Roguemos a San Bruno
Doña Cuaresma
El gafe de Brunito con la meteorología, muy a mi pesar, se ha disipado en estas fiestas del demonio. Digo ‘muy a mi pesar’ porque después de un invierno ciertamente desagradable, los andrajosos carnavaleros han disfrutado de la mejor climatología posible para contaminar el aire con sus bacterias bucales. La ausencia de lluvia les ha tenido cantando en la calle hasta casi el amanecer, lo que ha impedido el buen desarrollo de más de un Rosario de la Aurora y ha amedrentado a alguna amiga mía que salía muy temprano para escuchar misa. Los malos tienen suerte y hasta el cielo (el atmosférico, no el divino) se alía con ellos. La lluvia hubiera hecho falta para limpiar los orines y espantar a estas criaturas vociferantes, pero mi gozo en un pozo. Lo que me temo es que la climatología haya gastado sus balas en cuanto a buen tiempo con el Carnaval y nos tenga reservada una Semana Santa convulsa. Me haría dudar (Dios me coja confesada) de San Pedro y sus influencias entre las nubes. No quiero pensar que el primer papa de la Iglesia se decante por enviar agua a los cofrades y sol a los impíos de la farándula. Eso haría tambalear mi fe. Solo espero que el gafe climático del alcalde se anule también para la Semana Mayor. Así que, queridos cofrades, recemos prerrogativas a San Bruno, El Aguador, en este caso para que no nos envíe lluvias. Y, de camino, haga que este Domingo de Piñata se empapen todos los disfraces hasta que pierdan los colores.
No hay comentarios