Cine

Partirse (la cara) de risa

Noche Loca. Comedia, EE UU, 88 min. Dirección: Shawn Levy. Guión: Josh Klausner. Intérpretes: Steve Carell, Tina Fey, Mark Wahlberg. Fotografía: Dean Semler. Música: Christophe Beck.

Los habitantes de las grandes ciudades viven sobre una más o menos fina capa de hielo (cuyo grosor depende de su nivel de renta) sobre la que todo está más o menos ordenado y es más o menos normal, pero bajo la que vive un submundo poblado por alimañas de los abismos urbanos. El cine ha contado muchas veces como la accidental fractura de la capa de hielo sumerge en esas aguas oscuras llenas de peligros. Esta fractura puede estar producida por un error al salirse de una autopista (La hoguera de las vanidades), levantarse cuando el botones de un hotel está llamando a otra persona (Con la muerte en los talones) o perder el último metro nocturno (Jo, que noche), por citar tres tratamientos distintos -drama, comedia policíaca y comedia kafkiana- debidos a De Palma, Hitchcock y Scorsese.

En este caso el tratamiento quiere ser el de una comedia loca (screwball comedy) que pretende remitirse a las gloriosas extravagancias de los años 30 y 40; pero acaba más cerca de un Solo en casa interpretado por adultos, hasta tal punto proliferan los golpes, saltos, encontronazos y choques varios más propios de los dibujitos animados y las elementales películas pioneras de Mack Sennet (slapstick comedy). Pierde calidad, gana comicidad elemental. A ratos roza la buena comedia, a ratos escora hacia lo excesivamente elemental.

Pero siempre entretiene, y no pocas veces hace reír, la historia de este matrimonio convencional y rutinario al que una de sus convencionales y rutinarias salidas a cenar arrastrará -literalmente- a submundos que sólo habían visto en las películas o en los reality tipo Policías en acción. Aunque se hubiera agradecido, sobre todo en su segunda parte, más cuidado en el guión. Las exageradas interpretaciones de Steve Carell y Tina Fey (tan exageradas como las poses de calendario de bomberos de Mark Wahlberg) tienen el perfume de los viejos cómicos teatrales y de los shows televisivos (de los que, por cierto, proceden). Es un punto a favor de la película.

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