Tribuna Económica

gumersindo ruiz

Alta y baja costura

La muerte del modisto alemán Karl Lagerfeld nos hace pensar en el papel de las personas de gran influencia en nuestra sociedad. Lagerfeld trabajó toda su vida de una manera increíble, creando colecciones ininterrumpidamente no sólo para la que es su casa de referencia, Chanel, sino también para los peleteros Fendi, Chloe y su propia marca. Mantenerse más de 50 años seguidos en primera línea es sorprendente en la industria de la moda, donde la innovación es la única posibilidad de sobrevivencia. Una característica de Lagerfeld era que todos los bocetos los dibujaba él; pero nadie trabaja sólo, y los bocetos no se convertían sin más en ropas o complementos, sino que al darles forma los talleres añadían mucho de su parte. En una entrevista reciente al New York Magazine, le decía a Carl Swanson que en la última de sus colecciones, un vestido que llevaba 4.000 piezas de plumas cortadas en la misma dirección era algo asombroso no de concebir, sino de hacer, y que no sabía cómo podían haberlo montado sus empleados.

La moda es una industria bien organizada, donde el diseñador es realmente el protagonista, pero no sería nada sin la producción, la distribución, la marca y el marketing. Se ha comentado estos días que sólo Chanel es un negocio de 10.000 millones de dólares, pero añade mucho más, porque hay que tener en cuenta que todo el mundo copia, y las grandes cadenas de ropa sólo siguen las tendencias que marcan los grandes modistos. Es peculiar, pero no único de la moda, que haya personas y empresas genuinamente creadoras, y este valor se apropie por otras. Como la copia es inevitable, se ven obligados a cambiar continuamente, y cada vez con más rapidez. Karl Lagerfeld, era también un maestro del marketing, con desfiles y presentaciones asombrosas y gigantescas, jardines, barcos reales, cohetes que volaban, Grecia o Egipto, en el mismo templo de Dendur, dentro del Metropolitan de Nueva York. Vivía al margen de las tecnologías de la información, pero Chanel tiene 35 millones de seguidores en Instagram, y la propia imagen de Lagerfeld, algo estrafalaria, su vida solitaria pero con tanta gente alrededor, las casas, el gato, sus lecturas y curiosidad infinita sobre la historia y el presente, forma parte de la marca; ya en los años 70 compartía con Andy Warhol la imagen de la cultura "pop", e incluso actuó en una de sus películas.

Lagerfeld se burló de Ángela Merkel con caricaturas y chistes, sobre todo por su política de inmigración, que él relacionaba con el resurgir de la extrema derecha -también se metió con sus pantalones-. Estuvo en contra del movimiento #MeToo, decía que no votaba nunca, y tenía una pose desdeñosa hacia todo lo que no fuera lujo y glamour, todo ello matizado luego por el encargado de relaciones públicas. Pero glamour es una palabra que originariamente significaba una distorsión óptica de la realidad, que se percibe de manera "atractiva, magnífica o glorificada". Qué lástima que una persona con esas capacidades, del que podía decirse como de Picasso que era "un sol con mil rayos en su vientre" -la comparación acaba en la frase-, y que seguramente ilusionó a muchas personas con el estilo de sus ropas, no iluminara zonas oscuras de nuestra sociedad y convivencia.

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