Matanza de Atocha. Por Julio Malo

25 de enero 2016 - 07:46

24 de marzo de 1977. Hace hoy 39 años, un comando armado irrumpió a las 10.30pm en el bufete de la calle Atocha donde trabajaban abogados laboralistas vinculados al Partido Comunista de España, aún ilegal. Los sicarios obligaron a colocarse junto a la pared a las personas que entonces se encontraban en el despacho, y como consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados laboralistas: Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo; y Lola González Ruiz que fue novia de Enrique Ruano asesinado por la policía política en 1969, y era entonces esposa de Javier Sauquillo, no murió hasta más tarde pues el cuerpo de su marido cayó sobre élla, cuyo rostro sí quedó destrozado por los disparos. Otra de las abogadas del bufete, Manuela Carmena, pudo evitar el atentado porque Javier Benavides le había pedido usar su despacho para una reunión. Carmena ganó luego oposiciones a jueza, fue Magistrada de la Audiencia Nacional y Relatora de Naciones Unidas, desde 2015 es la alcaldesa de Madrid. Investigaciones recientes apuntan que el crimen fue organizado por la Brigada Politico Social de Franco aún no disuelta y controlada por el Ministerio de Interior. Se trataba de comprobar la reacción de los comunistas que negociaban su legalización. Pese al tremendo dolor por los asesinatos de aquellos jóvenes generosos y de exquisita profesionalidad, las consignas del partido fueron contener el duelo y mantener la calma. Al día siguiente el cortejo fúnebre recorrió las calles llenas de gente en un Madrid frío y triste, sólo los aplausos de la multitud rasgaban el solemne silencio al paso de los féretros portados por compañeros que no podían contener lágrimas de pena y de rabia contenida. Fue un hecho decisivo en la Transición, los comunistas tenían que demostrar su moderada madurez, y la probaron a costa de la sangre de sus mejores camaradas. Quienes organizaron la cruel masacre permanecen en la impunidad, y hasta se sospecha que ocuparon cómodos cargos en el Estado pos franquista. Como sostenía mi tío Jorge Semprún, la Tansición española, lejos de ser modélica, se cobró un caro tributo de cadáveres que llenan las cunetas de la historia.

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