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Ultramarinos

La verdad

El ojo profundo de un caballo en Villa de Leyva. Colombia. El ojo profundo de un caballo en Villa de Leyva. Colombia.

El ojo profundo de un caballo en Villa de Leyva. Colombia. / L.A.

La correspondencia entre las cosas y la idea que de ellas se tiene es la verdad. También es sinceridad de lo que se dice y lo que se siente o se piensa. La verdad de las cosas es eso que se mantiene y nunca cambia en ellas. Aquello que no está oculto, que sale a la luz. Algo que racionalmente no puede negarse. Lo real. La verdad se dice con una expresión clara, sin adornos, que permite corregir a quien se atreve a faltar a ella. La verdad no es de uno, sino de todos o de nadie. Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Hay verdades de Perogrullo, otras del barquero y unas como puños. Las cosas son auténticas cuando son de verdad, cuando van en serio. Dicen que la verdad nos hará libres, ¿estaremos listos? 

En donde yo estoy la verdad se encuentra con más facilidad en cualquier esquina que en los grandes discursos. No suele gritarse en megáfonos ni en canales de televisión. La verdad aparece entre las sillas de las busetas y se esconde dentro de palabras que rebotan en las paredes de salones de clase o en las conversaciones de quienes cuestionan y se preguntan por cada paso que dan. Aquí la verdad se viste con la chaqueta que mejor convenga, de verano o de entretiempo, que casi nunca hace frío. Esta verdad está tan desprestigiada como la mentira. Perdió su valor y ya nadie quiere jugar con ella. Cuesta mirarla a los ojos. La verdad de aquí es una verdad a medias, hija de los tiempos que vivimos llenos de futuros inciertos y ruidos silentes. 

De donde yo vengo la verdad está desaparecida. Ya tampoco se sabe lo que es mentira. Esa frontera nítida que a uno de niño le explicaban con rotundidad, hoy está destruida. No queda nada y hay quien salta de un lado a otro sin quemarse los pies. Esta verdad anda de puntillas, sigilosa por encima de la mentira escandalosa y atrevida. En la voz se reconoce la verdad, sobre todo si dentro de la queja se escapa también la vida. En el toreo todo es verdad y todo es mentira, decía el poeta José Bergamín. Probablemente, la soledad en la que habitamos nos ayuda a buscar verdades en las que hallar consuelo. Tenemos sed de verdad, de esa verdad incuestionable, que reúne. Por eso nos bebemos lo que nos pongan por delante. 

La verdad es cristalina y edificante, alivia. Hay quienes la llevan en los ojos y otros que no saben cómo encontrarla. No se accede a la verdad sino a través del amor, dijo San Agustín. Y es que el amor es la luz más verdadera que puede alumbrar nuestros días, ¿verdad?

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