Tribuna Libre

¿Aprovechar la crisis?

Una imagen de la calle Misericordia, en pleno centro histórico.

Una imagen de la calle Misericordia, en pleno centro histórico.

Se ha escrito muchas veces, desde el optimismo, que las crisis traen al mismo tiempo oportunidades. Esto es, si se saben aprovechar a tiempo. Uno tiene que mostrarse, sin embargo, escéptico en el caso de El Puerto de Santa María porque aquí no puede hablarse de una sola crisis, sino de una sucesión de crisis, todas ellas desaprovechadas.

Ahora le toca a la ciudad de los Cien Palacios, como a tantas otras de este país y del ancho mundo, la crisis provocada por un insidioso virus, que atenta lo mismo contra la salud que contra las economías, y es de temer que tampoco vaya a aprovecharse.

Yo mismo he propuesto en algún artículo anterior para este periódico y he escuchado también decir a quienes gobiernan El Puerto que hay que aprovechar las nuevas prácticas laborales para traer a quienes tienen la posibilidad de dedicarse al teletrabajo sin que importe dónde.

A diferencia de otras localidades de esta misma provincia, El Puerto está excelentemente comunicada por carretera o ferrocarril tanto con Cádiz, con Jerez y su aeropuerto, con Sevilla y, por supuesto, también con la capital de España, actualmente confinada bajo el impacto de la pandemia.

Puede presumir además de una luz y un clima que la hacen sumamente atractivo no ya sólo para los connacionales de otros lugares de la península, sino sobre todo para esa gente del centro y del norte de Europa a la que le gustaría huir de la oscuridad y de las brumas, sobre todo durante las temporadas de invierno.

Estos últimos podrían además beneficiarse de una buena gastronomía a precios mucho más asequibles que en esa otra Europa. Habría, sin embargo, que cuidar aquí mucho más que hasta ahora la agricultura y la ganadería ecológicas para aumentar entre nosotros ese tipo de oferta, por el momento desgraciadamente escasa.

Cuando hablo de traer a El Puerto a una población laboral activa para que desarrolle aquí su actividad, no estoy pensando en las urbanizaciones de

la costa, sino más bien en su casco histórico, actualmente casi abandonado.

Se ha dicho muchas veces que el problema de esta ciudad es precisamente la despoblación del centro, la falta de vida y de comercios, debido sobre todo al éxodo de tantas familias bien a los barrios periféricos como a las lujosas urbanizaciones de la costa Oeste.

Basta darse una vuelta por el casco histórico para darse cuenta del declive que éste sufre desde ya años y que se traduce en el cierre o traslado de comercios, al estado ruinoso de tantos antiguos y hermosos edificios, de los que no parecen quedar más que las fachadas, de la suciedad que se acumula tras las rejas de las tiendas que llevan años cerradas, a todo lo cual los vecinos parecen haber terminado acostumbrándose.

Es, sin embargo, harto dudoso que en su actual estado de abandono, el centro del Puerto, que es el que se quiere y es urgente reavivar, vaya a atraer a mucha gente de otros países, acostumbrada por lo general a otros estándares de conservación urbana.

De mis conversaciones con muchos que viven o trabajma en el casco histórico hace tiempo que llegué a la conclusión de que uno de los más graves problemas de El Puerto es la enorme burocracia de su Ayuntamiento, que sólo sabe poner pegas a cualquier intento de renovación o restauración de edificios y disuade siempre a quienes lo intentan.

Por otro lado, los comercios, los restaurantes y los bares de El Puerto no pueden vivir sólo de la afluencia de gente en algunas fechas señaladas del año como puede ser la Semana Santa, las Navidades o los fines de semana durante los meses de verano, que parece ser muchas veces la única preocupación del Ayuntamiento.

He observado también en muchos portuenses una extraña falta de orgullo en relación con su ciudad que contrasta con el sentimiento que uno llamaría casi “patriótico” – en el sentido de pequeña patria- que uno nota entre los vecinos de tantas otras localidades de la misma provincia.

En resumen, uno diría que para convertir la actual crisis en una oportunidad para El Puerto, las autoridades que la gobiernan y la oposición que aspira a hacerlo la próxima vez deben esforzarse en hacer de su conjunto histórico un lugar capaz de atraer a familias jóvenes y todo tipo de profesionales, facilitando, en lugar de obstaculizar, las necesarias reformas, sin que éstas vaya en detrimento de su encanto monumental, que es lo que la convierte en única.

¿Estarán esta vez todos a la altura que se espera de ellos? Es algo que ya no puede esperar más. Repetiré el eslogan de una campaña impulsada por un grupo de vecinos concienciados hace años: "SOS. Salvemos El Puerto”.

Los sucesivos gobiernos municipales se han escudado una y otra vez en las continuas demoras en la aprobación del pomposamente denominado Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Conjunto Histórico y Entorno, popularmente conocido por sus siglas de Pepryche.

Puede haber algo de cierto en eso, lo cual no justifica de ninguna manera la inflexibilidad mostrada por los técnicos del Ayuntamiento en relación con cualquier intento de reforma, aunque sea sólo para pintar del mismo color una fachada o colocar un toldo, según se quejan, desesperados, muchos vecinos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios