La opinión de Pepe Mata: Carnaval deshumanizado

Pepe Mata

Cádiz, 31 de enero 2026 - 07:01

Las redes sociales y todo el tinglado tecnológico que las rodea han conseguido cosas que hace no tanto tiempo parecían propias de una película de ciencia ficción. Hoy hablamos, nos vemos, nos escuchamos y nos sentimos cerca, aunque estemos a miles de kilómetros. Han servido para acortar distancias, para unir a quienes estaban lejos y para compartir alegrías y penas casi al instante. Bien usadas, no hay duda, han sido una bendición para mucha gente.

Pero en Cádiz tenemos claro que toda realidad tiene más de una lectura. Y en este mundo digital, junto a la comunicación y el encuentro, también se cuela con demasiada facilidad el veneno de la palabra fácil. Comentarios que nunca se dirían a la cara se lanzan sin pudor desde una pantalla, protegidos por el anonimato o por la sensación de que aquí no pasa nada. Y sí pasa. Pasa que se hiere, que se señala, que se machaca. Pasa que se cruza una línea que luego no tiene vuelta atrás.

En el Carnaval, esta realidad se vive con especial crudeza. Cada año, cuando la fiesta asoma, también aparece su sombra. La crítica, que siempre ha existido y que forma parte del ADN carnavalero, se desvirtúa y se convierte muchas veces en ataque personal, en ajuste de cuentas, en una guerra de bandos donde lo importante ya no es la copla, sino ganar la discusión. Las redes se llenan de sentencias rápidas, de opiniones sin filtro y de una agresividad que poco tiene que ver con el espíritu de una fiesta que nació para reírse, para cantar verdades y para mirarnos a nosotros mismos con distancia y sentido crítico.

En un contexto donde el ingenio y la inteligencia verbal han sido siempre herramientas de expresión, parece que se nos olvida a veces la gracia y nos quedamos solo con el veneno. La envidia, el rencor y la frustración encuentran en las redes un altavoz perfecto. Todo se exagera, todo se magnifica y todo se juzga sin matices.

Y al final, el ambiente se enrarece tanto que termina pasando factura. No son pocos los autores y componentes que, hartos del ruido, del señalamiento constante y del juicio sin descanso, han decidido apartarse, bajar el telón o vivir el Carnaval desde la barrera. Y cada vez que eso ocurre, Cádiz pierde un poco de su alma.

Porque el problema no es criticar. En Cádiz siempre se ha criticado. El problema es cuando se pierde la humanidad. Cuando se olvida que detrás de cada autor, de cada componente y de cada agrupación hay personas de carne y hueso, con su vida, sus problemas y sus días buenos y malos. Ahí es cuando la crítica deja de ser carnavalera y se convierte en algo feo, algo que no nos representa. Además, la crítica ha dejado de centrarse en el repertorio para invadir la esfera personal, convirtiendo episodios privados y circunstancias ajenas al escenario en materia de juicio público.

Somos conscientes de que en el Carnaval no hay que aplaudirlo todo, pero tampoco se trata de machacar sin piedad. Defender una fiesta tan nuestra debería implicar cuidarla y, sobre todo, cuidar a quienes la levantan cada año con su tiempo, su talento y su corazón.

Nuestro Carnaval ha sobrevivido —y seguirá haciéndolo— al paso del tiempo y a las innumerables vicisitudes que ha afrontado a lo largo de su historia. Pero sin humanidad deja de ser Carnaval y corre el riesgo de convertirse en algo que ya no nos represente.

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