MUNDIALES EN EL RECUERDO

2014. El fantasma del 50 revive en Belo Horizonte

Los brasileños, desolados, se despiden. Los brasileños, desolados, se despiden.

Los brasileños, desolados, se despiden.

Brasil no había vuelto a organizar un Mundial desde aquel de 1950. Habían repetido Italia, México, Francia, Alemania, pero en Brasil, que entretanto se había entretenido en ganar cinco Copas del Mundo, la sombra del gol de Ghiggia, del infortunado Barbosa, de un Maracaná mudo o del charrúa Andrade levantando la Copa pesaba todavía como una losa, a pesar de que eran mayoría las generaciones que sólo sabían del Maracanazo por la tradición oral o los libros de historia, y durante décadas rehuyeron una organización que para muchos era gafe.

Pero llegó 2014, y todo el país se puso manos a la obra para reventar el negro recuerdo de aquel malhadado 1950. Empezando por el veterano seleccionador Luiz Felipe Scolari, que alrededor de un Neymar aún muy joven pero ya con estatus de estrella montó un equipo con suficientes mimbres como para recuperar el título que Brasil no ganaba desde 2002.

El panorama, además, se le fue aclarando a la selección canarinha, que al tiempo que iba dando cuenta de sus rivales, con un Neymar brillante y goleador, veía cómo se iban cayendo selecciones llamadas a llegar muy lejos en el campeonato. Principalmente España, con 16 de los héroes de Sudáfrica, destrozada por Holanda en el primer partido del grupo, después de adelantarse en el marcador y completar una primera parte aceptable, y abatida luego por Chile. Pero también Italia, finalista en la última Eurocopa, Inglaterra y hasta Portugal. Mientras, hasta ocho selecciones americanas se metían en octavos de final, una ronda en la que empezó a verse que la cosa no iba a resultarle nada fácil a los anfitriones.

Los primeros problemas llegaron ante Chile, al que Brasil sólo pudo superar en los penaltis. En cuartos, ante Colombia, lo pasó algo mejor, pero en ese partido se produjo un hecho que marcaría de forma decisiva el devenir brasileño: Neymar sufría la rotura de una vértebra tras un rodillazo de Zúñiga y era baja para lo que quedaba de campeonato. Brasil pasó, pero ya nada sería lo mismo.

Y entonces llegó el gran día. 8 de julio de 2014. Estadio Mineirao de Belo Horizonte. Brasil-Alemania. Y la tragedia. El Mineirazo. A los 29 minutos, la Mannschaft ganaba ya... ¡0-5! -al final, 1-7- para acabar con la ilusión de todo un país y revivir, corregida y aumentada, la catástrofe del 50.

A todo esto, Messi estuvo más cerca que nunca de ganar ese Mundial que algunos le reclaman para considerarlo el mejor de siempre, pero, como en el 90, esta vez en la prórroga, Alemania se interpuso en su camino.

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