Ultramarinos

El patio

Patio de la casa Peter Tompkins. Cartagena de Indias. Colombia.

Patio de la casa Peter Tompkins. Cartagena de Indias. Colombia. / L.A. (CHICLANA DE LA FRONTERA)

El espacio interior y descubierto que está delimitado por muros o galerías es el patio. Tipología que unifica una manera de estar en el mundo sin distinguir entre ricos y pobres. Corazón de la vida doméstica, organizador de todo lo que gira a su alrededor. El patio compone edificios ensimismados que solo se orientan al mirar hacia arriba. Abiertos a la lluvia, al sol, a la luz, al aire. Un afuera que se esconde dentro. Un remanso de paz profunda. Un suspiro silencioso entre ruidos que se repiten de un día para otro. Un recipiente precioso en el que recoger el agua que cae y suena a vida. El patio es mediador entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo humano.

En donde yo estoy el patio sobrevive y cuando aparece se agradece. Aquí están guardadas las antiguas recetas clásicas de patios en los que soñar cantando. Son observatorios de estrellas titilantes y nubes viajeras. Estos patios tienen sentido desde el vacío, en la disposición de todo eso que no es patio. La intimidad de la habitación se muestra al patio sin ningún temor a ser vista. El patio es ecualizador de privacidades que terminan siendo de todos. Aquí el patio se siente como en casa. La vegetación sensual y exuberante es la habitante primera de este patio. Se adueña de él hasta hacernos confundir patio y jardín. Aquí ese espacio libre contiene todo lo que cuesta encontrar en la calle. Cada patio es un pueblo viejo por descubrir.

De donde yo vengo el patio es un recurso para la supervivencia confortable. Es muchas cosas, todas diferentes. Los límites, en su distinción, le dan carácter. Por eso tiene muchos apellidos: el patio de oficios, el patio de acceso, el gran patio o corral de comedias, el patio trasero, el patio de luces, el patinillo… Estos patios, aunque en ciertos momentos se cubren con toldos rayados, siguen teniendo ese aire de libertad íntima que nunca podrá medirse ni acabarse. Estos patios son relojes infalibles que, a través de sus paredes cuando se tiñen de sol, muestran el avanzar del tiempo. El patio es generoso, no se queda con nada, reparte calor, brisa y sombra. Y así, de tanto dar, se llena de flores y encantos verdes colgados sobre muros gruesos y blancos. La rememoración del paraíso, decía María Zambrano.

Cada patio es un templo que nunca debiéramos profanar. Este vacío lleno de sentido lleva impresa la presencia de quienes lo habitaron algún tiempo. Nos recuerda la importancia de encontrarnos y reunirnos, de ver quiénes somos. El patio está esperándonos, salgamos a ver el cielo.

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