Ultramarinos

La naturaleza

Raíces al aire. Camino del agua el Delirio. Bogotá. Raíces al aire. Camino del agua el Delirio. Bogotá.

Raíces al aire. Camino del agua el Delirio. Bogotá. / L.A.

Todo lo que existe con vida y regido por sus propias leyes es la naturaleza. El entorno hostil del que surge, sin avisar, la vida, y en el que la muerte acontece sin significar más que una parte de la existencia. Matemática hermosa que no falla. La esencia, el valor de las cosas vivas es también su naturaleza. Temperamento de cada individuo. La naturaleza también es el origen, el lugar de donde se viene, por eso uno es natural de... Todo eso que nos pone en relación con nuestra animalidad y que no tiene que ver con la cultura aprendida que modifica y altera al ser humano. La naturaleza es suelo, aire y cielo que, previo a cualquier asentamiento artificial, constituye el mundo concreto, diverso y finito.

En donde yo estoy, la naturaleza está tan presente que a veces no hay nada más. Suena, respira, huele, llora y canta. Es marco que encierra todo cuanto pasa y protagonista primera de cada día. Los ritmos de esta naturaleza hacen posible o impiden que pasen cosas inesperadas, llenas de sentido. Se manifiesta con el poder que el origen del universo le dio. La naturaleza aquí se presenta con todos los colores habidos y por haber. Esta naturaleza es joven. Tiene una vivacidad que nadie podrá arrebatar sin caer en el intento. Crece con prontitud y sorprende. Esta naturaleza sale a darte el encuentro, quiere conocerte y te mira a la cara con descaro. Uno cree que siempre estuvo ahí, hasta que descubre que ese siempre es reciente y que cada día es nueva, distinta, otra.

De donde yo vengo, la naturaleza es una cosa más, que está a nuestra disposición para poder seguir viviendo. Se hace confortable, se corta, se abona y se domestica. Es una naturaleza que implica distancia, lejanía. Por eso, se contempla desde arriba, o entre caminos acordonados, siguiendo una ruta previamente establecida, como cualquier museo, en el que suenan alarmas al acercarse demasiado a una obra exhibida. Aquí la naturaleza se abandona y a veces arde con fuerza y dolor. Es entonces cuando nos acordamos de que estaba ahí. Mientras tanto, la miramos a través de un monitor de alta definición, como una postal viva o un recuerdo borroso que alguien alguna vez nos contó y no como experiencia cotidiana o presente irrepetible repleto de vida. Esta naturaleza cabe en un patinillo alicatado con azulejos esmaltados de los que cuelga alguna maceta bien iluminada.

Todo en la naturaleza tiene una explicación, incluso los milagros que a diario se dan. Todo tiene su lugar, nada sobra. Ni siquiera nosotros. ¿Resistiremos?

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