Música / El Puerto

Carlos Villoslada, cuando el sonido del saxo sale del corazón a borbotones

  • La sala Stardust, con un apreciable ambiente, recibió a Carlos Villoslada (saxofón), Polo Rodal (guitara) y Fernando Vargas (guitarra)

Carlos Villoslada, en una de sus interpretaciones con el saxo en la sala Stardust de El Puerto.

Carlos Villoslada, en una de sus interpretaciones con el saxo en la sala Stardust de El Puerto.

De nuevo “los jartibles” del Jazz se dieron cita en la ya conocida “The Cavern” portuense. Y es que Stardust -pese a su juventud-, sigue ofreciendo mucho contenido. El que, con mucha pasión, defienden con uñas y dientes Jesús Sevillano e Idelfonso Marín.

Si a este escenario, cargado de razones y de sentimientos, añadimos la integridad manifiesta de Carlos Villoslada, ya ni les cuento. Y si encima este gaditano de adopción (nacido en Huelva), se acompaña de Polo Rodal y Fernando Vargas, todo lo que trate de reseñar en esta crónica resultará una aguja en un pajar.

No hay más que dar un mero repaso a su extensa experiencia. La de un indudable maestro. Se paseó por Festivales de Jazz, de mucha enjundia. Manchester (Reino Unido), Perafest de Estambul (Turquia), Caracas y Nagua-Nagua (Venezuela), Schoten (Bélgica), Portugal, Rabat, Tanger y Tetuán (Marruecos), entre otros destinos internacionales. España se la recorrió de norte a sur. Y se rodeo de músicos de la talla de Jorge Pardo, Jerry González, Carlos Benavent, Miguel Chastang o Rubem Dantas. Y en el ámbito del flamenco: Raimundo Amador, Juan Villar, El Niño la Leo o Rancapino, entre muchos.

En el terreno de la docencia, imparte clases en la Escuela de Música Moderna y Jazz de la Universidad de Cádiz. En alguna de sus clases en la UCA le oí decir (y lo anoté) que “el saxofón es un instrumento que se parece a la manera de expresar la música cantando. Es lo más cercano al cantico del ser humano. El medio por el que se transmiten las ideas y los sentimientos”. Y añadía, en alguna entrevista, sin cortarse un pelo (con la cercanía, humanidad y sencillez que le caracteriza), que “el saxo es una prolongación del propio cuerpo, la caja de resonancia del instrumento eres tú y este vibra cuando se hace sonar…”

Así las cosas, después de este preámbulo, traigo a estas líneas lo que vivimos la otra noche en ese rincón de Las Galeras. Un tanto contenido, no es para menos. Que uno de sus alumnos ponga negro sobre blanco lo que fue ese plácido y agradable concierto, tiene plan.

Vayamos al turrón. Carlos Villoslada nos hizo vibrar, de eso no tengo dudas. Y lo hizo a través de unas pinceladas sonoras -con técnica y armonía-, hechas desde el corazón. A borbotones, de manera visceral, las voces del saxo contorsionaban y se ajustaban al ambiente. Seriedad y mucho sentimiento.

Vino para susurrarnos a través de la música que no es necesario la destemplanza, ni los malos modos, ni los gritos altisonantes para la galería. Vino para traernos mesura, serenidad, sosiego. Quedó la huella del sonido sin estridencias.

Pon a tu mesura una pizca de locura, que decía el filósofo. Y así, de manera pausada, pero intensa, las partituras iban dejando paso a la improvisación más ordenada. El dinamismo nunca estuvo reñido, la otra noche, con la sutil rítmica de las guitarras. La de Polo y la de Fernando. Sublimes.

Noche cargada de quietud, de evocaciones, de silencios musicales, de agrado, de honestidad. Como el mismo escribió en alguna de sus composiciones, la nostalgia es lo que atrás se queda y la alegría es lo que a mi me espera. Carlos Villoslada pasó por El Puerto y nos dejó su corazón en forma de saxo. Casi nada.

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