San fernando - Real Murcia

Por fin el fútbol es muy justo (3-2)

  • El San Fernando ofrece una gran imagen y derrota al Murcia

  • El joven Chris, Carri y Gaby Ramos anotan los tantos del cuadro isleño

Nano Cavilla despeja de manera acrobática el esférico.

Nano Cavilla despeja de manera acrobática el esférico. / román ríos

Ya se marcharon los fantasmas. Y si estos quisieron aparecer ayer por La Isla, el equipo de José Pérez Herrera los expulsó a base de coraje, tesón, ganas y una infinita fe que le permite abandonar de nuevo los puestos de descenso. Por el fin el fútbol fue justo con el San Fernando. Por fin el mejor juego de un equipo se ve recompensado con una victoria. Por fin, y no sin sufrimiento, el equipo de La Isla le saca recompensa y, de paso, su tesoro a tanto y tanto excavar.

El partido de ayer tuvo, entre otras cosas, dos lecturas muy claras. La primera de ellas es que el San Fernando en su casa no solo muerde, sino que se come a sus rivales, que los de La Isla dan el doscientos por cien en cada balón y que minimizan al rival a pesar de los nombres y presupuestos con los que vienen. La segunda es que si tiene en casa lo que necesita, para qué buscarlo fuera. Los isleños llevan buscando un nueve desde el mes de junio y resulta que ese nueve está en San Fernando, su nombre es Chris y, a pesar de los 19 años que atesora ya es la nueva perla azulina. Ayer fue despedido con una tremenda ovación, y es que su partido mereció eso y mucho más.

Él preparo el festín y luego participó de manera activa en el banquete. Hizo el primero, estuvo a punto de hacer el segundo y fue una pesadilla constante para una consagrada defensa como la que ponía en liza el cuadro pimentonero, que no supo, en ningún momento, como pararlo hasta que las fuerzas le abandonaron.

Con esto, el partido comenzó con una superpoblación casi extrema en el centro del campo. Si los isleños en esa parcela ofrecían hasta cinco efectivos, los murcianos no les iba a la zaga y Salmerón contrarrestaba esta situación con los mismos efectivos. La traducción, mucho juego de presión y posibilidades cero de romper el cerco por uno y otro lado.

Para ello, debía de llegar una genialidad, algo distinto, una pincelada. Y para esto salió la figura inconfundible del joven Chris. El solito se dio un autopase que dejó en el camino a Orfila en un visto y no visto, y el solito sorteo a Biel Rivas para poner el uno a cero y el éxtasis en las gradas del Iberoamericano.

No pareció reaccionar el Murcia y, por contra, tras el gol se vieron los mejores minutos del equipo de Pérez Herrera que ya que había herido, quería matar.

Pero tuvo que esperar hasta el 43 para rematar, momentáneamente, la faena. Y fue de nuevo Chris el que se marchó, el que se inventó una maravillosa vaselina que se estrelló en el travesaño y que cayó a los pies de Carri, que continuaba la jugada. Dos a cero y a los vestuarios. Parecía que el pescado estaba entero vendido.

Pero en el fútbol, cuando te relajas, cuando regalas algo, hace despertar a una fiera dormida. Si Chris tuvo la oportunidad de redondear su tarde con el tercer gol isleño en un remate de cabeza en el 67', un error de Gabi Ramos despertó al Murcia, que parecía dormido, con el tanto que lo acercaba en el marcador. Posiblemente estaba más cerca el tercero isleño que el primero murciano, pero estas cosas tiene este bendito deporte.

Al dos a uno siguió, casi de inmediato, el empate, la desolación, el pesimismo, la desesperación y los fantasmas.

Pero los isleños ya están muy arrepentidos y cansados de perder partidos que tenían ganados, de no encontrar recompensa al esfuerzo y al trabajo y no iban a dejar pasar de nuevo el tren.

Gabi Ramos remedió su error con el tanto de la victoria, ese que hizo justicia a su equipo. Con ello, los isleños salen de los puestos de descenso, y meten al todopoderoso Murcia en promoción. Con ello, queda confirmado que los que vayan al Iberoamericano esta temporada van a disfrutar. Con ello, el fútbol, esta vez si, hace justicia a lo que ofrecieron ayer unos, y otros.

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