La gran oportunidad perdida

fútbol efeméride

Hoy se cumplen 50 años de la derrota del Racing ante el Alavés por 0-2 que impidió el ascenso del equipo de El Puerto a Segunda División

Un lance del encuentro disputado con el Alavés en el Eduardo Dato. / Juman (Reproducción: Fito Carreto)
Francisco Lambea

El puerto, 16 de junio 2018 - 01:33

A más de un lector esta crónica le despertará numerosos recuerdos. Sí, el tiempo pasa y, a veces, la mirada que recorre un periódico te fija con exactitud ese tránsito y resulta casi mecánico pensar qué hacía uno en ese momento, cómo vivió determinados hechos. Hoy, en torno a las ocho de la tarde, se cumplen 50 años de aquel fatídico instante en el que el Racing Portuense vio como se le escapaba un ascenso a Segunda División que tuvo más cerca que nunca tras protagonizar, con un presupuesto de 1.350.000 pesetas, la mejor temporada de su historia, hoy nonagenaria.

Nunca el racinguismo picó tan alto: es cierto que en la temporada 2006/07 volvió a luchar por integrarse en la categoría de plata, pero cayó en la primera ronda, ante el Rayo Vallecano, 0-2 y 2-2; en cambio, en aquel 1968 se había superado la inicial (ganó al Atlético Baleares 1-0 en El Puerto y 1-2 en Palma) y todo indicaba que se rebasaría la segunda tras empatar (0-0) en Vitoria ante el Alavés.

Los portuenses alinearon en el once titular a Jaime, Mariano, Chares, Martínez Jaén, Lolo, Marcelino, Vera Palmer, Hernández, Manolín, Mata y Soriano. Frente a ellos el rival opuso a Bernardo, Ezquerra, Sarasola, Ayerbe, José Ramón, Rojo, Ocariz, Caito, Zarrita, Quintanal y Blanco.

Los pies de Caito fueron el verdugo de las ilusiones gaditanas, primero en el 22', aprovechando una duda de la defensa, y después en el 38', en jugada personal, una sentencia en la que también colaboraron las manos de su compañero Bernardo, que cuajó una gran actuación. Cuando el árbitro Rodríguez Barroso decretó el fin del choque, lo que suponía el éxito del equipo que entonces presidía Juan Gorospe y entrenaba Ignacio Eizaguirre, los portuenses vieron esfumarse el sueño y comenzar un particular infierno.

Diario de Cádiz ha hablado con tres de los futbolistas que disputaron aquel encuentro con la elástica racinguista: el portero Jaime Ruiz (Jaime) y los centrocampistas Manuel Prado (Lolo) y Luis Soriano (Soriano). Hay un factor coincidente en el análisis: concentrar a los jugadores en Arcos desde el martes por la mañana hasta el domingo constituyó un grave error.

Soriano afirma que la decisión de llevarse al equipo a una larga estancia "acabó, pese a las buenas intenciones de la directiva, por perjudicar a la plantilla, pues nos aburríamos y las horas se nos pasaban pensando". Jaime y Lolo critican la falta de entrenamientos en la concentración. Hay otro elemento sobre el que también piensan igual: la falta de preparación sicológica.

Con el prisma que otorga el medio siglo transcurrido, Lolo enjuicia que el Racing era mejor escuadra que el Alavés, pero "sin la experiencia y veteranía que debíamos tener". El centrocampista es sincero al describir gráficamente que subiendo al autobús en Arcos camino de El Puerto "se me vino el mundo encima, de modo que yo, que era muy fuerte físicamente, no podía ni con las calzonas".

Cuando saltaron al césped, la visión del Eduardo Dato (situado en los actuales bloques verdes de la Avenida de la Constitución, al lado de la Comisaría) lleno hasta la bandera, con 6.000 personas, les impactó. Lolo entorna que el colegiado tuvo que parar el choque, del que sólo se llevaba un minuto, para que la Policía Nacional emplease unos 10 en acoplar a quienes, por falta de sitio, casi invadían el césped.

Los tres reconocen que el árbitro no influyó en el marcador. Sí lamentan que los dos goles encajados se produjeran en inferioridad numérica: en aquella época, el reglamento no permitía cambios y los portuenses jugaron varios minutos con diez al tener que atenderse a Mariano en la banda, pues sangraba tras un encontronazo con un delantero rival. Soriano apunta aquí que el técnico, Ventura Martínez, ya fallecido, "se equivocó al situar a Vera Palmer como lateral derecho para cubrir la ausencia; ahí debió poner a Lolo".

Rememorando aspectos concretos del choque, Soriano se queja de la oportunidad perdida por Manolín recién comenzado el partido, cuando, en un uno contra uno frente al portero, "tiró alto, en vez de esperar al guardameta y engañarle, que era lo que hacía habitualmente". Tras una primera parte en la que la presión afectó de manera muy negativa a los portuenses, se pudo ver una segunda "en la que estuvimos bien, pero nos topamos con un portero colosal", recuerda Soriano, quien enumera "al menos tres disparos a los palos".

A sus 80 años recientemente cumplidos, el guardameta Jaime enjuicia aquella derrota como "la más dura de mi vida deportiva". "He tenido que escuchar comentarios muy desagradables a raíz de esa tarde aunque también hay aficionados que me consideran el mejor cancerbero que ha tenido el Racing", explica, admitiendo que "la eliminación supuso que mucha gente dejara de seguir al equipo" y apuntando que "lo que le sucedió al Portuense le puede suceder a muchos conjuntos".

Lolo y Soriano quieren acabar con esa leyenda negra según la cual la directiva no estaba interesada en el ascenso por no poder la entidad resistir económicamente la categoría. Lolo detalla cómo "en las calles se decía que nos habíamos vendido, por lo que tuvimos que aguantar mucho" y Soriano refleja que el presidente honorífico, Fernando Osborne Vergara, prometió a cada jugador una prima de 45.000 pesetas de la época en caso de culminar el ascenso. Jaime, en cambio, piensa que "había entre los dirigentes quien no quería que se subiera a Segunda por la imposibilidad de mantener las finanzas en esa división".

Al finalizar el choque, en el vestuario "llorábamos todos", relata Soriano, quien expone que la junta directiva, que presidía Bernardo Sancho con Tomás Osborne Macpherson, Fernando Arjona Cía, José Antonio Osborne Vázquez y Juan M. Martín Vélez como vicepresidentes, incluso había reservado una cena en el Club Náutico para festejar el hito.

Lolo, el futbolista que más veces ha vestido los colores rojiblancos, durante 15 temporadas, narra que "ni siquiera nos duchamos, vistiéndonos de mala manera y encontrándonos con los insultos de algunos aficionados al abandonar el Eduardo Dato". El ex jugador racinguista recuerda que "firmamos una actuación de película en Vitoria y en El Puerto el ascenso se daba por hecho", admitiendo que "haber ascendido hubiese sido otro mundo" para unos futbolistas que "entrenábamos con toda el alma".

Aquella derrota ha quedado en los anales del Racing como uno de los momentos más tristes de su historia, momentos duros entre los que también se registran el no iniciar la competición en la campaña 2013/14 por problemas económicos. Un grupo de rojiblancos ha vuelto a poner en marcha el club en la 2017/18, en Tercera Andaluza, sin conseguir el ascenso. Su reto declarado es devolver a la entidad a la categoría que se merece, entendiendo como tal al menos la Tercera División pero de carácter nacional.

Quién sabe si, con los años, el Racing Portuense pueda volver a luchar por subir a Segunda División y quitarse la espina, tan cruel, de aquella calurosa tarde del 16 de junio de 1968…

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