¡Viva la Supercopa!
Doña Cuaresma
No creo que sea necesario explicar que nunca he sido muy deportiva. Ni de mocita. Jamás me he puesto un chándal, y si se exceptúan las genuflexiones previas a la consagración de la Santísima Forma en San Antonio, no he doblado la rodilla ni para trincar un billete de cinco euros que se le cayera a algún pecador camino del Bingo. Dicho esto, ayer, por primera vez, me sentí futbolera. A la misma hora que estos indocumentados empezaban a soltar gorgoritos y a meterse –menuda novedad– hasta con la Santa Madre Iglesia y sus líderes espirituales, el Real Madrid y el Barcelona disputaban en Arabia la Supercopa de España de fútbol. De regreso a mi casa después de escuchar misa de siete en San Antonio pude ver bares llenos de chavalería y de puretones disfrutando del noble deporte del balón y relegando a la indiferencia ese endiablado COAC que cada vez empieza antes. Ya puestos podían poner a la Pedroche de presentadora, con un traje de piconera de Pepi Mayo enseñando muslamen, en vez de a Miriam Peralta, así el Míster España no se encela.
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