Carnaval de Cádiz Carnaval y televisión, una simbiosis en el alambre

  • El adelanto de la hora de comienzo de las sesiones y la imposición de transmitir a la cantera ha provocado un agrio debate con Canal Sur

Representantes de los medios que cubren el COAC se solidarizaron con los compañeros de Canal Sur amenazados. Representantes de los medios que cubren el COAC se solidarizaron con los compañeros de Canal Sur amenazados.

Representantes de los medios que cubren el COAC se solidarizaron con los compañeros de Canal Sur amenazados.

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Cuando en 1989 Canal Sur aterrizó en el Falla nadie podía imaginar que se iniciaba una nueva era para la fiesta. Hasta aquel momento, TVE emitía tres horas de la finalísima en lo que apenas suponía un aperitivo, una muestra del Carnaval de Cádiz que le valió palos tan recordados como aquel célebre pasodoble de ‘El crimen del mes de mayo’ que finalizaba con un rotundo “... que tendremos Carnavales quiera o no televisión”.

Las retransmisiones de la emisora estatal comenzaron en 1981, pero la conexión con el teatro se producía una vez acabada la programación nacional, pasadas las doce de la noche, y se prolongaban hasta las tres de la mañana. Esto suponía, por ejemplo, que si ‘Entre rejas’ no cuadraba en esas tres horas pues los aficionados se quedaban sin ver el plato fuerte de la noche. Pero la llegada de la cadena autonómica lo cambió todo.

Hace 30 años, un Joaquín Durán con menos canas y más ilusión, ante el abanico de posibilidades que se le abría en un terreno sin sembrar, se hacía con los mandos de la que iba a ser la retransmisión en directo más larga de la historia en España. Más de nueve horas de emisión que abrió la comparsa de Antonio Martín ‘Tras la máscara’ y cerró el coro de Julio Pardo y Antonio Miranda ‘Noche de ronda’ al filo de las siete de la mañana. Por fin los gaditanos, y toda Andalucía, podían ver desde sus casas una final del Carnaval de Cádiz en directo. Así que allí se sentaron a ver como Selu García Cossío y Yuyu daban sus primeros pasos con ‘Los sanmolontropos verdes’, el coro de La Viña volvía a ganar tras muchos años de sequía o ‘Nos quedamos de piedra’, de los hermanos Alcántara, aquella comparsa que ya entonces reivindicaba un museo para nuestra fiesta grande, era capaz de superar a Antonio Martín, que volvía tras el año sabático que se tomó tras sus tres triunfos consecutivos con aquella trilogía de comparsas históricas.

En una negociación amistosa no pueden caber comportamientos tan beligerantes

Entonces, ni siquiera los directivos de Canal Sur podían pensar que lo que comenzó siendo un servicio público, una demanda ciudadana, acabaría por convertirse primero en un buen nido de espectadores y, con los años, en un auténtico quebradero de cabeza por las exigencias, a veces razonables y otras no tanto, de autores, concejales y representantes de lo que en su día fue la Fundación Gaditana del Carnaval y hoy se conoce como el Patronato.

Por seguir haciendo historia, hay que recordar que en otoño de 1995 Canal Sur estrenó el programa ‘El ritmo del tangai’. Ahí, dos jovencísimos Manolo Casal, isleño amante del Carnaval desde que le salieron los dientes, y Modesto Barragán, un serrano con arte y descaro, llevaron a toda Andalucía no sólo las coplas sino a los copleros. Pocos años antes se había producido otro boom con la entrada en escena de autores como Martínez Ares. Las coplas de este y otros copleros se cantaban por toda la región y los andaluces, y andaluzas, ya no sólo querían conocer las letras y las músicas sino cómo surgía todo. Así, Casal y Barragán, aún sin pajaritas, les pusieron nombre a esos rostros. Juan Valentín, el eterno realizador de la nuestra, era capaz de enfocar cuando subía Caracol, cuando Fernandi hacía la octavilla en el pasodoble del Papa, cuando los bajos de un coro le metían profundidad al tango... la gente sabía que el mayordomo de ‘Los ricos’ era José Mari, que el Love y el Cabra eran los que partían el bacalao en ‘Una chirigota con clase’, o que un bombero había muerto en un simulacro y Quiñones lo había contado como nadie. La gallina de los huevos de oro no paraba de poner.

Las audiencias se multiplicaban, la gente codicia lo que ve, decía Hannibal Lecter, y en Andalucía codiciaban a los carnavaleros. Fotos, autógrafos, clubes de fans, gritos, peleas por una botella de agua de la que bebía un contralto, entradas en pueblos de la Sierra de Córdoba precedidos de la Policía Local con las sirenas puestas, la plaza de San Francisco de Sevilla a reventar para oír a los grupos vencedores contratados por Cajasol... De repente, ‘Los Beatles de Cádiz’ se habían multiplicado por diez, por veinte. Muchos se dieron cuenta que podían vivir del Carnaval. Y dijeron ¿por qué no?

El Carnaval también necesita a Canal Sur como un fenomenal medio de promoción

Pero toda moneda tiene su reverso. Así que, con los años, esos hombres que una vez al año se subían a un escenario para ser artistas se convirtieron en artistas a todos los efectos. Podríamos decir que tuvimos un éxito tan aplastante que nos aplastó. Y ahora, 30 años después de que aquellas cámaras, aquella extraña cabeza caliente, se colara en nuestras vidas, nos encontramos en una tesitura comprometida. Cada vez vienen más grupos al Falla, de fuera y de Cádiz, da igual. La media de la calidad baja. Por contra, las exigencias económicas son idénticas. Canal Sur paga cerca de 300.000 euros por los derechos; Onda Cádiz otro buen pico. Sin embargo, el Patronato impone su modelo de Concurso sin tener en cuenta al proveedor de las imágenes, al propietario de sus derechos televisivos. Un día se le ocurre empezar las funciones a las ocho y media de la tarde, al año siguiente afina aún más, a las ocho, pero hay que dar aún otra vuelta de tuerca, una última pirueta circense, y entonces exigen que las agrupaciones de la cantera sean retransmitidas en directo. Así que ese débil equilibrio entre Canal Sur y los que mandan en el Patronato, la mayoría con poco peso a la hora de los premios pero que disfrutan manteniéndole la mirada a altos cargos de la autonómica, provoca un enfrentamiento que amenaza con remover los cimientos de esa simbiosis que en los últimos años se ha mantenido en precario equilibrio.

Porque si Canal Sur necesita al Carnaval para mejorar sus audiencias, el Carnaval también lo necesita como vehículo ideal de promoción. No podemos olvidar que nunca como ahora, nunca, se había cantado tanto fuera de Cádiz. Sí, Paco Alba pasaba temporadas en Madrid, y los cuartetos del maestro Peña, el Masa y los Scapachini hacían de las suyas en las salas de fiesta de la capital. Villegas pegó el gran pelotazo con ‘Los Beatles de Cádiz’ o Martín con algunas de sus comparsas, pero poco más. Ahora el Carnaval de Cádiz llega al Liceo, a Zaragoza, Bilbao, Oviedo, La Coruña, Valencia... Evidentemente internet ha tenido mucho que ver, pero el empujón y el cariño que le puso en sus comienzos la RTVA no puede olvidarse.

No obstante, este tira y afloja que han mantenido unos y otros se ha visto recrudecido en la última semana por la polémica de la emisión o no en directo de la cantera. Hay que atender a varias cuestiones importantes.

La primera es que el Patronato no puede ni debe mandar en la parrilla de un medio de comunicación. Ni público ni privado. Si quiere empezar a las ocho de la tarde las sesiones, y meter además a un grupo infantil o juvenil, lo mínimo que debe hacer es comunicárselo a la productora a la que le ha vendido los derechos. Ya luego será esta quien decida en qué forma ofrece unos contenidos que, no olvidemos, son suyos porque los ha pagado.

Punto segundo, en una negociación entre partes amistosas no deben tener cabida audios de whatsapp de muy dudoso gusto y que resultan impropios de una ciudad cuna de la libertad donde muchos aseguran que hay que mamar. Eso da lugar a un clima de tensión que no beneficia a nadie. Peor aún, lo último que pueden producirse son insultos y amenazas a profesionales del medio de comunicación en cuestión que únicamente están realizando su labor como las que se han producido en las últimas horas.

Tercero. Históricamente, el Ayuntamiento, sea del color político que sea, ha temido el enfrentamiento directo con los carnavaleros. Tal es así que ha llegado a ceder el control del Concurso, o al menos a compartirlo. La actual atomización del Patronato es un hecho, con múltiples asociaciones que convierten cada junta en un mercado de votos donde las asociaciones de cada modalidad están más preocupadas por meter a más grupos de los suyos en la siguiente fase que de la buena salud del Concurso, que no olvidemos sigue siendo la piedra angular sobre la que gira todo, por más agrupaciones ilegales con age o sin gracia que recorran las calles durante la semana de fiesta pura y dura. Llegados a este punto, quizá el máximo responsable de la Concejalía de Fiestas de turno debería hacer valer la opinión del Consistorio, que es el máximo responsable a la hora de velar por el patrimonio cultural de la ciudad.

Por último, y esto también deben tenerlo muy en cuenta en Canal Sur, la forma de ver la televisión está cambiando, como lo ha hecho la de leer los periódicos. No sirve de nada que se empeñen en ofrecer contenidos en prime time o que discutan si emitir en directo a tal o cual grupo si una gran parte del público va a verlo a la carta cuando le venga en gana a través de las diferentes plataformas. Quizá ha llegado el momento de que Canal Sur exija sus derechos, por los que paga un buen dinero. Si en algún momento se siente presionado por las pretensiones de un Patronato que para la gran mayoría de los autores de peso, que no olvidemos que son los que mantienen en pie este gran circo, no está velando por el interés general como debiera, tiene que hacerlo saber con voz alta y clara. Lo otro es plegarse a la dictadura de quienes no representan el sentir general del Carnaval de Cádiz.

La simbiosis entre Carnaval y televisión está en el alambre, y de lo capaces que sean ambas partes para coser la fractura que se ha producido por las exigencias del Patronato de incluir a la cantera –que dicho sea de paso interesa mínimamente en el resto de Andalucía– en las retransmisiones, va a depender en buena medida el futuro de una relación que parecía concebida para soportar con más elegancia el paso del tiempo.

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