Can canis non jamat

EN la pequeña pantalla, esa a la que llaman Tele Teo, hay dos ejemplos clarísimos del verdadero carácter del comparsista gaditano, esto es, pura careta, una máscara que se mete donde no le importa. En este país los periodistas no se pueden meter a cantante, pero los demás sí que se pueden dedicar al digno oficio de Karmele Marchante. El primer ejemplo es un individuo vestido de amarillo Cádiz oé, haciendo de periodista, intruso en la profesión bendita por San Francisco de Sales. Desde aquí pido la más enérgica intervención del presidente de la Asociación de la Prensa en defensa de sus asociados, y que no guarde tan ominoso silencio quien se mete con todo Cádiz. Informar es otra cosa. El otro es un afamado comparsista que también se entromete en tareas periodísticas desde el teatro, también procedente de la Facultad de Ciencias de la Información del Falla, centro docente de dudoso prestigio. Este es un caso de nulo compromiso con el medio que le contrata, ya se está haciendo famoso en esta faceta porque no emite una sola crítica y se complace en no mojarse. ¡Cómo se ve que es más fácil meterse con el Nazareno o con la Iglesia que con los comparsistas! Claro que unos ponen la otra mejilla y los otros se la pueden partir. Lo dicho, perro no come perro.

stats