Ultramarinos

La comida

Arepas de chocolo, Salento, Colombia. Arepas de chocolo, Salento, Colombia.

Arepas de chocolo, Salento, Colombia. / L.A.

Todo eso que se come para nutrirnos o por disfrute es la comida. Alimentos que ingerimos y se hacen parte de nosotros. Cultura eterna que se revisa y actualiza a diario. Y también, ceremonia que reúne a quienes tienen el propósito de comer y encontrarse. Bendice señor estos alimentos que vamos a comer. Cruda o cocinada, la comida hace parte de un acto de alquimia en el que la transformamos en otra cosa distinta de lo que era antes. La comida está íntimamente ligada al lugar donde se come y tiene horarios establecidos, ritmos que dan sentido a las mañanas, a las tardes y a las noches. Hay comidas sanas y otras sabrosas, hay unas ligeras y otras para siempre, hay unas que no se sienten y otras que nunca se olvidarán. 

En donde yo estoy la comida es abundante. Estas latitudes son generosas. El sol, la humedad, la tierra, el agua, el viento y la gente hacen que la vida sea rica y sustanciosa. Papas agradecidas e infinitas en sus formas, frutas coloridas y jugosas, delicioso cacao amargo y mares infinitos de maíz tierno. El hecho de no tener estaciones hace que la diversidad se encuentre en el paisaje no en la periodicidad. En cada rincón son distintas las cosas que se comen y sobre todo cómo se comen. Aquí, la comida es dueña de esa sabiduría que ayuda a vivir con plenitud este vasto territorio. Esta comida está llena de luz y matices, de sabores y aromas que se impregnan en cada muro que se construye y permanece. Alimentarse es vital, no hay quien logre ser juicioso con el estómago vacío. 

De donde yo vengo la comida es sagrada. Y todo lo que se genera en torno a ella, también. Tertulias siempre esperadas, que solo son posibles por la excusa de lo que se come. Allí, el aceite, el fuego y lo que con ellos se hace, da sentido y sabor a muchas decisiones importantes. Gustos añejos y texturas doradas, el pescaito frito y el misterio de la ensaladilla, olores sin fecha de caducidad y sustancias que empalagan, el jamón recién cortao y el queso curao. La duración de la comida y sus procesos son tiempos dedicados a los dioses. Hoy son señas de identidad, antes eran maneras primeras de conservar alimentos con los que sobrevivir con inteligencia. O acaso no es necesario aliñar un poquito la vida para que sepa más. 

Alimentarse es ese proceso por el que la comida, que está ante nosotros, se vuelve parte del ser que somos. “Significa consumar un sacrificio en el cual optamos por nosotros frente a las cosas” decía el emperador romano Adriano en sus memorias. Sigamos dándonos el gusto de escoger con cuidado de qué queremos estar hechos. ¡Buen provecho!

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