Pregones
He de confesar que los pregones no me suscitan el más mínimo interés. Me pareció bien que el año pasado lo diera Jorge Drexler y me parece bien que este año hayan elegido a la chirigota del Love. Son justas recompensas a una persona y un grupo cuya trayectoria merecía ese reconocimiento. Cosa distinta es que me suelen aburrir mucho todos ellos. Recuerdo haberles prestado atención de principio a fin tan solo al de Fernando Quiñones , al de Carlos Edmundo de Ory y al de Burgos y Carlos Cano, quizás porque eran de los primeros o porque sus protagonistas me suscitaban ese interés. Ni que decir tiene que puede que se hayan hecho grandísimos pregones y que muchos de los pregoneros merecían tal reconocimiento. Pero a mí me aburren. Para qué contar toda la sarta de premios de consolación de los pregones de los pueblos: Luis Rivero en San Fernando , Germán García en Medina y seguro que alguien lo habrá dado en Torre Alháquime o Guadalcacín,tuviera que ver. En todos lados copian el modelo gaditano en lugar de hacer algo original. Todos los pueblos tienen su concurso de coplas en el teatro de turno, sus carruseles, su pregón y toda la parafernalia a imagen y semejanza de la capital. Mientras más pequeño y alejado es el pueblo de menor envergadura es el pregonero de turno, una especie de ley física sobre el magnetismo carnavalesco.
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