Claves Tricentenario

Puerto Real y la Casa de la Contratación

  • El cambio de la capitalidad del comercio colonial contribuyó al resurgimiento de la villa

El traslado a Cádiz de la cabecera de flotas a Indias y de las instituciones rectoras del comercio colonial español (Casa de la Contratación y Consulado de Cargadores) tuvo importantes consecuencias también para Puerto Real. Esta villa, fundada a fines del siglo XV por los Reyes Católicos, sufrió de manera profunda las negativas consecuencias de la invasión anglo-holandesa a la Bahía de Cádiz de 1702, quedando su vecindario muy mermado tras ella. Sin embargo, las nuevas directrices atlánticas de la monarquía de Felipe V resultaron un estímulo importante para su resurgimiento.

Dos fueron, en este sentido, los hechos fundamentales a tomar en cuenta: de un lado la ya mencionada basculación de la capitalidad del comercio colonial; de otro, la creación del departamento marítimo de Cádiz. El primero tuvo como consecuencia para Puerto Real el establecimiento en el caño del Trocadero de una serie de instalaciones logísticas necesarias para el funcionamiento de la Carrera de Indias. El segundo, la puesta en marcha del arsenal naval de la Carraca para la construcción y carena de los navíos de la Armada de guerra. Ambos parajes, el Trocadero y la Carraca, pertenecían al término municipal de Puerto Real, aunque el segundo se segregó del mismo y se incorporó al de San Fernando más tardíamente.

El Trocadero ya había servido como surgidero de barcos de las flotas de Indias desde mediados del siglo XVII. Sin embargo, a las alturas de 1717 constituía un lugar despoblado, aunque con muchas posibilidades de aprovechamiento por sus singulares características naturales. Cuando en 1720 el Consulado de Cargadores asumió el asiento de los navíos de aviso (barcos-correo a América), se le planteó la necesidad de disponer de una flota propia y, por tanto, también de un lugar apropiado en el que carenar los barcos que la componían y custodiar sus pertrechos.

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Ese lugar fue el Trocadero. Allí el Consulado adquirió terrenos y construyó almacenes y muelles. Muy pronto, muchos cargadores y navieros de la Carrera se instalaron también en el Trocadero, cuyas orillas se poblaron de almacenes y de instalaciones para las carenas. La seguridad de estas vitales infraestructuras y de todo el espacio de la bahía interior, donde anclaban los navíos de la Carrera y los de la Armada, quedaba asegurada por los castillos de Puntales y Matagorda, situados a ambos lados del punto más estrecho de dicho espacio marítimo. En la boca de entrada del Trocadero también existía otra defensa, Fort-Luis, construido durante la guerra de Sucesión, cuyos restos aún pueden contemplarse durante las bajamares.

Sin embargo, el Trocadero planteaba un serio problema de mantenimiento: en el lecho del caño se acumulaban los fangos que las mareas arrastraban desde sus orillas, lo que hacía disminuir su calado, dificultando la entrada y salida de buques. Las propias labores de carena implicaban que se arrojaran desechos al caño, lo que también iba en detrimento de su navegabilidad. Por último, los barcos que varaban en caño también representaban un obstáculo importante.

Todo ello exigió que se llevaran a cabo continuas tareas de dragado mediante pontones y barcazas, que representaron costos importantes para el Consulado y para los comerciantes y compañías establecidas en el Trocadero. Estas labores se revelaron en gran medida inútiles, porque las mareas seguían trasladando hasta el fondo del caño el fango que se sacaba de él y se depositaba en las orillas. Ello obligó a invertir aún mayores cantidades en la construcción de murallas y muelles de cantería en las orillas, cuyo costo asumió nuevamente el Consulado.

Por su parte, la puesta en marcha del arsenal de la Carraca también representó un importante factor de crecimiento para Puerto Real. Si en el Trocadero se carenaban los barcos de la Carrera de Indias, en la Carraca se construían y carenaban los barcos de la Armada de guerra, junto a los arsenales de El Ferrol y Cartagena. La política de rearme naval de los Borbones españoles del siglo XVIII implicó una frenética actividad constructiva para estos centros. En el caso de la Carraca, este arsenal vino a sustituir la labor que, a un nivel más modesto, había venido desarrollando anteriormente el Real carenero del Puente Suazo, también ubicado en el término puertorrealeño. Además, las necesidades de equipamiento de la Armada comportaron para Puerto Real la puesta en marcha en esta villa de una Real fábrica de jarcias, que llegó a dar trabajo a más de cien empleados.

El Trocadero y la Carraca proporcionaron ocupación a una gran cantidad de calafates y carpinteros de ribera, erigiéndose en dos centros de enorme importancia para el desarrollo de la industria naval en la bahía de Cádiz. Para Puerto Real todo ello significó pasar de unos centenares de habitantes tras la invasión anglo-holandesa a cerca de doce mil a fines del siglo XVIII. Tales fueron las principales consecuencias para la Real Villa, aunque no las únicas, del traslado a Cádiz de la Casa de la Contratación y del monopolio del comercio americano.

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