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ANÁLISIS

¿Ha cambiado el modelo productivo en España?

  • El sector exterior ha experimentado un cambio espectacular en los últimos años, lo que ha permitido crecer a un elevado ritmo y, al mismo tiempo, tener un saldo por cuenta corriente positivo

Se considera que el modelo productivo de un país cambia cuando lo hace la composición de su estructura, modificándose las aportaciones relativas de los distintos sectores al PIB. Si el cambio es para bien, el peso de los sectores industriales y de los servicios avanzados, especialmente para empresas, ganan importancia. Este cambio de modelo es positivo porque aumenta la capacidad de crecimiento, demanda empleo más cualificado, mejor retribuido, exige la aplicación del conocimiento a la producción, utilizando las actividades de I+D+i, generando, además, externalidades positivas en otros sectores y activando un círculo virtuoso a largo plazo.

También se produce un cambio positivo cuando las empresas se orientan a la exportación, en lugar de al mercado interno. Adentrarse en los mercados internacionales también exige a las empresas la utilización intensiva de conocimiento, empleados con mayor nivel de formación, conocimiento de las grandes tendencias y cambios a nivel mundial en los sectores en los que las empresas operen, un elevado nivel de idiomas extranjeros y el acceso a un mercado de mucho mayor tamaño, que permite a las empresas contar con unas posibilidades de crecimiento notablemente elevadas. Además, diversifica el riesgo asociado al sector, al distribuir sus ventas entre distintos países que se encuentran en diferentes fases del ciclo económico.

En la medida en que esto sea así, podemos afirmar, sin temor a exagerar, que el sector exterior de la economía española durante los últimos nueve años ha experimentado un cambio espectacular. En el año 2007, el saldo por cuenta corriente con relación al PIB era del 9,6% negativo, el segundo mayor del mundo en términos absolutos. En el año 2016, el saldo fue del 2% positivo. Esto es: en nueve años el saldo ha mejorado un 11,6% del PIB. Habría que consultar estadísticas históricas para saber si ha habido algún país que haya realizado tan extraordinario cambio en tan poco tiempo.

A ese cambio han contribuido todas las partidas: el saldo de bienes energéticos y no energéticos, el de rentas de inversión, y el de servicios turísticos y no turísticos.

Entre los factores que han contribuido a este ajuste, los hay que tienen un carácter transitorio, mientras que otros son permanentes. Entre los primeros, hay que destacar el ciclo económico. Durante un periodo de recesión, la demanda interna se reduce, contrayéndose el volumen de importaciones, mejorando el saldo por cuenta corriente. Sería esperable que, cuando la economía entra en expansión, esta situación se revierta. Otro factor que puede ser transitorio es el precio del petróleo. Es difícil realizar previsiones, pero no parece razonable esperar caídas significativas en su precio.

Otros factores tienen carácter más permanente. El ajuste fiscal llevado a cabo durante la crisis y la actual expansión va a continuar durante años y, aunque pueda relajarse en los próximos ejercicios, no cabe esperar un gran impulso fiscal y, por tanto, aumentos adicionales en el crecimiento y en el aumento de las importaciones. Esto contribuirá a un saldo exterior más positivo.

Aunque disfrutamos ahora de un elevado crecimiento del 3%, no va a continuar a ese ritmo mucho tiempo. Para el próximo año, las previsiones apuntan a un crecimiento del 2,5%. A más largo plazo, el Banco de España ha estimado recientemente una tasa del 1,5%. En consecuencia, en la medida en que la expansión se vaya reduciendo, lo hará también la demanda interna y las importaciones, contribuyendo también a un mayor saldo exterior.

Un factor muy importante para explicar el ajuste, es el de las ganancias de competitividad de la economía española. Los costes laborales unitarios durante el periodo 2008-15 se han reducido un 11% respecto de la media de la UE. Esta mejora, junto a los bajos tipos de interés, explican un ajuste del 9% de la balanza de bienes y servicios respecto del PIB. Son los componentes más importantes.

Por último, y más a largo plazo, el envejecimiento de la población conduce a menores niveles de consumo e inversión y, en consecuencia, a una menor demanda interna. Esta tendencia también reduce importaciones y mejora el saldo exterior.

En conjunto, los factores señalados han provocado que desde el año 2014 disfrutemos de una situación insólita en la economía española: crecer a un elevado ritmo y presentar, a la vez, un saldo por cuenta corriente positivo, como puede observarse en el gráfico. En el año 2014, con un crecimiento del PIB del 1,4%, el saldo de la balanza comercial fue del 1,1%. Este círculo virtuoso se ha intensificado y en el año 2016, el crecimiento del PIB del 3,2% fue acompañado por un saldo positivo de la balanza corriente del 2%. Esto rompe completamente la relación entre crecimiento y saldo exterior de la economía española.

Este dinamismo de las exportaciones puede observarse también en el gráfico, en donde se dibuja la relación entre exportaciones de bienes y servicios respecto del PIB. Durante el periodo 2005-16, la economía española ha superado a la británica, francesa e italiana en esa ratio. Extraordinario.

Además, si se analiza la evolución de las exportaciones, se concluye que el crecimiento se ha producido con especial intensidad en los mercados emergentes -los que más crecen y mejores perspectivas tienen-, diversificando las economías a las que se exporta.

Para cerrar este bonito círculo virtuoso, el aumento de las exportaciones se ha producido a través de la ampliación de la base de empresas exportadoras que lo hacen regularmente y de pequeñas empresas. Estas empresas, con menos de 50 trabajadores, fueron las que con mayor intensidad impulsaron las ventas exteriores. En fin, el número de empresas que exportan regularmente creció un 31% en el periodo 2012-16, especialmente aquellas que venden en Norteamérica y los países asiáticos.

Este panorama, si continúa, permitirá seguir demandando empleo cualificado y facilitará el pago de la deuda exterior, reduciendo nuestra vulnerabilidad ante elevaciones de los tipos de interés. Estos cambios en el modelo productivo de nuestra economía, pueden ofrecernos unas perspectivas de futuro optimistas y un crecimiento sostenido.

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