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Pongamos que hablo de Berlín

  • Culmina, en su tercer volumen 'Ciudad de luz', la odisea creativa que Jason Lutes inició hace 22 años

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Hay creaciones que, como este Berlín en particular, pueden ser consideradas como la obra de toda una vida (o al menos una buena parte de esta) de un autor. En el caso concreto del norteamericano Jason Lutes, le ha llevado la friolera de 22 años completarla. Tras una ardua labor de documentación, el autor al que conocíamos por sus trabajos junto a guionistas como Ed Brubaker (The Fall) o el dibujante Nick Bertozzi (Houdini. El rey de las esposas), y el cómic que nos abrió los ojos a su personal obra, Juego de manos, se puso manos a la obra para hacernos viajar en el tiempo, exactamente a 1928. Y el destino de este viaje es, nada más y nada menos, que la ciudad de Berlín.

En un vagón de tren se va a producir un inesperado encuentro entre los dos personajes principales de esta historia a la que podríamos calificar como coral. Pero vayamos por partes, ya que Marthe Müller, una joven dibujante, perteneciente a una familia bien, y que desea conocer la gran ciudad, se va a tropezar con uno de sus habitantes, el cínico escritor y periodista Kurt Severing. Ambos congenian inmediatamente y antes de despedirse en la estación de tren, prometen volver a verse.

Al final de este tercer y último tomo, ni la vida de los protagonistas ni la de la ciudad será la misma

La historia de su relación, que terminará siendo amorosa, es solo una de las que podemos conocer en este largo relato dividido en tres volúmenes: Ciudad de piedras, Ciudad de Humo y, el que finalmente acaba de ser publicado por Astiberri y culmina la trilogía, Ciudad de Luz.

En ellos vamos a comprobar que los protagonistas de esta historia son todos y todas los habitantes de la gran urbe. Este va a ser un gran paseo por sus calles, plazas, casas… Y en él vamos a ser testigos de los pensamientos de, por ejemplo, un guardia que dirige el tráfico, o un pobre hombre que deambula sin un destino fijo. Un periplo que nos va a llevar a conocer a otras piezas-personajes que componen este gran mosaico: El editor de Kurt, que tiene una gran amistad con él y se preocupa por sus problemas más de lo que debiera, además de defender sus ideas políticas y sociales desde el periódico que dirige, Weltdüne.

O cómo la vida de Silvia Braun, una chiquilla, hija de una familia pobre, cuyo padre pertenece a la policía, dará un vuelco cuando su madre, que hasta entonces había tenido una actitud pasiva, comenzará a meterse en el mundo de los movimientos políticos, concretamente en el partido comunista de la época, de la mano de un hombre, Otto, que tendrá mucha importancia el en futuro devenir de la muchacha, que deberá madurar de una manera brutal, y cuyo crecimiento veremos a través de las páginas del cómic, así como el insondable odio que, poco a poco, va creciendo en su interior y marcará su futura existencia.

La familia Schwartz, judía, también será un eje sobre el que gire el relato. Ya que, como no podía ser de otra manera, en él se nos narra la ascensión al poder del partido nacional socialista, más conocido como partido nazi y el odio que van a ir propagando entre la población hacia los hasta entonces congéneres. El joven David, un apasionado seguidor del mago Houdini, sus padres y abuelo, van a sufrir en sus propias carnes la terrible sombra que se va a ir cerniendo sobre la ciudad.

Pero, volviendo al personaje de Marthe, su relación con los compañeros de la escuela de Bellas Artes, en concreto con Anna, una chica lesbiana que viste como un hombre y con Margarethe, una vieja y casquivana amiga de Kurt, la van a llevar a otro Berlín que ella desconocía: el de las fiestas, el tropel y los excesos. Una caída sin freno que transformará su vida para siempre.

O la de los norteamericanos Cocoa Kids, un grupo de jazz compuesto por hombres de color, y cómo uno de ellos, Johnny, se va a encontrar de bruces con algo que no esperaba, el amor…

Muchas son las historias que conoceremos, y sobre todo cómo, con el paso del tiempo, algunos personajes evolucionan, cambian. Unos para bien, otros todo lo contrario. Cuando terminemos de leer este tercer y último tomo, la vida de todos y todas las protagonistas ya no será la misma, como tampoco lo va a ser la de la gran ciudad, a la que, al principio de esta última entrega llega Adolf Hitler, y de la que se va a hacer dueño.

A través del diario de Marthe, de los escritos de Kurt, de los pensamientos y anhelos de los habitantes de Berlín, haremos un viaje a través del tiempo a una época ya lejana, antesala de uno de los momentos más terribles y dramáticos de la humanidad, que dejará marcado de por vida a un pueblo como el alemán. Obra ésta que debería servir de recordatorio, en una época, la actual, en la que el 'huevo de la serpiente' parece haber renacido de nuevo…

Colmado de importantes premios (Eisner, Harvey…) esta trilogía está considerada como uno de los mejores cómics históricos de todos los tiempos, un clásico moderno, ejemplo vivo de hasta donde se puede llegar en el terreno de la novela gráfica y que el propio autor confiesa que su interés por la época y hechos que magistralmente narra le vinieron de golpe tras contemplar, atónito, los horrores que el nazismo cometió en los años posteriores a los reflejados en el cómic.

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