidad por un bien superior que acabará por justificar los inevitables y puntuales daños que se produzcan como nos muestran cada día la prensa y la TV. “Democracia”, nos dice el autor, es la palabra mágica que permite a los poderes públicos hacer cuanto deseen en beneficio propio y contra los intereses de los ciudadanos. Algo con una acepción a priori tan positiva como la Democracia puede convertirse en negativo y peligroso si se pervierte o se malinterpreta. La obra trata de poner nervioso al espectador y divertirle a partes iguales y lo hace de forma directa, con valentía.

La Compañía extremeña Teatro Noctámbulo nos ofrece esta obra de Esteban Soler compuesta por siete pequeñas piezas, en clave de pantomima, entre cómicas y absurdas, en las que se pone en solfa a la Democracia. Son siete miradas a nuestro sistema político desde distintos puntos de vista, pero todos demoledores e incisivos para el espectador, para el ciudadano, siete puntos de vista marcados por el desengaño, exagerados y a veces cargados de una agresividad surrealista cercana al teatro del absurdo pero coincidentes todos con lo que pensamos los ciudadanos sobre nuestro sistema democrático cuando vemos lo que vemos cada día en los periódicos y en la TV. y que aquí se nos presenta a través de escenas inquietantes y reveladoras dirigidas muy acertadamente por Antonio C. Guijosa que las dota de credibilidad -ciertamente no por igual en todas las piezas- a través de imaginación y sentido del ritmo y de la sorpresa.

La función nos muestra una fábula en la que el poder político manejado por el económico, decide eliminar al pueblo, a la ciudadanía y volver a crearlo de forma mas conveniente para sus intereses. Una gigantesca araña teje su tela sobre todo cuanto sucede en escena y todos los personajes se encuentran atrapados por ella. En las siete piezas vemos sucesivamente a una pareja que se queja del Sistema pero promete vengarse en las próximas elecciones, un hombre que predica la igualdad pero no quiere ser igual al amigo al que ha golpeado, un matrimonio que decide matar a su hija para ayudar a acabar con la crisis, dos políticos de distintas épocas incapaces de ponerse de acuerdo, unos vecinos víctimas de su ignorancia y una mujer musulmana que descubre la fragilidad de la Democracia.

Cuatro actores cargan con la responsabilidad de representar múltiples personajes y han de jugar con diferentes actuaciones casi sin tiempo para realizar los cambios de personaje. José Vicente Moirón y Gabriel Moreno deben dividirse y representar tanto a víctimas como a verdugos. La escena entre los dos políticos que quieren reformular la ciudad, resulta inquietante por su veracidad ante las dos caras del político, el corrupto y el dispuesto a corromperse. Memé Tabarés, por su parte, demuestra ser una gran actriz que sabe combinar elegancia y expresividad para enfrentarse al drama de lo que no acierta a comprender. Marina Recio interviene en dos de las piezas más comprometidas de forma muy acertada.

La escenografía y la iluminación son dos de los principales factores del éxito de la función, aparte, por supuesto, de la gran labor del director Antonio G. Guijosa.

El público, entre sorprendido y preocupado, premió con aplausos no demasiado entusiastas, la labor de los actores y la puesta en escena.

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