Ultramarinos

La belleza

Niñas en el Centro Cultural Moravia, Medellín. Colombia. Niñas en el Centro Cultural Moravia, Medellín. Colombia.

Niñas en el Centro Cultural Moravia, Medellín. Colombia. / L.A.

Todo lo que por su forma agrada a los sentidos y también al espíritu es belleza. La belleza es esa cualidad que contiene lo bello. Es caprichosa, está donde le apetece. Unas veces fuera y otras dentro, por eso se habla de belleza interior, como si el ojo pudiera ver lo que encierra la materia cuando alguien o algo es bueno. Esta relación entre lo bello y lo bueno no siempre es de fiar. La belleza es misteriosa, escapa de cualquier fórmula o receta matemática, por eso lo inesperado o sorprendente, a menudo guarda algo de belleza. Tiene que ver más con la intención de lo que se hace, con la medida oportuna, con la poesía, con el valor de la justicia. Si es así, ¿es cierto que caduca?

En donde yo estoy la belleza es algo muy serio. Está en los paisajes que ilustran novelas y monedas, está en lo que se sirve caliente y envuelto sobre platos de peltre, está en las gentes que además de en el cuerpo, tienen la belleza en el alma, cultivada a través de siglos y travesías. Aquí, cuando la belleza comienza a arrugarse, hay quien la estira en salones que pretenden esconderla, sin dejar que asome a su manera. Cada uno cuida la que le corresponde, no hay preocupación por una supuesta belleza compartida, de todos. Por eso, de vez en cuando, la naturaleza clama y recuerda el valor de esa otra belleza olvidada que ya está presente y no necesita construirse, solo cuidarse con esmero.

De donde yo vengo la belleza surge cuando menos se busca. Es resultante de las cosas hechas con precisión y gracia. Si tenemos suerte y nos acompaña cierta luz divina, aparece sin que nos demos cuenta. Esa belleza es original, se guarda donde solo la memoria acude desorientada sin saber qué buscar. Y entonces, se actualiza. Hay bellezas eternas, que estuvieron allí antes que nadie las mirara y hay otras jóvenes, frescas, que aún huelen a nuevo. Es fácil confundir lo bello con el gusto, sobre todo cuando se acercan los sentires y se alejan las razones. Y es que la belleza también se bebe, en una copa fina y fría y se huele, en cada patio de cada cocina ventilada. No solo los ojos son capaces de captarla.

La belleza huye de lo subjetivo, tiene argumentos para ser un hecho, una forma de la verdad, a pesar de que dicen que está en los ojos de quien mira. Es un detonante con el que cuestionar. Es una búsqueda eterna que de vez en cuando encontramos con una intensidad que ciega. Es, quizás, ese estado de ánimo volátil que lleva amarrado un suspiro.

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