Yo, Gaudí | Crítica

Gaudí en cuerpo y alma

  • El encuentro decisivo entre Antoni Gaudí y Eusebio Güell marcaría para siempre la historia de la arquitectura y es un elemento indispensable en esta biografía novelada  

La Sagrada Familia que Gaudí dejó inacabada continúa en obras en 2019. La Sagrada Familia que Gaudí dejó inacabada continúa en obras en 2019.

La Sagrada Familia que Gaudí dejó inacabada continúa en obras en 2019. / Marta Pérez (Efe)

Barcelona no se entiende sin Antoni Gaudí (1852-1926). Su obra se ha convertido en el emblema artístico de una ciudad que ha sostenido a través del tiempo una singular capacidad para sorprender al visitante. Ahora que esos visitantes se han convertido en turistas, en avalanchas gregarias de gente que no va más allá de selfie inoportuno o la foto casual, libros como el de Xavier Güell son más necesarios que nunca. Porque no todo es vacío ni moda hueca. También es posible profundizar, entender, poner la atención en lo esencial y, además, entretener, asombrar y propiciar un cambio en la percepción sobre ciertos personajes terriblemente desgastados por la banalidad de los tiempos que corren.

Para algunos, Gaudí se ha convertido en una máquina de hacer dinero -como atestiguan las largas colas para entrar en la Casa Batlló o que la Sagrada Familia sea el monumento más visitado de España- y ese proceso de mercantilización ha relegado a la persona y al artista, lo ha sepultado debajo de su propia obra. Deslumbrados por la impactante presencia de sus edificaciones, hemos dejado de preguntarnos qué significan. Porque más allá de adhesiones personales, de tendencias y gustos, no cabe duda de que nos encontramos ante la obra de un artista que trasciende lo meramente arquitectónico, con una personalidad genial capaz de transformar para siempre la identidad de una ciudad que, a todas luces, no es una ciudad cualquiera.

No se entiende Barcelona sin Gaudí ni a Gaudí sin Eusebio Güell, industrial visionario que, con su apoyo económico y personal, dio alas a la imaginación desbordada y nunca satisfecha de un arquitecto que fue mal estudiante, que supo aprender de sus errores y que no fue entendido por la mayoría de sus coetáneos. Gaudí y Güell, un encuentro decisivo que marcaría para siempre la historia de la arquitectura. Es esta relación un elemento indispensable de Yo, Gaudí, una biografía novelada profundamente documentada, capaz de mantener al lector atento de la primera a la última página.

Xavier Güell, autor del libro editado por Galaxia Gutenberg. Xavier Güell, autor del libro editado por Galaxia Gutenberg.

Xavier Güell, autor del libro editado por Galaxia Gutenberg.

Xavier Güell recrea veintiuna cartas escritas por Gaudí durante su convalecencia en la Cerdaña a causa de una grave enfermedad. Estas misivas están dirigidas a su joven amigo el doctor Alfonso Trías, aunque nunca llegarán a su destinatario. Es su albacea, el doctor Santaló, quien las descubre tras la muerte del arquitecto y las lee por primera vez. A través de esta correspondencia, Gaudí nos habla en primera persona de los pormenores de su vida, de los entresijos de sus principales obras dentro y fuera de Cataluña, de sus ambiciones, de sus sueños y de sus angustias, de su profunda religiosidad; pero también de la sociedad de su época, de la burguesía catalana emergente que marcará el futuro del país durante finales del XIX y principios del siglo XX. Sus sinceras confidencias a Trías desvelan sus ideas sobre la política, más que de sus ideas políticas, lo que pensaba sobre sus compañeros de profesión y los encuentros y desencuentros con algunos de sus clientes, como los Milà, con los que tuvo más de una trifulca durante la construcción de la famosa Pedrera.

El autor de la Sagrada Familia entendía su arte como un diálogo entre la naturaleza y su creador

Xavier Güell recompone certeramente situaciones y episodios de la vida del arquitecto -si no fueron exactamente así, debieron serlo- que explican por sí mismos la relación que el artista mantenía con su obra, pero también con las figuras principales de la sociedad de su tiempo y, sobre todo, su especial manera de entender el arte como "un diálogo entre la naturaleza y su creador, éxtasis en la contemplación, energía, voluntad, misión, luminosidad, cromatismo, diversidad, dolor, redención, tristeza…".

Portada de la obra. Portada de la obra.

Portada de la obra.

Sin dejar de lado el absoluto protagonismo de Gaudí, el autor compone una vívida tesela con los principales personajes de la sociedad catalana de la época: Eusebio Güell, por supuesto, que en su primer encuentro le pareció al arquitecto "un personaje de la Biblia, mezcla de Noé, Abraham y Moisés"; pero también otros como el Marqués de Comillas, el "príncipe de los poetas catalanes" y sacerdote Jacinto Verdaguer, al que Gaudí defendió cuando cayó en desgracia por su peculiar manera de entender la religión y sus obligaciones eclesiásticas, o su gran amigo el poeta y pensador modernista Joan Maragall, que le presentó a Miguel de Unamuno, protagonista de una tragicómica escena que reproduce una visita del filósofo y escritor español a las obras de la Sagrada Familia.

A Gaudí "nada humano le era ajeno", pero por encima de todo estaba su obra, y por encima de todas ellas la Sagrada Familia, en la que centró todos sus esfuerzos, en la que puso en marcha todo lo aprendido y a la que calificaba como "mi catedral". Al final de su vida se dedicó en exclusiva a ella. Una mañana, cuando se dirigía a su misa diaria ensimismado en sus pensamientos sobre la construcción del gran templo, lo atropelló un tranvía. Desaliñado, pobremente vestido, nadie lo reconoció ni lo auxilió hasta que ya era demasiado tarde. Murió el hombre y nació el mito. Yo, Gaudí nos ayuda a comprender las verdaderas razones de ese hombre y a descubrir el significado de la compleja obra de un arquitecto mítico.

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