Pepe trae la escoba. Por Yolanda Vallejo.
Para qué voy a engañarle. A mí, de lo que verdaderamente me gustaría hablarle hoy es del entierro de la duquesa, de la cosa atávica y casi medievalista que siempre tiene el planto de los vasallos, y de lo absurdo que me resulta que se rellenen horas de radio y televisión construyendo la vida de quien ya no la tiene, con cuatro topicazos de solapa de libro y unos titulares que ya los quisiera para sí el mundo cofrade. No me da vergüenza decirlo, de lo que me hubiese encantado hablarle hoy es del ingreso en prisión de Maribel Pantoja, y de cómo las reclusas ya la esperaban con los brazos abiertos mientras en Cantora se han deshecho de los televisores y los transistores para que doña Ana crea que su hija, la del Migarlochí, se ha ido a hacer las Américas y su pequeño del alma se queda como escudero de la honra de su madre, todo tan literario… De eso es de lo que me gustaría hablarle, de cómo la literatura sigue siendo una fuente inagotable para la realidad. Pero no me he podido escapar de la presión mediática que sigue ejerciendo sobre mí el catequista Iglesias, nuevo líder espiritual en esta España de charanga y pandereta, de duquesas y cantaoras, tan carpetovetónica que tenemos. Este catequista ha comenzado su vida pública tarde, a los treinta y tantos , pero sin duda alguna, parece el nuevo salvador de la patria. Por hacer, ya ha hecho hasta su propio sermón de la montaña “cuando os insulten, sonreíd, porque vamos a ganar", les dijo a sus correligionarios en pleno éxtasis, después de convertirse en secretario general de Podemos. Se comunica con sus discípulos incluso en parábolas diciendo que en la liga de los partidos políticos ya es “jugador de pleno derecho”, y otras cosas sin mucho sentido del tipo ‘Yo creo que un líder cumple la misma función que un spot, que una pegatina, que un cartel, que un libro, que la manera en que hacemos música, que el tipo de cultura que construimos”, y de un momento a otro, se espera su primer milagro. De este catequista todos hablan aunque muchos no sepan ni quién es. El otro día, un gaditano medio –ya sabe, un gaditano de chándal, prensa gratuita y dvd de la biblioteca bajo el brazo- decía a voz en grito en plena calle cuáles eran sus intenciones de voto, “el de la coleta va a ser el que va a ganar, y yo lo voy a votar, a ese, a Julio Iglesias”. Mire usted qué bien. Tal y como está el asunto, no sé yo si sería hasta sensato votar a Julio Iglesias.El caso es que Pablo Iglesias ya es secretario general de Podemos y ya tiene clarísimo que se presentará a las elecciones generales con la sana intención de ganar. Y del mismo modo, la vieja maquinaria bipartidista de este país ha comenzado a engrasarse para ponerse en marcha. Susana Díaz –otra catequista, por cierto- se lo ha dicho claramente esta semana a Carlos Rojas, portavoz del Partido Popular en el parlamento andaluz, “limpien su casa como yo estoy limpiando la mía. Porque parece que de limpieza es de lo que va ir la próxima campaña electoral, o al menos esa es la impresión que dan todos los discursos, de unos y de otros y hasta el de Pablo Iglesias y su escoba. “Podemos es una escoba para barrer la sociedad”. Pues mire usted qué bien, otra vez. A limpiar, como la ratita presumida, a barrer la casita como Susanita, que es lo que toca. A abrir las ventanas, sacudir las alfombras, cambiar las sábanas, pasar el plumero y el aspirador, fregar el suelo, retirar los muebles… qué le voy a contar que usted no sepa de una limpieza en condiciones. Pero a limpiar cada uno lo suyo, que es donde realmente tienen tarea atrasada. Lo malo es que aquí las limpiezas se hacen de aquella manera, fijándose más en la paja del ojo ajeno que la viga del propio –no, si al final todos acabaremos hablando como Iglesias- y así nos va. Ni el PSOE, ni el PP ni IU –Izquierda Unida, por si se le había olvidado- tienen la más mínima intención de ventilar sus asuntos, sino de señalar con el dedo más inquisidor que tienen las faltas de los demás. Porque empezaron con rumores sobre la gestión de la novia de Pablo Iglesias pero lo de Iñigo Errejón y su beca o contrato o proyecto con la Universidad de Málaga, ha resultado mucho más rentable como arma arrojadiza. Verá usted, si la Junta de Andalucía se va a poner a investigar uno por uno todos los proyectos que subvenciona y a controlar si los investigadores están en sus despachos desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde diariamente, tiene tarea para rato, para un buen rato. Que está mal lo de Errejón, puede, pero que está mal lo de la Junta de Andalucía, seguro. Porque la transparencia no es coger al primero que pase y aplicarle lo de la ejemplaridad –al final, le voy a tener que dar la razón a Kiko Rivera, ¡Qué horror!-, la transparencia es otra cosa y no sé yo si hay mucha gente dispuesta a pasar la prueba del algodón. Hay que volver a frotar cuando no salen las manchas. Ya ve. Yo que quería hablar de la Pantoja y de la duquesa y acabo hablando de detergentes. ¡Ay! Que ya lo dijo Fofó, “Pepe, trae la escoba, que te doy con ella”
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