La opinión de Joaquín Quiñones: ¡Adiós!... Preliminares
Como todos los años larga, tediosa, la mayoría aburrida, y con menos aliciente, que un concierto de El Fary. Pertenecí durante ocho años a la Junta Ejecutiva del COAC y mi opinión siempre fue contraria a que este pase fuese televisado para, al menos, no difundir bastantes imágenes que no le hacen bien al Carnaval de Cádiz.
Recuerdo una anécdota, una llamada telefónica al concejal de turno desde un pueblo de Huelva para preguntarle cómo se podían inscribir para participar. “Aún no se podía hacer por internet” y, aclarada la duda, el interlocutor aprovechó para preguntarle donde podían comprar ese “tambor grande” que tocan las chirigotas. Evidentemente no todas llegan de esa manera, pero este año tenemos a los romanos de Tenerife y vienen de una carnaval reconocido.
No podemos perder la esencia, la raíz, por abrirles las puertas a tantas agrupaciones que aún no han entendido que esto se lleva dentro, que es un sentimiento que no se aprende por mucho que quieran ensayarlo. Esto en cuanto a las foráneas, pero es que de aquí aún no se han enterado que vestirse de mamarracho, ensayar cada semana, y tomárselo a “guasa” nos está haciendo un daño terrible, porque si no lo saben, el carnaval es una cosa muy seria.
Ya está bien de decirles por quedar bien que todo el mundo es “güeno”. Una falta de respeto al público que ya paga por una butaca treinta euros, evidentemente con la connivencia municipal. El concurso está tomando unos derroteros que veremos a ver donde llega. Algunas comparsas son comedias musicales, muchas chirigotas obras teatrales para que las contraten lo antes posible para La Latina, el Galileo Galilei, etc. El coro y el cuarteto son los que están manteniendo más la tradición con cuatro o cinco tangos de los de “pellizco”, al margen de puestas en escena de categoría; y el cuarteto qué quiere que les diga, mientras esté El Gago, los demás que se busquen la vida como humoristas.
Ahora también hay muchos estudiosos de la fiesta y biógrafos que dan unas charlas, como verdaderos eruditos del carnaval, hasta el punto que escucho que el origen de nuestra música y letra proviene de una agrupación que se llamó ‘Los Ramper Filarmónicos’. Yo como Autor Emérito, aunque sin yate ni quería, me puedo permitir ciertas licencias, aunque no guste a los que han inventado la fiesta hace dos veranos.
En definitiva, está claro que la preselección sobra, merecen la pena como mucho cuarenta agrupaciones, y por supuesto, vuelvo a insistir que no se televise y que el que no pase este corte no cobre nada. Se imaginan un concurso de Alegrías de Cadiz y lleven Rap, reguetón, etc. Pues eso.
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