Elecciones Municipales en El Puerto Una temporada que nunca llega

  • Desde 2015, la Plaza de Toros se ha convertido en uno de los grandes retos a los que se tienen que enfrentar los Gobiernos

  • La afición, especialmente de fuera, sigue intrigada el devenir de los hechos ante la falta de carteles y de fecha de inicio de temporada

Una temporada que nunca llega Una temporada que nunca llega

Una temporada que nunca llega / Andrés Mora

QUIÉN la ha visto y quién la ve. Mientras las dudas aumentan, la Plaza de Toros permanece estática, inerte, como somnolienta, a la espera de poder despertar al son de sus clarines. “¿Qué está pasando este año con los toros en El Puerto?”, preguntan los aficionados de fuera (especialmente los jerezanos y sevillanos). El portuense, quizás por no aburrir y contar una historia interminable, se encoge de hombros: “Nada, nada. Una historia muy larga”.

A la fecha que estamos, aún no se sabe nada de la temporada de este año. Y lo más sangrante de todo es que no es la primera vez que se da esta situación. Parece que sobre la Plaza de El Puerto ha caído una maldición, donde desde hace varias temporadas la desidia y el desánimo se ciernen sobre un edificio que ha pasado a formar parte de la lista de retos a los que se tendrá que enfrentar el próximo equipo de Gobierno que tome el mando. Los carteles se anuncian a duras penas, las buenas faenas no terminan de cuajar y los conciertos y promotores culturales prefieren irse a otras localidades gaditanas. ¿De quién será la culpa? ¿De los políticos, de la empresa o de la afición?

Si empezamos por el final, hay que tener en cuenta que los taurinos responden y cumplen con su parte. Está más que comprobado que un buen cartel atrae a público de toda España, que termina alojándose y consumiendo en la ciudad. Tan sólo hay que recordar cómo se puso El Puerto hace ya más de diez años, (el 10 de agosto de 2008), con el mano a mano entre José Tomás y Morante. Ni en los bares ni en los hoteles cabía un alfiler. Todo vendido y hasta la bola. Quizás esto último sea el motivo más importante por el que tanto los políticos -independientemente de su ideología- como la empresa, deberían preocuparse. Por crear una buena agenda de eventos y por fijar el inicio de la programación en una fecha prudente. De nada valen los conciertos de última hora, a prisa y corriendo, que al final a veces no llegan ni a celebrarse (de los tres que se anunciaron el verano pasado sólo se celebraron dos). Por aquí han pasado la crème de la crème. Julio Iglesias, Manuel Carrasco, Vanesa Martín, Isabel Pantoja... Los conciertos de los años 80 y las galas de Carnaval están muy bien, pero El Puerto se merece más.

En El Puerto los toros y la Plaza son un tema serio, casi una religión. Gusten más o gusten menos, es indiscutible el arraigo que la Fiesta Nacional ha tenido aquí siempre. Según la Guía histórico-artística de El Puerto, escrita por Olga Lozano Cid y Mercedes García Pazos (una joyita), en El Puerto han existido los toros desde siempre. En sus orígenes el toreo tomaba el espacio público por completo y las primeras líneas de su historia se escribían a galope de caballeros maestrantes que, a falta de guerras, se mantenían en plena forma lidiando ejemplares en las plazas mayores. Aquí, el lugar elegido fue la plaza del Polvorista hasta el año 1746, cuando las quejas de la familia Vizarrón (que vivían en la Casa de las Cadenas) provocó que la fiesta se trasladara hasta la plaza de La Herrería, donde los aficionados se sentaban sobre andamios y gradas de madera. El éxito de estos eventos fue tal, que los dirigentes locales decidieron edificar una plaza permanente. Así, en 1769, Nicolás Lupo ideó la primera plaza de la ciudad en el Ejido del Convento de San Francisco (donde se sitúa actualmente). A esta le siguieron cuatro más (dos de ellas sufrieron un incendio), hasta que finalmente en 1877 Tomás Osborne Bohl de Faber fundó La Compañía de la Plaza de Toros, cuya misión consistía en construir un nuevo edificio. Las obras, que recayeron sobre Manuel Portillo de Ávila y Herrera (arquitecto de la Diputación de Sevilla), comenzaron el 22 de julio de 1878. El resultado fue una plaza majestuosa, tan sólo superada en tamaño por Las Ventas y Valencia, cuya inauguración se celebró el 5 de junio con un mano a mano de Antonio Carmona El Gordito y Rafael Molina Lagartijo, quienes se probaron ante los ejemplares de Anastasio Martín. Desde entonces han pasado dos siglos de tardes gloriosas que, por el momento, parece que han quedado olvidadas. La última de las grandes reformas que ha tenido ha sido la del 2015, cuando el Partido Popular (PP) se acogió a una subvención de 1,1 millones de euros que fueron gestionados por el Instituto de Empleo y Desarrollo Socioeconómico y Tecnológico (IEDT). Con esta ayuda de la Diputación, y bajo la dirección del arquitecto José Carlos Galán, se llevaron a cabo trabajos para mejorar la fachada, cubiertas, forjados y la enfermería. Asimismo, se reformaron los bodegones con la intención de instalar el museo taurino y negocios de souvenir y hostelería. Al final esta obra, que se había comido parte de la temporada y que estaba prevista que finalizase el 2 de diciembre, se alargó 40 días más. A ver cuánto tiempo habrá que esperar este año. “Quién no ha visto una tarde de toros en El Puerto... no sabe lo que hay que esperar para poder verla”.

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