La madre que los parió
No hay autor de largo recorrido que no haya dedicado alguna vez un pasodoble a su madre. Algunas de esas letras han quedado para la historia.
A esas madres a las que aluden sus hijos en sus coplas le debe mucho el Carnaval. Ni más ni menos que haber alumbrado a grandísimos creadores que tanto nos han emocionado a lo largo de décadas. Y no es un tópico decir que de algo servirían las nanas por tanguillos que esas madres les cantaron asomadas a la cuna. Los copleros de la fiesta gaditana siempre han tenido una especial sensibilidad en en letras dedicadas a sus madres. El primer referente, o al menos el más conocido, es el pasodoble que el maestro Enrique Villegas escribió para su comparsa 'El oro de Andalucía' en 1964. Ahí, el autor plasma el sentimiento de un huérfano como él, que en su Ayamonte natal perdió a su madre con apenas ocho años, quedando al cuidado, al igual que sus hermanos, de su abuela materna. La copla en cuestión, de obligado cumplimiento en cualquier barbacoa de picaos del Carnaval, se refiere al Día de la Madre.
Lógicamente muchas han sido las letras a las madres en la historia del Carnaval, aunque en estas páginas solo podamos reproducir algunas de las más representativas, muchas de ellas cantadas en los últimos años, como es el caso de las que en 2016 compusieron tanto Jesús Bienvenido para 'La comunidad' como Tino Tovar para 'El creador'.
Otro de los pasodobles para el recuerdo es el que Martín, recreando aquella infancia en la calle San Vicente, hizo para 'Agua clara' en el Carnaval del 83. Aludiendo también a los paisajes de la infancia perdida, el portuense José Luis Arniz contaba a su madre en 'Los galanes' como estaban derribando "la casita grande" donde ella vivía.
Ya en 1991 Joaquín Quiñones en 'Anónimo gaditano' ofrecía un enfoque sobre la dualidad madre-abuela y su impagable criando entonces a su hija. El mismo autor cantó a la madre en 'La pensadora gaditana' (2009). Seis años más tarde, Antonio Martínez Ares dejaba en 'El vapor' uno de sus pasodobles más emblemáticos. En el mismo se hacía mayor, se iba de la casa materna para emprender otra vida, volaba del nido. "Antes de hacer las maletas quiero decirte chiquilla", ni más ni menos que una carta de despedida con el habitual tacto del coplero de Santa María.
Recordamos también un pasodoble de Juan Carlos Aragón en su chirigota de 2000 'Flamenkito apaleao'. En el mismo hacía un repaso por varios tipos de mujer para acabar muriendo en la única, la reina bonita de las mujeres. No es la única que este autor ha brindado a la figura materna, pues lo hizo además en comparsas como 'Los parias' o 'Los príncipes.
No se olviden otras formidables letras como la de la chirigota 'Los prejubilaos', de Love y compañía, que cantó un pasodoble en la que el maestro pedía a un niño una redacción sobre su familia. Como la de la chirigota 'Los psicolocos' de hace dos años. O la que compuso en 2016 'Remolino' para 'Los camellos'. O la del Canijo para su chirigota 'Los Juan Palómez...', de 2007. Hay tantas que tendríamos que escribir más páginas. Y si estos copleros dan las gracias a quienes les dieron la vida, los aficionados al Carnaval les agradecen haberlos traído al mundo con tanto talento.
El oro de Andalucía (1964) · Autor: Enrique Villegas
Ese día que a la madres
le dedican to los años,
to aquel que se llame hombre
debiera de no olvidarlo.
El regalo que es mejor
para una madre
es besarla con amor
y abrazándola decir: "felicidades".
Qué bonito es un regalo
cuando se quiere de veras,
y decirle: "toma, madre,
pa que te lo pongas de reloj pulsera.
Qué mas quisieran algunos
poder decir "madre mía",
poder sentir su presencia
en los ratos de amargura
y en los ratos de alegría.
La losa de un cementerio
con unas letras muy negras
hace soñar por las noches
con ese beso que nunca llega.
En ese día de las madres
que se acuerde quien la tenga
y dedique un homenaje
a lo más hermoso
que existe en la tierra.
Anónimo gaditano (1991) · Autor: Joaquín Quiñones
Tenías la cuarentena,
hija de mi corazón,
cuando ya tomabas en brazos
de tu abuela el biberón.
Y te cantaba la nana,
la nana, nanita, ea,
que mi niña ya se duerme
que si no viene la vieja.
Pañales empapaítos
cuántas veces te ha cambiao
y te ha dao mil caricias
en tu cuerpo sonrosao.
Te enseñó a rezar de noche
y a pedir por el abuelo,
que Dios lo tenga en su gloria
sin haberte dao ni un beso.
Y te llevó, tantas mañanas ilusioná
camino del colegio aquel,
con sol, con frío, qué mas da,
tenía que hacerte una mujer
y a las vecinas ronear: esta es mi nieta.
Cuántos fines de semana
yo me voy de cachondeo
y ella loca de contenta
por dormirte con un cuento,
y aunque sé que tú la quieres,
cuando empiece a chochear
a mi madre de mi alma
no la vayas a olvidar.
Agua clara (1983) · Autor: Antonio Martín
Me viene a la mente
como "ji" lo viera, como "ji" lo viera.
calle San Vicente
donde yo naciera, donde yo naciera.
Plaza la Cruz Verde
corazón del barrio, corazón del barrio,
canastilla a cuestas
pasaba a diario, pasaba a diario.
Y allí estaba yo
entre el corrillo de los niños
mientras tú me contemplabas,
mare, ay mare, y triste de mí
que nunca supe del cariño
que encerraba tu mirada
de esos suspiros del alma
de esos besos que me dabas.
El día que el destino me apartó
de tu regazo
me sentí solo, me sentí solo,
y a pesar que otra mujer
me da su amor
muchas noches recordándote
te lloro.
Por eso hoy vuelvo a ese mismo rincón
con mi infancia perdía,
ay calle San Vicente
plazita la Cruz Verde
devuélveme a esos días,
pa devolverle con el corazón
ese beso de amor a la mare mía.
La comunidad (2016) · Autor: Jesús Bienvenido
La mujer no es costilla de Adán
es el milagro de la vida,
la mujer no se rinde jamás,
es irrompible aunque le escuezan las heridas.
La mujer tan sobrenatural
la de la fuerza infinita.
llora cuando tiene que llorar y resucita.
La del amor eterno e inagotable,
mujer maestra innata en el camino,
la luchadora con espíritu indomable,
la hechicera que convierte el agua en vino.
Esa mujer, esa mujer, esa mujer
que me sabe comprender
tiene unos besos que curan desde un arañazo
hasta el dolor de la muerte.
Esa mujer, esa mujer
que lleva escrito en la piel
que la vida no se da,
que hay que saberla ganar,
es la mayor de mis suertes
La mujer más admirable
que jamás he conocido,
la de la sonrisa eterna,
la mujer que me ha parío.
La mujer de las mujeres, mujeres,
y la hembra entre las hembras.
Mi norte y mi libertad.
La quiero tanto,
la quiero tanto
y quiero gritarlo ahora que aún no es tarde.
La tierra sería la gloria
si se escribiera la historia
con heroínas como mi madre.
La mujer no es costilla de Adán
Flamenkito apaleao (2000) · Autor: Juan Carlos Aragón
Sé de mujeres más bonitas que el balcón de la Alameda,
son las que llevan en su cara
el Sur del mundo en primavera.
Y de mujeres más valientes que los niños de La Habana,
son las que pintan en su frente
las cinco puntas de Guevara.
Y mujeres tan divinas que al morir
no te dejan ni rezar
y mujeres más profundas
que los clavos de mi tumba,
y mujeres tan mujeres que al nacer
lloran como una mujer.
Sé de mujeres sin hombre,
sin patria ni carretera,
mujer que son de cualquiera
que reniega de ser hombre.
Sé de mujeres graciosas…
Cádiz las hace distintas.
Sé de mujeres buenas
y de mujeres malas que no vale la pena
ni siquiera nombrarlas.
Sé de una viejecita
que es la que más me quiere,
y esa es mi mare del alma,
la reina bonita
de las mujeres.
El creador (2016) · Autor: Tino Tovar
Le escuché decir, protestando a mi madre
porqué no le hacía por los carnavales,
una copla sencilla y se la dedicara
que yo a todos cantaba y jamás me acordaba
de mi viejita del alma.
Y aunque sea guasa lo que dijera,
si el río suena es que agua lleva,
y antes de verla con esa pena
afilo el verso a sangre y piedra.
Tú que me diste todas las horas del reloj
y yo arrogante me olvidé de lo que hiciste,
si entre tus brazos fue creciendo mi canción,
como no voy a escribirte,
como no voy a escribirte.
Y asomada a tu ventana,
ves como la vida viene y va,
Y en esa ventana que de niño me llamabas
venga sube ya a almorzar.
Y eres llama que se apaga,
que aún conserva su calor
de los años que se fueron,
de tenerme entre tu pecho
amamantandome de amor.
Fue tu oficio amar sin condiciones,
y tu casa el taller de tus proezas.
Que sabe nadie de todas las cargas
que llevaste a nuestra cuesta.
Y por eso y por ser mi creadora
aquí en esta noche mi verso te escribo,
y presume mañana en el barrio
de la copla que te hizo tu niño.
El vapor (1997) · Autor: Antonio Martínez Ares
Antes de hacer las maletas
quiero decirte chiquilla,
que la mitad de los besos
y mas de cuatro "te quiero"
hoy te lo doy en coplillas.
Antes que llegue ese día,
que algún día llegará,
guardate en un rinconcito
dos cositas de este niño
que creció sin avisar.
Cuantas noches desvelá,
que si los primeros dientes,
el temor a la oscuridad.
Te me has vuelto viejecita
en menos de un Carnaval,
las vueltas que da la vida,
yo pa lante, tú pa tras.
Que más quisiera reina mía
que decirle al que esta arriba
que no te lleve
que no te lleve nunca pa estar conmigo.
Chiquilla, que más quisiera
que el tiempo retrocediera
pa que me vieras en la cunita dormiíto.
Antes que no pueda verte
deja que bese tu frente,
tus manos de biberones.
¡No me olvides mi Princesa!
Venga que hay que estudiar,
tu pare te va a reñir,
tu jarta de trabajar
y yo haciéndote sufrir.
¿Maíta, donde estás?,
cuentame un cuento
que he soñao que te vas,
ay que te vas, ay que te vas
y tengo miedo.
Los galanes (1972) · Autor: José Luis Arniz
En la Plaza la Herrería
están tirando mare
la casita grande
donde tu vivías,
ese patio vecino
con macetas de lata
donde yo forjaba mis sueños de niño.
Cuando vi derribar esa gran fortaleza
un presagio fugaz me llenó de tristeza.
Entonces yo me puse a recordar
los años de mi época infantil:
guerreros en barquitos de cristal,
mi jaca de marfil.
Y contemplando esas cuatros paredes
yo vi a la madre mía
rodeá de churumbeles.
Alli donde nací te volví a ver
tan joven y bonita,
mi rosita de ayer
ya se me ha ido quedando
blanca y marchita.
Esa casita mare me ha hecho pensar
que a todo en esta vida
le llega su final.
Tengo desde aquellos nomentos
como un presentimiento que me hace delirar
pienso con pena de que a mi viejecita
un día ya no la pueda besar
y se la lleve el tiempo
como a los Cimientos
de aquella casita.
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